Más que una historia europea, El Mundo Interior es una vivencia personal, de sus allegados y de los documentos encontrados por el autor. También podría haberse titulado: El mundo europeo. Una historia interior.
EL MUNDO INTERIOR. UNA HISTORIA EUROPEA
Francesc Serés
Editorial: Destino
Traductor: Manuel Pérez Subirana
ISBN: 9788423365876
Número de páginas: 416
Precio: 21,90 €
“Deberías haber pasado una guerra”, respondían los abuelos siempre que alguien se quejaba. Lo decías más como un recordatorio y una advertencia que como un deseo o una maldición. En esa afirmación estaba el recuerdo y la aceptación de que, si había ocurrido una vez, podía volver a pasar.
De Hamburgo a Zaidín, de los diarios y la fotos de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial a la reciente invasión rusa de Ucrania, El mundo interior recoge la experiencia en el frente de Aragón de Orwell, Hemingway, Sales, Sender y Weil, la mirada de los fotógrafos y diaristas de los documentos encontrados en Berlín, las conversaciones con la familia y los amigos que se han quedado o que han huido de Rusia y de Ucrania.
Francesc Serés explora la condición humana a través de una vivencia personal de una guerra familiar y lejana, una historia europea.
Aunque puede parecer que este libro va de las guerras europeas de los últimos cien años, nada más lejos de la realidad. El autor utiliza la guerra como hilo conductor, para mostrarnos sus propios miedos, anhelos y esperanzas. Desde la Guerra Civil en el frente de Aragón, pasando por la Segunda Guerra Mundial o la caída del muro de Berlín hasta la actual guerra en Ucrania, nos muestra una historia de perdedores, a través de recuerdos tan “banales” como libros, diarios o fotografías. Puede parecer una historia triste, pero en realidad son historias de supervivencia, expectativas y deseos de un mundo mejor y en paz.
En un principio, me llamo la atención El mundo interior porque recogía “la experiencia en el frente de Aragón de Orwell, Hemingway, Sales, Sender y Weil”, autores de los que soy fan o lo he sido, pero luego el libro se convirtió en otra cosa que no se describir exactamente. Los seis primero capítulos no me dijeron mucho o quizás nada, todo cambio en el siguiente, capitulo VII Salvar a los héroes, donde me sentí identificado totalmente con el autor. Además de ser de la misma generación, tener una formación similar y gustos literarios parecidos, me vi reflejado en su infancia y adolescencia. Al igual que él, en esos periodos vitales, veía la guerra como una aventura romántica llena de héroes a los que admirar. Con tiempo, formación y lectura aprendí que la guerra no era como el cine y gran parte de la literatura nos mostraba y sólo traía destrucción, penuria y desgracia.
Estos héroes de adolescencia no eran otros que escritores y los personajes que representaban o describían. “Hay escritores que llegan a nuestra vida como si tomaran posesión de los territorios que ellos mismos te descubren, y tú, en ese momento, no puedes hacer mucho más que rendirte ante ellos”, escribe Francesc Serés. Durante un tiempo, y al igual que a él, Hemingway “fue una iluminación adolescente”, al que luego sustituirían otros como Orwell, Sales o Sender y, éstos, sí llegaron para quedarse.
… Hemingway, como de pequeño lo habían sido Verne o Stevenson y después lo serían tantos otros, fue una iluminación adolescente. De la fantasía a la realidad: era el descubrimiento de un mundo que iba de Estados Unidos a África y que llegaba hasta el frente de Aragón. Hablo de la adolescencia y de la fascinación de saber que los elefantes a los que aludía el cuento eran las sierras blancas y áridas de los Monegros.
También hablo de ello con esa vergüenza propia de los enamoramientos de los catorce o quince años. Devoraba los libros de Hemingway porque encajaban en el tiempo y en el lugar, en las expectativas y en el pasado. Además, se parecía tanto a un actor, con aquellos uniformes, aquellos trajes de safari y aquellos jerséis de lana, como los de las fotos de El viejo y el mar, que admito que me costaba diferenciar la épica de Hollywood de la de Hemingway. Era el escritor héroe: había matado leones y elefantes, había sido corresponsal de guerra y había escrito sobre el Kilimanjaro y sobre París. No solo había estado cerca de Zaidín, sino que encajaba con el talante que se nos exigía a los chicos en ese momento. Era un modelo de masculinidad casi perfecto: fuerte, alto, valiente, bebedor y mujeriego. ¡Por el amor de Dios, si con diecinueve años se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia, mientras que yo a esa edad iba a la universidad! Si existiera una competición de vidas, ¿cómo se podría igualar eso?
Con el tiempo no solo descubrí que estaba lejos de ser el héroe que quería creer que era, también tuve que admitir que las razones que sustentaban esa percepción tenían que ver con una determinada época: no caducaban si las considerabas en el contexto en el que fueron creadas, pero no se sostenían fuera del tiempo y del espacio que les suministraban energía. Hemingway también se dio cuenta de ello y…
Págs. 147/148/149
También es destacable, la utilización de los diarios y fotografías de la Segunda Guerra Mundial encontrados en Berlín y otras partes de Alemania por el autor. A través de ellos intenta reconstruir los sentimientos y sensaciones de las familias autoras de los diarios y retratadas en las fotografías. No para buscar su relación con los hechos históricos, sino para sentir su desarrollo personal y compartir con ellas sus penas y alegrías.
No me ha sido fácil escribir mis impresiones sobre El mundo interior, al contrario, me ha costado bastante encontrar qué decir y expresar lo que este libro ha significado para mí. No es un libro que vaya a cambiarte la vida, no es esa su intención. Pero sí es un acercamiento a parte de la historia europea de los últimos cien años de forma íntima, personal y recomendable.
El Fregadero











Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal