Un caluroso día de agosto del año 1995, en su casa de Grandvaux, cerca de la ciudad suiza de Lausana donde había establecido su residencia desde mediados de los años ochenta, falleció el artista veneciano Hugo Pratt. Con él también se despidió el marino apátrida y aventurero Corto Maltés, a quién muchos pensamos que no volveríamos a ver, de la misma manera que la muerte de Hergé significó la defunción de Tintín. Pero estábamos equivocados, pues hay personajes que sobreviven a su autor y dibujantes que pueden heredar la mano de los maestros.
image1Tras cinco años interminables entrenando con el maestro Rige en un lugar remoto del reino de Akbar, Bragon regresa a su aldea. Pero el mundo no le espera con los brazos abiertos: la oscuridad que cuarenta años después asolará el reino, ha empezado a convocarse. 
El guionista madrileño Juan Díaz Canales y el dibujante catalán Rubén Pellejero han asumido recientemente uno de los retos más ambiciosos del cómic de este siglo: retomar las aventuras de Corto Maltés, el inolvidable aventurero creado por el italiano Hugo Pratt cuyas aventuras le llevaron por todos los rincones y acontecimientos relevantes del mundo conocido, desde Etiopía hasta Sudamérica, desde la Revolución Rusa hasta la Primera Guerra Mundial, y pronto podremos disfrutar de su “Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche” de la mano de Norma Editorial. Tal y como la desaparición de Edgar P. Jacobs en 1987 no significó el fin de “Blake y Mortimer”, ni la de Jacques Martin en 2010 significó la de “Alix”, la de Hugo Pratt hace una década no ha enterrado a su Corto Maltés, un personaje esencial en la historia del medio, siempre a caballo entre la ficción y la realidad de la belicosa y emocionante primera mitad del siglo XX. ¿Qué relación tiene Hugo Pratt y su Corto Maltés con “El caballero Bragon“, la cuarta entrega de la precuela de “La búsqueda del pájaro del tiempo” que reseñamos aquí? Pues los dibujantes Regis Loisel y Vincent Mallié, maestro y alumno.
Regis Loisel es una figura indispensable del BD en Francia, maestro y referencia ineludible del género de la fantasía. En su curriculum luce el prestigioso Grand Prix du festival d’Angoulême del 2002 por el conjunto de su obra y por su contribución a la evolución del cómic y trabajos de muchos quilates como los magníficos seis volúmenes de la adaptación de la obra de J.M. Barrie “Peter Pan” que significaron quince largos años de trabajo, las nueve entregas de “Magasin général” con Jean-Louis Tripp, la serie “Le Grand Mort” con Vincent Mallié, Jean Blaise Djian y François Lapierre, las historias eróticas “Troubles fêtes” con textos de su propia esposa, numerosos guiones para otros dibujantes (“Pyrénée”, “Franfeluches pour une sirene” o la serie “Les Farfelingues”), diseños para videojuegos (“Gyft”, para Cryo Software), el storyboard para la película “Érase una vez” (“Le petit poucet”, adaptación en imagen real del cuento clásico de Pulgarcito) y colaboraciones con Disney en las películas “Mulan” y “Atlantis”.
Loisel es también el dibujante de “La búsqueda del pájaro del tiempo” (“La qûete de l’oiseau du temps”) con el guionista Serge Le Tendre, que fue un auténtico hito en Francia y cuya influencia sigue resonando hoy con fuerza en otras obras del género, una tetralogía (“La Concha de Ramor“, “El templo del Olvido“, “El Maestro“, “El Huevo de las Tinieblas” -La conque de Ramor, Le temple de l´oubli, Le rige, L´oeuf des tenebres-) publicada en castellano a mediados de los años ochenta en la colección Cimoc Extra Color de Norma Editorial (num. 17, 25, 35, 48 y 161) desde el original francés editado por Dargaud. Y también es coautor de la precuela “Avant la qûete“, aún incompleta (con cuatro números publicados en castellano, “El Amigo Javin“, “El Libro Mágico de los Dioses“, “La Pista del Rige” y “El caballero Bragon” -L’ami Javin, Le Grimoire des Dieux, Le Piste du Rige y Le chevalier Bragon-), aunque hace ya años cede la parte más compleja del proceso de creación a terceros.
