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Seis temporadas y ciento diez capítulos acompañaron esta serie producida por Joshua Brand y John Falsey para la cadena CBS, con un reparto coral inolvidable, personajes entrañables, historias surrealistas, humor absurdo pero inteligente, y plagado de referencias y guiños literarios, cinéfilos y culturales. «Doctor en Alaska» («Northern Exposure«) narraba las peripecias de Joel Fleischman, un joven doctor, urbanita, judío y neoyorquino, interpretado por Rob Morrow, obligado a pasar varios años de su vida ejerciendo su profesión en el remoto pueblo de Cicely, en Alaska, contra su voluntad, conviviendo con sus peculiares y excéntricos, pero entrañables, residentes: la bella y apasionada piloto Maggie O’Connell cuyos novios sufren una maldición que les lleva a la muerte en extraños e improbables accidentes y que será el objeto del amor (y del odio) del protagonista, el locutor de la radio local Chris Stevens, el cinéfilo Ed Chigliak, el ex-astronauta y huraño terrateniente Maurice Minnifield, el propietario del bar Holling Vincoeur que vive una historia de amor con la adolescente Shelley Tambo, la secretaria nativa del doctor Marilyn Whirlwind que sólo habla en monosílabos,… y otros muchos. Con ellos lidiará Fleischman, y también con su total incapacidad de adaptarse al entorno salvaje que rodeaba la ciudad. El protagonista abandonó la serie al final de la quinta temporada, un movimiento que precipitó su final poco tiempo después.
«Doctor en Alaska» es hoy una joya de culto, reverenciada todavía por sus fieles espectadores. Algunos esperan que la fiebre de los ‘revival’ y el vintage llegue a Cicely y alguien se anime a recuperarla… pero otros pensamos que no, que mejor dejarla donde está y como está. «Doctor en Alaska» creó un universo con un encanto, una sensibilidad y una espiritualidad muy raras en televisión, y remover las cenizas solamente lo estropearía.

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