Algunos de los aspectos que más pueden influir en la lectura de un libro, para que sea una experiencia placentera y memorable, son el lugar donde se lee, el estado de ánimo del lector, guardarse tiempo suficiente para disfrutar de la lectura sin prisas, la comodidad del entorno… y la lectura precedente, el libro que leímos justo antes. Mi lectura de “La música del silencio“, un libro tan desconcertante como inquietante, estuvo marcada por todo ello.
 
 
image1La Universidad, el bastión del conocimiento, atrae a las mentes más brillantes, que acuden para aprender los misterios de ciencias como la artificería y la alquimia. Sin embargo, bajo esos edificios y sus concurridas aulas existe un mundo en penumbra, cuya existencia sólo unos pocos conocen.
En ese laberinto de túneles antiguos, de salas y habitaciones abandonadas, de escaleras serpenteantes y pasillos semiderruidos vive Auri. Tiempo atrás fue alumna de la Universidad. Ahora cuida de la Subrealidad, para ella un lugar acogedor, maravilloso, en el que podría pasarse la eternidad mirando. Ha aprendido que hay otros misterios que no conviene remover; es mejor dejarlos en paz y a salvo. Ya no se deja engañar por la lógica en la que tanto confían en lo alto: ella sabe reconocer los sutiles peligros y los nombres olvidados que se ocultan bajo la superficie de las cosas.
 
Una mañana de domingo me senté en el acolchado sofá del salón con “La música del silencio” entre las manos. Puse algo de música tranquila y me recosté buscando la posición más cómoda, acumulando cojines a mi espalda. La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas e iluminaba la estancia con un reflejos cálidos y suaves. Tenía un par de horas de tranquilidad por delante, como poco, y la expectativa de una lectura memorable. Si todo iba bien, 145 páginas de un tirón. ‘Un día blanco. Un día profundo. Un día de hallazgos’.
Había un aspecto, sin embargo, que también tendría que haber previsto. Un detalle quizás insignificante pero que podría mandar al traste a “La música del silencio”. Y es que la noche anterior había terminado de leer las “Tierras Rojas” de Joe Abercrombie, un libro fantástico pero descarnado, cruel, sangriento, amoral y tan desolador como nos tiene acostumbrado el autor de “Los Héroes”, “La mejor venganza” y los tres volúmenes de “La Primera Ley”. Yo aún tenía las manos salpicadas de sangre, los ojos irritados con tanto polvo, las fosas nasales aún abrumadas por el olor a mierda y las entrañas retorcidas por tantos inocentes muertos a manos de los personajes sin escrúpulos que abundan en la obra del escritor británico, pero ahora sostenía ante mis ojos una pequeña joya delicada y humilde, que olía a pétalos de rosas. ‘Muy cálida y repleta de poesía y de sueños’.
 
“La música del silencio” es una novela breve, un relato de menos de doscientas páginas con ilustraciones interiores en blanco y negro de Marc Simonetti (las ilustraciones de la edición original son de Nate Taylor) que se devora en un suspiro, extraño y distinto a la mayoría de libros que uno puede encontrar en una librería. No tiene diálogos, la acción brilla por su ausencia, pero es tierna y llega al corazón. Hasta el propio Rothfuss confirma que no es el tipo de historia que la gente quiere leer. Y la define como rara, descabellada, complicada y carecía de muchos elementos que se supone que necesitan las historias. “Lo más parecido que tengo a una escena de acción es el momento en que el personaje fabrica jabón (…). Ocho páginas fabricando jabón. Es de locos.
Pero es la oportunidad de ver el mundo imaginario de Rothfuss, la Subrealidad que se extiende por debajo de las entrañas de la Universidad, el a través de los ojos de Auri, uno de los personajes secundarios de la saga literaria de la “Crónica del asesino de reyes”, que se han publicado en treinta y cuatro idiomas y llevan vendidas en todo el mundo 3,5 millones de ejemplares (de los cuales, 800.000 en castellano), y de descubrir cosas que hasta ahora solo ella sabía.
En el epílogo de “La música del silencio”, su autor se expresa en los siguientes términos: “Los lectores esperan ciertas cosas de mí. La gente leerá esto y se llevará una decepción. No hace lo que se supone que tiene que hacer una historia normal“. Y es cierto. “La música del silencio” es una historia lírica y evocadora que ofrece a los lectores de “El nombre del viento” y “El temor de un hombre sabio” algo muy diferente a lo que estabamos acostumbrados en las obras precedentes del escritor norteamericano Patrick Rothfuss, y aunque protagonizado por uno de los personajes más queridos y enigmáticos de los dos volúmenes de la “Crónica del asesino de reyes” (“The Kingkiller Chronicle”), no incluye ninguno de los elementos que destacaban, sorprendían, enganchaban y seducían de ellos.
 