Efectivamente, en “El caballero Bragon” Regis Loisel no dibuja, como ya es costumbre. Empezó a delegar en “Mi amigo Javin”, donde dejó la labor creativa en manos de Dominique Legeard ‘Lidwine’, que mimetizaba su estilo con absoluto respeto siguiendo los storyboards de Loisel, y siguió con esta singular organización del equipo de desarrollo del cómic en la tetralogía “Magasin général” donde cedía el dibujo a un canadiense Jean-Louis Tripp, que redibujaba los bocetos a lápiz del dibujante francés. Después, en “El libro mágico de los dioses” el dibujante argelino Mohamed Aouamri asumía el reto de acabar el trabajo del maestro y en “La pista del Rige” y “El Gran Muerto” Vincent Mallié hacía lo propio, y Loisel se reservaba únicamente el papel de bocetar, encajar el storyboard y la “dirección gráfica”.
Loisel es como los grandes maestros de la pintura del Renacimiento, que solían tener un grupo de aprendices y alumnos a su alrededor, bajo su tutela, que muy a menudo se encargaban de completar el trabajo del artista, de pintar sus cuadros siguiendo las indicaciones y el estilo del maestro.
Con este sistema de trabajo, que ya es regla y no excepción, Loisel se reserva la parte que más le gusta (montar la historia, la composición de las viñetas y la puesta en escena en la página) y cede la parte más compleja del proceso de dibujo a otros autores, dibujantes de categoría reconocida que intentan mimetizar el estilo y la precisión detallista de Regis Loisel y esconder su propio gesto. Y posiblemente Vincent Mallié es el que lo ha conseguido con mayor éxito, emulando con precisión la mano del maestro.
Así, en “El caballero Bragon” Loisel deja de nuevo todo el dibujo en manos de Mallié, y el resultado es, sin la menor duda, muy satisfactorio. Mejor incluso que sus colaboraciones en las dos entregas precedentes de la precuela de “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo”, donde el aspecto final de la obra ofrecía un estilo Loisel sin frescura ni agilidad. Parecía pero no era. Se acercaba pero no llegaba. Y aquí, por fin, lo consigue. Con la ayuda de los maravillosos pinceles de François Lapierre (“Avant la qûete”, “Le troisème testament”, “Magasin Général”,…), indiscutidamente uno de los mejores coloristas del cómic francés, y de Annie Richard.
Con “El caballero Bragon” estamos pues ante la octava entrega de una de las series más longevas y prolíficas de la BD de fantasía, “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo“, y en el cuarto álbum de la precuela que nos narra los hechos acontecidos antes de la llegada de la bella Pelisse hasta la hacienda del caballero Bragón, para sacarlo de su retiro y llevarle de vuelta a la aventura, en busca de la concha del dios maldito Ramor, las runas grabadas en las entrañas del Templo del Olvido, a través de los dominios del Rijo, hasta el Dedo del Cielo donde se custodiaba el Huevo del Pájaro del Tiempo.
Cuando Loisel y LeTendre se reencontraron a finales de los años noventa para dar forma a la precuela de “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo” fueron tantas las voces que mostraron su alegría por la noticia como los susurros de los más escépticos, que temían que este segundo ciclo iba a destruir la magia del material original. Los temores no se hicieron realidad, pero el sabor es agridulce. “El Amigo Javin” no alcanzó la brillantez del primer ciclo aunque suavizó el resquemor, “El Libro Mágico de los Dioses” bajó el listón y decepcionó, “La pista del Rige” nos recondujo por el sendero correcto y “El caballero Bragon” mantiene el listón pero nos confirma que no será posible alcanzar la brillantez de la tetralogía original de “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo”. Esa es un objetivo demasiado ambicioso. ¿Acaso existe alguna precuela en la historia del cine, de la literatura o del cómic que haya llegado a hacer sombra a su referente?
