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Aunque se trata de un western podría ser perfectamente un relato de cine negro, con femme fatale incluida (una Marlene Dietrich en uno de sus papeles icónicos) y es que el protagonista emprende la búsqueda de un tal Altar Kane y un rancho llamado “La rueda de la fortuna” buscando venganza (todo resumido en la canción “Chuck-a-luck” que abre los créditos). Se trata de una película del oeste muy atípica marcada por una atmósfera peculiar derivada de la mirada del director, pero también de una producción que ya es de otro tiempo con decorados que confieren a todo un cierto toque onírico. En cuanto al guión juega con el presente y el pasado de varios personajes e ilustra siempre con gran elegancia los ambientes más bajos y el microcosmos de una organización en la que laten intensas pasiones y una lealtad criminal en la que palpita una cierta nobleza. Una de esas películas que tienen mayor huella en tu memoria del que causa el propio visionado, señal inequívoca de que te impacta y logra su objetivo.