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Las aventuras de Ford Fairlane” (“The Adventures of Ford Fairlane“) es una comedia de culto, dirigida en 1990 por Renny Harlin, y que para algunos es una obra maestra, aunque para una gran maravilla es una película infumable. ¿Mi opinión? Una recomendación: la película es mala, no lo vamos a negar, pero verla puede ayudar a cualquier espectador a decidir entre una u otra categoría, aunque verla con la actitud adecuada (entre amigos, borracho y/o fumado) siempre ayudará a posicionarse en el primero de los dos grupos. Aunque, claro, la película fue un fracaso comercial en los EE.UU., recibió varios premios Razzies y lastró la irregular carrera de Renny Harlin, que aún pudo remontar con “Máximo riesgo” para hundirse luego con “La isla de las cabezas cortadas“.
Protagonizada por el humorista Andrew Dice Clay, conocido monologuista norteamericano de “stand-up comedy”, así como Wayne Newton, Priscilla Presley, Lauren Holly y Robert Englund, entre otros, “Las aventuras de Ford Fairlane” cuenta la historia de un detective privado de Los Ángeles especializado en casos que tengan que ver con el mundo de la música. Como una película de “Ace Ventura“, pero con músicos de rock en lugar de animales.
En España, su doblaje coincidió con una huelga de actores de doblaje, lo que hizo que acabara doblando al personaje principal el cantante, humorista y presentador Pablo Carbonell, aspecto que ayudó a convertir la película en una obra de culto por su paupérrima falta de calidad, aunque cuenta con numerosas frases ingeniosas: “Tanto gilipollas y tan pocas balas“, “Keith Richards se revolvería en su tumba si no fuese porque el muy mamón aún no se ha muerto“, “Malditos australianos, odio ese país, ese continente o lo que sea, ¿es que no hacemos pruebas nucleares ahí?“, “Siempre he dicho que hay que depilarse para llevar un vestido como ése… y no me refiero a las piernas“,…

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