El cuchillo de mi abuelo es un libro escrito por Joseph Pearson en el que se nos cuenta, como reza el subtítulo, Historias ocultas de la segunda guerra mundial, que son historias ocultas de la gente corriente durante la II Guerra Mundial.

"El cuchillo de mi abuelo" (Joseph Pearson, Crítica)El cuchillo de mi abuelo
Historias ocultas de la segunda guerra mundial
Joseph Pearson
Editorial: Editorial Crítica
Temática: No ficción novelada / Historia / Segunda Guerra Mundial.
Colección: El Tiempo Vivido.
Traductor: Luis Noriega.
Número de páginas: 416.
P.V.P.: 20,90 euros.

Cuando era niño, Joseph Pearson estaba aterrorizado por el arma que colgaba de una gancho en el sótano de su abuelo, un trofeo arrebatado al enemigo en la batalla: un cuchillo adornado con una esvástica y la cabeza de un águila.

Cuando más tarde heredó el cuchillo, descubrió una historia mucho más inquietante de lo que jamás podría haber imaginado. Para entonces Joseph Pearson –que vivía en Berlín, convertido en escritor e historiador cultural– se sintió atraído por otros objetos de la era nazi: un diario de bolsillo, un libro de recetas, un instrumento de cuerda y una bolsita de algodón. Cada uno perteneció a un veinteañero durante la segunda guerra mundial –un chico de campo, un joven melancólico, una cocinera, un músico herido en el frente y un superviviente– y se embarcó en un viaje para iluminar sus historias antes de que desaparecieran de la memoria viva.

Una historia de detectives y un relato apasionante de la búsqueda de respuestas de un historiador, El cuchillo de mi abuelo es a la vez una conmovedora meditación sobre la memoria y una aportación única a nuestra comprensión de la Alemania nazi. A través de una investigación rigurosa y una hermosa prosa, Joseph Pearson ilumina la historia a menudo oscura del siglo XX al dar vida a lo que esconden objetos cotidianos en manos de gente común.

Todos conocemos los nombres de los principales políticos, militares o batallas que nos dejó la devastadora II Guerra Mundial, la historiografía y el cine han contribuido a ello. La “gran historia”, centrada en los Churchill, los Rommel o los Stalingrado, siempre ha tenido gran “tirón” entre investigadores y cineastas, pero existe otra historia, la de la gente corriente, la de las pequeñas cosas que nos adentran en la vida cotidiana de millones de seres en aquellos aciagos días.

Es este tipo de historia, la que Joseph Pearson nos presenta en El cuchillo de mi abuelo. Objetos tan dispares como una bayoneta, un instrumento musical o un diario nos cuentan sus historias y las de sus propietarios en la Alemania del Tercer Reich. A través de un brillante trabajo de investigación, el autor reconstruye la vida de una serie de individuos que sufrieron, y algunos sobrevivieron, al conflicto más sangriento de la historia.

Alguno de estos objetos comunes nos llevaran a conocer la vida privada de gerifaltes como el abominable Joseph Goebbels, ministro de propaganda del régimen nazi y uno de los elementos más cercanos a Hitler. Mediante el testimonio de quien fuera su cocinera en los últimos años de la guerra, descubriremos, no sólo sus gustos culinarios, si no también la relación con su esposa e hijos, el trato con el servicio o su rutina de trabajo. Otro objeto, el instrumento musical, nos adentra en el macabro expolio masivo que los nazis perpetraron en todos los territorios ocupados, con la confiscación generalizada de cualquier objeto de valor de sus victimas, muchos de ellos jamás han sido restituidos.

Los objetos son la “excusa” que permite a Joseph Pearson comenzar a indagar, pero también le hacen dudar, en el último capítulo, a modo de conclusión, escribe:

Empiezo a desconfiar más y más de los objetos de este libro. En el mejor de los casos, los objetos son herramientas útiles para desbloquear el pasado. Tomemos, por ejemplo, el capítulo del libro de recetas, en el que la pertenencia virtual es una estrategia para plantear temas de conversación (la historia de Katalin nos enseña el reverso de la cuestión: la ausencia de fotografías hace que su pasado sea casi inaccesible). Pero en los peores casos, los objetos adquieren con rapidez nuevos significados comunitarios, como ocurre entre quienes glorifican los fetiches nazis. El cuchillo se convierte en una manifestación del mal. Las expectativas que suscita el diario de Karl crean una versión romántica del pasado. Y el contrabajo y su música sirven incluso de escudo a los perpetradores. Los objetos resultan con facilidad engañosos, y en ausencia de un cuidadoso trabajo detectivesco y del testimonio de los propietarios originales es todavía más fácil usarlos de forma inapropiada. No veo cómo sería posible eludir estos inconvenientes celebrando la poetización de los relatos asociados a los objetos.

Pág. 314

Con el objeto que da nombre al libro, el arma heredada del abuelo, se plantea otra problemática también interesante. Los objetos de la era nazi están prohibidos en la Alemania actual, es delito poseerlos. Esto produce un importante mercado negro con precios muy elevados. Además, la mayoría de los museos guardan estos objetos en sus almacenes y rara vez los exponen por la controversia que suelen generar. Lo que merma que las nuevas generaciones conozcan la verdad y la realidad de su pasado y del régimen criminal que los gobernó.

El cuchillo de mi abuelo es una lectura muy recomendable. He disfrutado con cada página y me he emocionado con algunas de ellas.