El cómic no ha sido un medio que haya evitado hablar del Holocausto, del horror de los campos de concentración o de las atrocidades que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho me atrevería a decir que algunas de las mejores historias que se han contado acerca de una de las páginas más oscuras de la historia de la humanidad utilizaron el dibujo y la viñeta para ser contadas. “Maus“, de Art Spiegelman, “Judenhass“, de Dave Sim, “Auschwitz“, de Pascal Croci, “Hitler“, de Shigeru Mizuki, “La esperanza pese a todo” de Emile Bravo e incluso “Magneto: Testamento“, de Carmine Di Giandomenico y Greg Pak. El horror no deja de ser horror por mucho que el medio utilizado para hablar de él sea distinto.

Una gran historia que combina acción, humor, verdades históricas y reflexiones filosóficas, y plantea una pregunta fundamental: «¿Y cómo habríamos superado el dramático periodo el nazismo, la ocupación y la guerra? ¿Con oportunismo, heroísmo… o simplemente humanismo?»

Se suele decir que la historia debería conocerse para evitar que volviese a suceder, pero el crecimiento de los partidos y los movimientos de ultraderecha en los últimos años en Europa nos hacen pensar que es demasiado fácil olvidar. Empieza a dar miedo ver como algunos simplemente de dejan llevar por las arengas de los fascistas de la misma forma que miles y miles de ciudadanos alemanes aclamaban a Adolf Hitler en sus apariciones públicas y aplaudían sus discursos belicistas. Por suerte siguen habiendo autores dispuestos a recordarnos el horror, a explicarnos que hubo un tiempo y un lugar en la que el ser humano perdió su humanidad. Alemania en 1936, pero también Camboya en 1975, Ruanda en 1994 o Srebrenica en 1995. Y ahora en Gaza, no nos olvidemos. El genocidio es un delito internacional, un crimen contra la Humanidad, establecido por las Naciones Unidas tras el final de la II Guerra Mundial, en 1948, recogiendo un término acuñado previamente por el jurista polaco Raphael Lemkin, en 1940.

En las páginas de “La esperanza pese a todo“, en los dos álbums precedentes más este tercero, Émile Bravo, parisino de padre español y madre francesa, nos cuenta una historia acerca de la ocupación nazi de Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, el terrible destino de los judíos belgas. Lo que empezó con una simple estrella amarilla cosida en la ropa acabó siendo un tren con destino a Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio de los nazis en territorio polaco. Los belgas aún tienen en su conciencia el destino de más de 25.000 judíos y 350 gitanos que fueron deportados desde Malinas hasta el infierno de Auschwitz, y las manos manchadas de sangre que la historia no olvidará. Pero lo sucedido en Bélgica, que es sobre lo que Émile Bravo nos habla, también sucedió en Francia, en Polonia, en España, en Holanda y en otros muchos países de Europa central y occidental que, bajo ocupación alemana, se deportó a miles de judíos con destino a los horrores de los campos de concentración.

Una estrella de David amarilla en la ropa, una Iglesia que miraba a otro lado o directamente colaboracionista, un cartel de “Prohibido pasar judíos” en un parque, un comentario racista por parte de un vecino,… Siniestra complicidad entre belgas, germinada sobre el odio a los judíos. Sí, en Bélgica también echó raíces el antisemitismo, aunque la comunidad judía no era tan amplia como en otros países (apenas unos 60.000 judíos), pero cuando la vida comenzó a depender del racionamiento se agrandó el rechazo, pues rivalizaban por los alimentos y, según los rumores, los hebreos acaparaban las riquezas. Es la Bélgica ‘obeïssante‘ a la que Spirou se enfrenta y que en los dos primeros tomos de “La esperanza pese a todo” se manifiestan sin pudor.

En el tercer álbum de “La esperanza pese a todo” el autor nos traslada al verano de 1942, a bordo de un tren que se dirige desde Bélgica hacia los campos de trabajo polacos. Sentados apaciblemente en los vagones pronto surge la discusión entre aquellos que defienden colaborar dócilmente con los alemanes y esperar que la tormenta amaine y aquellos que han oído rumores, que tienen alguna idea, aunque sea vaga, de lo que les podría estar esperando en Auschwitz-Birkenau. Entre estos últimos está Spirou que, acompañado por los pequeños Suzanne y Luis, decide saltar del tren en marcha y escapar. Su destino será la granja de Anselme y Ernestine, viejos conocidos de Spirou que se acogeran a los niños y de allí, de vuelta a Bruselas. Una ciudad ocupada por los alemanes donde la tensión se puede cortar con un cuchillo: soldados boche por todas partes, colaboracionistas, espías, judíos intentando esconderse,… Los libros de historia cuentan que a partir de 1942, la ocupación en Bélgica se volvió más represiva, y así nos lo cuenta Émile Bravo. El teatrillo de Spirou y Fantasio para motivar a los niños, los encarcelamientos de amigos cercanos por colaborar con la resistencia, esos pequeños ejercicios de rebelión contra el invasor como esconder herramientas en los vagones que transportan judíos a los campos, buscar papeles falsos para sus amigos judíos Félix y Felka, cargar patatas de la granja de Anselme y Ernestine para alimentar a los hambrientos de la ciudad,… Europa está en guerra y Bruselas es una ciudad ocupada.

El autor de “La esperanza pese a todo” (“L’espoir malgré tout“) es Émile Bravo. El autor construyó la historia en cuatro álbumes (“Un mal principio“, “Un poco más cerca del horror“, “El principio del fin” y “Un final y un nuevo principio”), a partir del libro “L’évolution du sentiment public en Belgique sous l’occupation allemande” que el abogado y periodista Paul Struye, miembro de la resistencia belga, escribió con las notas que iba tomando durante la guerra. Émile Bravo realizó su primera incursión en el universo de Spirou en el año 2008 con “El diario de un ingenuo“, que ubicaba al popular personaje de Dupuis en un contexto previo a la Segunda Guerra Mundial, como botones de un hotel, el Moustique, frecuentado por estrellas, famosos y por los alemanes y polacos que intentan evitar la invasión. “La esperanza pese a todo“, entonces, se podría considerar una continuación cronológica de aquel.

En resumen, de la misma manera que Art Spiegelman nos ayudaba a comprender los horrores del holocausto poniendo máscaras a sus personajes en “Maus“, de ratones y gatos, presas y cazadores, Émile Bravo hace otro tanto con la invasión alemana de Bélgica y, sobretodo, el papel sumiso de los belgas ante los ocupantes y su silencio, incluso colaboración voluntaria, ante la deportación de los judíos. Y aunque el autor centra su atención en Spirou y Fantasio, en los que se enfrentaron a la barbarie, no ignora el papel de los otros. a lo decía Primo Levi, superviviente del Holocausto: “No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿Quién hablará?“. El Holocausto es el crimen colectivo más importante de la historia de la Humanidad, una atrocidad que se saldó con más de seis millones de muertos. Asesinados, para ser más precisos. El exterminio de las tres cuartas partes de los judíos europeos.

La esperanza pese a todo #3
Autor: Emile Bravo
ISBN: 9788418266140
Formato: 24×31cm. Cartoné. Color
Páginas: 116
Precio: 18,99 euros