Al despertar, Auri supo que faltaban siete días. Sí, estaba segura. Él iría a visitarla el séptimo día.
 
Aunque no es una continuación de las aventuras y desventuras de Kvothe, el Asesino de Reyes, que muchos esperamos con impaciencia, “La música del silencio” es lo que se suele llamar comúnmente ‘spin-off’. Este término anglosajón que se refiere a un proyecto nacido como extensión de otro anterior encajaría como anillo al dedo para definir el relato de Rothfuss sobre los siete días precedentes a la llegada de Kvothe a la Subrealidad de Auri, a la telaraña de pasadizos, escaleras, estancias, alcantarillas, túneles, pasillos, tuberías y ruinas subterráneas de la Universidad, con nombres que la misma Auri ha inventado, como por ejemplo Manto, Brincos, Obrador, Redondel o Trapo.
Auri, el ‘Duendecillo lunar’ como la denomina el propio Kvothe, es un personaje solitario, complejo y entrañable, pero que no tiene nada de triste, ni de vulnerable. Descrita en la “Crónica del asesino de reyes” como una chica de unos veinte años, rubia y con el pelo largo, muy delgada y de apariencia desnutrida, su vida es un completo misterio que el autor aún apenas nos ha dejado vislumbrar tangencialmente. Sabemos que vive en la Subrealidad, y que mientras en las concurridas aulas las mentes más brillantes de la Universidad se esfuerzan por desentrañar los secretos de la ciencia, de la artificería y de la alquimia, ella deambula por rincones olvidados, dando nombre a los lugares, y otorgando personalidad a los objetos inanimados más insignificantes que recoge entre las ruinas olvidadas de la Subrealidad, escudriñando en su alma y en su ánimo (tímidos, llenos de rabia, orgullosos, furiosos, felices,…), su personaliad y su nombre, y buscando su lugar, el sitio exacto donde encajan. Como el Feng Shui, ese ancestral sistema chino de estética que busca la armonía mediante la disposición del espacio y de los elementos en éste.
 
Sí, “La música del silencio” es una obra que puede desconcertar. No tiene principio ni final, no hay ningún personaje animado salvo Auri, no hay acción de ningún tipo salvo la zambullida en una poza profunda, el resbalón en una escalera y la fabricación de una vela, no hay diálogo, los sucesos son irrelevantes (en apariencia) sobre la saga principal,… y si el espíritu del lector no está en paz, sosegado y tranquilo, este libro puede conseguir dos cosas diametralmente opuestas: o ofuscarlo y llevarlo a la desesperación con su ritmo lento o ayudarlo a alcanzar el punto de pausa que había perdido. En mi caso, tras haber dejado mi piel en carne viva con Abercrombie, Rothfuss me provocó ambas sensaciones, tanto la de recuperar la paz de espíritu y cicatrizar las heridas como la de agotarme en la infructuosa espera de encontrar algo diferente y más parecido a su obra precedente.
Seamos sinceros: este libro jamás no se hubiese publicado si el nombre de Patrick Rothfuss no encabezara el título. No es un plato apto para todos los paladares y muchos lectores pueden sentirse defraudados, hasta decepcionados, esperando encontrar en “La música del silencio” al Rothfuss de “El nombre del viento” y “El temor de un hombre sabio”.
 
«Si amas las palabras, los misterios y los secretos. Si sientes curiosidad por la Subrealidad y la alquimia. Si quieres saber más sobre los giros ocultos de mi mundo… Pues bien, entonces este libro quizá sea para ti.» Patrick Rothfuss
 
La música del silencio
Autor: Patrick Rothfuss
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Ilustración de portada: Laura Brett
Ilustraciones interiores: Marc Simonetti
Título original: The Slow Regard of Silent Things
Sello: Plaza & Janés
Colección: Éxitos
Publicación: Octubre de 2014
ISBN: 9788401343575
Formato: 16×23,6cm. Tapa dura con sobrecubierta
Páginas: 147
Precio: 12,90 euros
 
Avance del primer capítulo.