El final de la Segunda Guerra Mundial supuso la fractura total de la alianza entre las potencias occidentales y la Unión Soviética, al desaparecer el enemigo común, polarizando el mundo en dos bloques antagónicos. La cultura fue un instrumento más, que ambos bandos utilizaron como arma de propaganda con la que combatir al adversario.
La CIA y la Guerra Fría Cultural
Frances Stonor Saunders
Editorial: Debate
Traductor: Rafael Fontes Muñoz
ISBN: 9788499922362
Cuarta reimpresión: junio 2024
Número de páginas: 600
Encuadernación: Tapa blanda
Colección: Historia
Precio: 21,75 euros
Durante la guerra fría los escritores y los artistas se enfrentaron a un gran reto. En la esfera soviética, se esperaba que produjeran obras que exaltaran la militancia, la lucha y un optimismo sin límites. En Occidente, la libertad de expresión era la virtud más apreciada de las democracias liberales. Pero esa libertad tenía un precio.
La CIA y la Guerra Fría Cultural documenta el extraordinario vigor de una campaña secreta en la que algunos de los defensores más ardientes de la libertad de pensamiento en Occidente (entre otros, George Orwell, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre y Arthur Schlesinger, Jr.) fueron, lo supieran o no, instrumentos del servicio secreto estadounidense.
La propaganda, como forma de lucha para ensalzar la cultura y forma de vida propias, ha sido una constante a largo de la historia. Desde los primeros tiempos: egipcios, griegos, persas o romanos fueron precursores. Durante la baja edad medía y la edad moderna: los incipientes estados/nación, el papado y los grandes nobles continuaron dándose bombo, apaniguando artesanos, artistas, literatos y pensadores. Pero será en el siglo XX cuando los totalitarismo lleven la propaganda a su culmen como arma de guerra y control de la población; la Alemania nacionalsocialista (1933-1945) representa el extremismo en la implantación de una cultura uniforme y excluyente, dirigida desde arriba para el adoctrinamiento de la masa social. La Unión Soviética aprendió pronto y bien, copiando muchos de los métodos nazis para la alabanza de los logros del estado comunista. En el otro bloque, el capitalista, los EEUU comenzaron a ser conscientes de la importancia de la guerra cultural en los albores de la guerra fría, a base de dólares y mucha hipocresía intentaron convencer a los intelectuales y artistas occidentales de los parabienes de su democracia, su capitalismo y su cultura. La CIA será el instrumento perfecto para llevar a cabo sus planes de influencia y control dentro de su ámbito de dominio.
De eso trata este “tocho”, del papel de los servicios secretos estadounidenses en la vida cultural occidental desde la caída de los nazis hasta la desmembración de la URSS. Como siempre, las élites políticas trataron de dirigir la “libertad intelectual” en su propio beneficio. La CIA, de forma encubierta, fue la pagadora de toda la maquinaria de propaganda desplegada por los EEUU en la segunda mitad del siglo XX. A través de ingentes donaciones “privadas” de múltiples fundaciones “sin ánimo de lucro” (si es que esta expresión pudiera ser válida en un mundo capitalista), crearon, distribuyeron y mantuvieron publicaciones culturales por todo el orbe. Con la consiguiente compra de conciencias de un gran número de intelectuales de cualquier ideología.
“Existía una sección secreta de la CIA cuya misión consistía en ayudar a encontrar tapaderas, como las fundaciones que utilizábamos para nuestras operaciones –explica Braden–. Yo no prestaba atención a los detalles. El Departamento Financiero se ocupaba de todo, y hablaba con el encargado de las tapaderas. Era simplemente un mecanismo que se utilizaba sin más. La Fundación Farfield era una más. No sé los nombres de todas, no recuerdo. Pero existía todo un entramado financiero. Nunca hubo peligro de que la CIA se quedase sin dinero.”… se decía en broma que si una organización filantrópica o cultural estadounidense llevaba en sus estatutos las palabras “libre” o “privada”, era por fuerza un tapadera de la CIA…
Pág. 163
Utilizo la palabra “tocho”, no por su connotación despectiva, sino por su significado de numerosas páginas escritas. La verdad es que La CIA y la Guerra Fría Cultural me ha gustado, no es una lectura liviana pero me ha resultado entretenido, incluso hilarante en algunos momentos. Frances Stonor Saunders realizó un gran trabajo de investigación para su publicación en 1999, ahora Debate nos ofrece esta nueva reedición.
No quiero hacer espóiler pero, quizás, más de uno se lleve alguna sorpresa con los nombres que aparecen en la nómina de las publicaciones, comités, exposiciones, congresos, etc… controladas, financiadas o auspiciadas por la CIA. Ya fuera por interés o ignorancia, muchos intelectuales occidentales cohabitaron con este sistema de compra de conciencias, unos conscientemente, algunos manipulados y otros, los menos, engañados. Si bien, cuando todo salió a la luz, todos se mostraron indignados y ninguno lo hubiera imaginado nunca. Incluso mi idolatrado Orwell se vio salpicado por las sucias acciones de los servicios secretos norteamericanos. Y hasta ahí quiero leer…
El Fregadero











Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal