En el mundo de los videojuegos estamos más que acostumbrados a lo que podríamos denominar “las grandes superproducciones”, tal y como pasa en mundo del cine. Juegos de una inversión multimillonaria con grandes estudios detrás que consiguen ventas millonarias. No en vano sus cifras son tan altas que en España por ejemplo han facturado el doble que la industria cinematográfica.

Precisamente por eso, de nuevo podríamos mirar al cine, el riesgo que se corre a veces en sacar un videojuego es prácticamente nulo en según qué casos. Una nueva entrega de FIFA, un Call of Duty o un GTA son ventas seguras. Hablamos de sagas, secuelas que unas veces por su calidad y otras por su juego on-line aseguran que lo invertido se va a recuperar con creces. No hay muchos quebraderos de cabeza, incluso el juego ni siquiera tiene que ser innovador o aportar algunas cosillas que lo distancien del anterior, simplemente un pequeño lavado de cara o un par de opciones que no tenía el juego previo ya puede servir para ofrecer algo “nuevo”.

Cierto es que siempre hay excepciones, ese videjuego que aparece por sorpresa y que acaba siendo un Blockbuster, pero suelen ser casos aislados y eso de jugársela -nunca mejor dicho- no es algo apreciado a la hora de poner el dinero encima de la mesa y no saber con seguridad si va a ser un fracaso o un triunfo. Es una crítica que se le hace a la actual generación de consolas (Playstation 4, Xbox One e incluso Switch), jugar sobre seguro. Remasterizaciones, sagas que ya casi se ha olvidado por qué entrega van y los tan polémicos micropagos para tener supuestamente un juego al completo (de ahí las ediciones que aparecen a posteriori una vez se ha exprimido las ventas del primero).

Todo ello puede dejar al jugador con una sensación agridulce, ya que como buen jugón va a seguir comprando juegos y disfrutándolos, pero echando en falta tiempos de antaño (si ya tiene un currículum a sus espaldas) donde todo era más fácil aún sin la calidad técnica y gráfica actual. Era insertar un cartucho en la ranura del videojuego y que empezase la magia. Pero como no quiero ser un abuelo cebolleta donde tiempos pasados eran mejores (eso siempre tiene sus aristas y la nostalgia hay que cogerla con pinzas muchas veces, aunque nos pueda gustar), vamos a hablar de esa alternativa que sí existe y que muchos se han podido decantar por ella.

Los juegos Indie. ¿Qué es un juego Indie?. Podríamos decir que es cualquier juego creado por unos individuos o pequeño grupo que no tienen un apoyo financiero de distribuidores. Eso, como todo en la vida, tiene sus pros y sus contras. Ya que puedes querer hacer algo y al no tener la financiación suficiente igual no puedes mostrar lo que quieres al cien por cien (la imaginación es lo que tiene, no tener límites). Pero, y eso es lo bueno, no tienes una atadura en cuanto a lo que quieres llevar a cabo. No respondes antes nadie y esa atadura no existe. Una de sus bases suele ser la innovación y la distribución digital, nada de formato físico. Así que tenemos también un costo final para el comprador que se ve anulado. Ya que como todos sabemos, el precio aumenta considerablemente por las diferentes parte del pastel en que se divide un producto que está a la venta (empresa que lo fabrica, distribuidor, punto de venta, etc).

Aquí entraría el libro de “IndieGzine: 101 Juegos indie imprescindibles“, de Julián Quijano. Y es que en su libro de 205 páginas hará las delicias de quien quiera una alternativa a los videjuegos que podéis encontrar en las “majors”. No esperéis encontrar un análisis concienzudo, Quijano va directamente al grano, que es por otra parte como se debería ir a según qué cosas.

La página de la derecha es una ilustración a tamaño completo del juego que se va a comentar. En la de la izquierda una especie de banner en la parte de arriba con dos imágenes del juego y la pantalla principal del mismo en medio. Igual se echa de menos imágenes de mayor tamaño para hacernos una idea, pero qué queréis que os diga, poco cuesta recurrir a internet para ello. La impresión del autor, su acercamiento al juego, por qué es recomendable, etc. Y finalmente la dirección de internet donde podemos hacernos con dicho juego, twitter y una pequeñísima ficha del artista con su icono y alguna frase personal del mismo.

Lo cierto es que ver esos juegos te llevan a otra época y el libro no hace si no abrirte ese apetito que casi tenías olvidado. Donde la jugabilidad, remarco ese término, jugabilidad, debía ser lo primordial en una afición que ya se ha convertido en arte. Bienvenidos sean los gráficos, el sonido envolvente y todo lo que nos ha traído y nos traerá el futuro. Pero Julián Quijano nos ha recordado convenientemente que los juegos Indie son ni más ni menos que la esencia que tiene que tener un buen videojuego. Un amor incondicional hacia lo que nos llevaba a estar horas y horas delante de una pantalla de caja de pequeño tamaño la mayoría de las ocasiones y que cuando veíamos que los continúes se iban acabando y el final aún quedaba lejos nuestra frustración no hacía más que dejar lugar a un nuevo intento y así sucesivamente hasta haberlo terminado. En los 101 juegos que reseña no puedo obviar los diferentes géneros que se dan la mano, resaltando el de los plataformas, algo muy olvidado desde hace años y que apenas hacen su aparición en la actualidad. Y sobre todo la originalidad que desprenden la mayoría de ellos. Chapeau!.

Gracias desde aquí al autor y ojalá su labor se vea recompensada como tiene que ser.

IndieGzine: 101 Juegos indie imprescindibles.
Autores: Julián Quijano y varios autores
ISBN: 978-84-16961-71-9
Formato: 17×25cm. Rústica. Color.
Páginas: 208
Precio: 17,90 euros