La historia nos traslada cinco años después de los hechos narrados en el volumen precedente, cuando el gran maestro de caballeros había aceptado a Bragón como alumno. Han sido cinco largos años en los que el alumno ha estado alejado de su gran deseo: regresar a la región de los velos de espuma junto a su amada Mara, la hija del Príncipe Hechicero Humoun a quien la diferencia de rango impedía desposarla. Conclusa la etapa en las tierras decadentes y olvidadas del Rige, finalizado el aprendizaje, heredero de la ley del maestro y esclavo de una promesa que un día deberá cumplir, Bragón emprende el camino de regreso a Tha con el rango de caballero para pedir la mano de su amada aunque su camino le llevará primero de vuelta a casa, donde reside su madre y se reencuentra con Morange, y después a involucrarse de nuevo en el conflicto de la Orden del Signo, en una batalla sin cuartel que envolverá a Bragón en un velo de traiciones, engaños, mucha sangre y muerte.
Como siempre, la obra alcanza otro nivel gracias a esa ambientación sublime del mundo de las dos lunas de Akbar, que ya es una señal de identidad de “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo“. La obra recupera otra vez una de las bazas más fuertes de la saga: un entorno mágico y abrumador que no ahorra ni el más mínimo detalle, desde la selva profunda y húmeda donde mora el Rige hasta la ciudad de Tha, la granja familiar de Bragon de aires rupestres y afrancesados, pasando por exóticas razas humanoides, criaturas singulares y monstruos feroces. Objetos, edificios, lugares, artefactos, paisajes,… todo detalle merece la atención del dibujante. Y las criaturas y los monstruos, muestrario de un manual más extenso que la mismísima Tierra Media o que los Reinos Olvidados, como la poderosa poda roja o la horda de los lampiños.
A la altura de la ambientación están también los personajes. Un repertorio comedido de personajes principales con motivaciones claras y comprensibles que evolucionan al son del desarrollo de los acontecimientos, como ese Bragon que ha alcanzado la madurez y la claridad de sus objetivos vitales y el Rige, un maestro que queda a la espera de una última deuda por saldar. También, como en toda la saga, un extenso reparto coral de personajes secundarios que acompañan y enriquecen la narración y proporcionan los detalles necesarios, las claves y los secretos que esconde la historia, como la primera aparición de Bulrog, Mara, el maestro Frange, la silenciosa princesa Raya de la marca de las Rocas Púrpuras o el eterno consejero Galhoum.
Y tras leer la reseña, querido lector, es necesario hacer una confesión que puede explicar el contenido partidista de este texto: esta joya del cómic francés de fantasía es mi cómic favorito de todos los tiempos, de manera que solamente podréis obtener de mi palabras de entusiasmo, devoción y pasión desbordada. Sí, sin la menor duda “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo” de Loisel y Le Tendre es uno de los culpables de mi inclinación y afición por la fantasía heroica, me tiene robada el alma desde hace muchos años y ocupa un lugar privilegiado en mi biblioteca, tanto los ajados ejemplares de “La Concha de Ramor”, “El Templo del Olvido”, “El maestro” y “El Huevo de las Tinieblas” como la reciente reedición en cartoné de Norma Editorial. La serie original es una joya única e indispensable de la historia del cómic europeo, una historia magnífica repleta de magia, aventura y fantasía imitada pero jamás igualada por “La Espada de Cristal” de Crisse, “Lanfeust de Troy” de Arleston y Tarquin, “Simbad” de Arleston, Alwett y Alary o “Las Leyendas de los Pueblos Olvidados” de Chevalier y Segur, equiparables aunque aún lejanos. ¿Y “Avant la qûete“? El poder de seducción del mundo mágico de Ackbar y las hazañas del joven caballero Bragon enamorado de una inocente aprendiz de hechicera llamada Mara son razones más que suficientes para dejarme arrastrar allí donde Loisel y LeTendre decidan, sin la menor queja. Estoy en sus manos, vencido desde hace más de una década.
Quizás el segundo ciclo quedará siempre un escalón por debajo de la tetralogía original, pero “Avant la qûete” mantiene su espíritu y algunas sus mejores virtudes y por eso “El caballero Bragon” es, pues, un muy recomendable cómic de fantasía, un entretenimiento que garantiza al lector la inmersión en un mundo de aventuras mágico y singular.
El caballero Bragon.
Colección: La Búsqueda del Pájaro del Tiempo. Segundo Ciclo.
Guión: Serge LeTendre y Regis Loisel
Dibujo: Vincent Mallié
Color: François Lapierre y Annie Richard
ISBN: 978-84-679-1719-2
Formato: 22×29,5cm. Rústica. Color.
Páginas: 60
Precio: 11,00 euros