Es un hecho que todos tenemos un lado oscuro y secreto, un reverso tenebroso que anida en el fondo de nuestra alma. Los artistas también tienen el suyo, y los ejemplos son numerosos: refinados escritores de reputación inmaculada que se dedican a escribir pornografía con seudónimo, pintores que recorren a las drogas más duras para alcanzar estados de inspiración elevados, actores de Hollywood que presumen como galanes ante la cámara y se atreven a experimentar las depravaciones más bajas fuera de los focos,… Pero, seamos sinceros, aventurase en lado salvaje de la vida también es una actitud sana y gratificante, que permite liberarse de ataduras y desentumecer el alma.
image1El dibujante belga André Franquin (1924-1997), el maestro y referente máximo de la llamada ‘École de Marcinelle’ de bande dessinée francobelga, es uno de los autores de cómic más importantes de todos los tiempos, reconocido sobretodo por su trabajo con personajes como Spirou y Fantasio, el Marsupilami o Tomás el Gafe. Sí, el nombre de André Franquin va indisolublemente vinculado al de Spirou, el inolvidable botones del Moustic Hotel pero, como muchos otros autores, la magnitud de su obra abarca más que sus obras más populares. El éxito suele ser devastador para los autores, puesto que el público exige aquello que le ha granjeado el Olimpo y desdeña el resto de sus creaciones con un desprecio injusto. ¡Qué se lo digan, por ejemplo, a Pierre Culliford ‘Peyo‘! El creador de Johan y Pirluit, Benito Sansón o Poussy llegó a confesar en alguna ocasión que se había sentido prisionero del gran éxito de sus Pitufos, y vio como el resto de sus creaciones eran engullidas por la ola azul de los Pitufos puesto que las ventas de los cómics «con pitufos» superaban con creces a las de los cómics «sin pitufos».
A finales de los años setenta Franquin era un autor de prestigio, consagrado y respetado por el público, los colegas y sus editores. Es conocido que el autor vivía entonces aquejado por una severa depresión, que le había dejado incapaz de dibujar a principios de los años sesenta y que le acompañó hasta principios de los años ochenta cuando abandonó por completo los tableros de dibujo, y su obra lo reflejó de la misma manera que los lienzos de Van Gogh o de Jackson Pollock habían expresado las enfermedades mentales de sus creadores.
Son sus «Ideas Negras» («Idées Noires» en su versión original en francés), una serie de tiras cómicas de una sola página, dibujadas en sobrio blanco y negro, repletas de humor negrísimo y crítica social, publicadas entre 1977 y 1983 en el suplemento «Le Trombone illustré» para adultos de la revista «Spirou» y en la revista «Fluide glacial«.
En estas páginas Franquin volcó su lado oscuro. La depresión que lo teñía todo de amargura y tristeza guiaba su mano y plasmaba su desencanto por todo y todos en el papel, en forma de denuncia. Toda fotografía brillante tienen un negativo oscuro, se suele decir, y el opuesto de sus coloridas aventuras felices e inocentes de Spirou y Fantasio, a la ingenuidad de Tomás el Gafe, son las «Ideas Negras«, una visión cruel y muy poco favorecedora de la naturaleza humana que ha contado con varias ediciones en castellano a lo largo de los años (una de Norma Editorial en los años ochenta, otra más reciente de Dolmen Editorial en el 2003 y está edición integral en cartoné de agosto del 2015 de El Catálogo del Cómic).
Pocos temas escaparon de su brillante escrutinio en sus 65 tiras, asuntos que hoy siguen vigentes y son plena actualidad, como los conflictos bélicos y los militares (esa planta que Groucho Marx recomendaba no regar para que nunca salgan frutos), la religión, la burocracia, la estupidez del ser humano, el crimen y el castigo, las clases sociales, el mercantilismo, la sociedad capitalista, el Apocalipsis,… y la muerte. La muerte, sucia y feroz, repleta de vísceras y sangre, elemento esencial y constante en la mayoría de las páginas. Humor negro, no apto para todos los paladares, macabro, sádico, sanguinario, violento, salvaje, cruel. Y muy triste si uno se da cuenta que está leyendo la obra de un artista enfermo, y que uno tiene entre sus manos el papel donde vomita todos sus fantasmas.
Puestos ya en contexto, es evidente que esta obra no es recomendable para todos los públicos pero, aunque suene contradictorio, desde esta tribuna la recomendamos efusivamente. Es un clásico del cómic, al que el paso del tiempo ha dignificado y consolidado. Eso sí, es importante que el potencial lector entienda que, aunque el nombre de André Franquin encabece la portada, no va a tener entre sus manos una de las aventuras de Spirou o Tomás el Gafe, ni siquiera algo parecido. Es el otro lado del espejo de Alicia, una obra inclasificable de uno de los maestros de cabecera del BD, una joya del humor negro que desborda pesimismo por los cuatro costados pero que nos hace reir a carcajadas.
Ideas Negras.
Autor: André Franquin
Edición original: Idées Noires
Fecha de publicación: Agosto de 2015
Formato: Cartoné. Blanco y negro.
Páginas: 72
Precio: 8,95 euros