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«Extraños en un tren» es una de las, muchas, obras maestras de Alfred Hitchcock. El orondo británico fue uno de los más grandes directores de la historia del cine y el mayor genio del cine de suspense de todos los tiempos, con una filmografía de películas maravillosas que deberían ser de visión obligada. Sí, sir Alfred Hitchcock creó algunas de las más intensas e inquietantes películas de intriga que el público ha visto nunca en una pantalla de cine: «Los pájaros«, «Psicosis», «La ventana indiscreta«, «Rebeca«, «La soga», «Encadenados», «Con la muerte en los talones», «Vértigo», «39 escalones», «La sombra de una duda», «Extraños en un tren»,…
Protagonizada por Farley Granger, Ruth Roman, Robert Walker, Leo G. Carroll, Patricia Hitchcock y Laura Elliott, «Extraños en un tren» cuenta cómo en un viaje de regreso a casa, después de un importante partido, el famoso tenista Guy Haines mantiene una conversación en el tren en el que vuelve con un desconocido que parece estar muy al tanto de su vida. Es Bruno Anthony, quien le indica que conoce su amor por la joven Barbara Morton, y los deseos de divorciarse de su esposa Miriam, a lo que ésta se niega. Entre bromas, le propone una idea descabellada: Bruno quiere deshacerse de su padre y Guy de su esposa ¿Por qué no mata cada uno de ellos al pariente del otro? De esta forma nadie sospechará porque ninguno de los dos tendrá motivos para el crimen que ejecuta. Guy no hace caso de la sugerencia y marcha a Washington. Una noche, desde la oscuridad, ve al joven Bruno que le llama, enseñándole las gafas rotas de Miriam. Guy se aterroriza, porque sabe lo que eso significa, que ha matado a Miriam, y Bruno le reclama el segundo crimen, diciendo que ha dejado pruebas suficientes para que le condenen de la muerte de su mujer si no cumple con su parte del trato.
Partiendo de la novela homónima de Patricia Highsmith, cuya adaptación a la gran pantalla lleva la firma del mismísimo Raymond Chandler, el mítico escritor de novela negra, la película de Alfred Hitchcock «Extraños en un tren» adaptó la primera parte de la novela, modificando el desenlace, pero conservó su espíritu, el de la búsqueda del crimen perfecto y el falso culpable. Todo a partir del fortuito encuentro de dos hombres que no se conocen. Lo mismo que hicieron Danny DeVito y Billy Cristal en «Tira a mamá del tren» (1987), una versión humorística de la misma historia.
«Extraños en un tren» estuvo prohibida durante catorce años en nuestro país. La censura la consideró desagradable, y no permitió su exhibición en los cines españoles hasta 1965, aunque la novela de Patricia Highsmith se podía encontrar en las librerías desde 1962.
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