La saga de “El Portador de la Luz” se traslada a la colección Fantascy y lo hace con la segunda entrega de esta tetralogía, La Daga de la Ceguera” en donde todo lo que vimos en “El Prisma Negro” va a más, especialmente los problemas que persiguen a Gavin desde hace años, se recrudece y parece que el Prisma va a encontrar la horma de su zapato en el Príncipe de los Colores. Seguramente el mejor libro de la saga por el momento. Brent Weeks no deja de mejorar como escritor…

 

"La Daga de la Ceguera" (Brent Weeks, Fantascy)La Daga de la Ceguera / El Portador de la Luz 2
Brent Weeks
RHM / Plaza y Janés / Debolsillo > Fantascy
ISBN: 9788415831068
912 páginas
Rústica con solapas
22.90 €

Gavin Guile está muriéndose. Pensaba disponer de cinco años más de existencia como Prisma, y ahora resulta que le queda menos de uno. Con cincuenta mil refugiados a su cargo, por no hablar de un hijo ilegítimo que hay que formar en las artes mágicas y una ex novia que bien podría haber descubierto su más oscuro secreto, le llueven los problemas. De repente, la magia en todo el mundo está fuera de control, y este caos amenaza con acabar con las siete satrapías. Peor aún, los dioses antiguos están a punto de renacer, y sus ejércitos parecen imparables. Tal vez el único camino de salvación sea su hermano, cuya libertad y cuya vida Gavin robó hace dieciséis años.

Cuando leí El Prisma Negro disfruté bastante con la historia que nos proponía Brent Weeks e incluso consideré muy original el sistema mágico que había creado para esta saga. Con La Daga de la Ceguera he disfrutado muchísimo más, Brent Weeks está evolucionando como escritor y no descarto que de aquí a unos años reviente los mercados con alguna grandísima saga de fantasía, quién sabe, quizás El Portador de la Luz sea esa saga, porque acabo de recordar que es una tetralogía y de verdad que no sé qué más puede suceder en dos libros más (The Broken Eye, 2014, y el cuarto aún sin título, 2016), Weeks me ha sorprendido notablemente  y estoy deseando tener en mis manos “El Ojo Roto” para poder saber qué más va a suceder, aunque creo que la trama de Kip ya me la imagino…

Los acontecimientos continúan allí donde nos dejó El Prisma Negro, para comenzar una rápida acción por parte de Gavin que intentará rescatar a los supervivientes de Garriston y, finalmente, le servirá para forzar la mano ante el Consejo Blanco. Mientras tanto sigue perdiendo colores lo que pone en peligro el propio equilibrio de la magia, aunque las acciones de el Príncipe de los Colores (así como su prontamente revelada identidad) seguramente serán aún más peligrosas, ya que intenta recuperar a los antiguos dioses, una catástrofe contra la que los Prismas luchan desde tiempos inmemoriales.

La trama también sigue a Kip, el hijo bastardo del Prisma original, que ahora deberá cumplir una nueva misión encargada por su “padre” a la vez que conoce a su abuelo, seguramente uno de los personajes más interesantes de la saga. Eso sí, tengo la impresión de que Kip debería haber sido el protagonista de la saga, pero la personalidad de Gavin es tan interesante que se ha ido haciendo con los libros… a ver qué sucede en el tercer libro.

En líneas generales la trama argumental avanza poco comparado con los avances de El Prisma Negro, pero no se puede negar que Brent Weeks ha mejorado y que ahora nos muestra tramas políticas y conspiraciones muy interesantes, se desvelan grandes secretos que tendrán duras repercusiones y se nos deja con los dientes muuuuy largos a la espera de los dos últimos libros.

La decisión de incluir a Brent Weeks dentro de la colección Fantascy me parece un decisión estupenda y una fuerte apuesta por la colección, estamos ante uno de los pesos pesados de Random House dentro del apartado de la fantasía, y que se le incluya dentro de Fantascy demuestra la gran apuesta que se hace por la colección. Por cierto, la edición es impecable.

En definitiva, me gusta mucho más que la trilogía El Ángel de la Noche, se nota mucha más madurez en Brent Weeks y que sabe ir más allá en la trama y en el desarrollo de los personajes, de hecho, hacia el final del libro, sentía esa euforia que sólo te dan los libros que te atrapan y que no quieres que acaben nunca.