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Notable western de autor de un director francés con una sugerente filmografía muy variada e interesante (sobretodo para el cinéfilo), con el que demuestra que puede contarse de otro modo lo que ya hemos visto tantas veces. Le interesa en este caso deconstruir el western clásico para rehacerlo con una mirada distinta (cosa que también han hecho otros como Eastwood o Peckimpah), centrada en lo verosímil, en lo realista, en la exploración de un entorno y una época a menudo hostiles. Los protagonistas hubieran sido los «malos» en un título clásico porque son dos cazarrecompensas, hermanos muy distintos, que no se andan con escrúpulos. Se nos muestra como cabalgan de día a noche enfrentándose a las inclemencias del raso, a una vida dura y a tipos con tan pocos remilgos como ellos, pero se exploran sus motivaciones, sus deseos, no son malvados sin ética. Se incorpora además en el relato de su última persecución un sueño utópico, una suerte de cielo en la tierra que puede cambiar sus vidas, aunque la película deja claro que la fatalidad siempre acechaba en aquella América. Ante todo es un relato atípico, singular, imprevisible, una experiencia distinta que gustará sobretodo a quien haya visto muchos westerns precisamente por eso, por su capacidad para hablarte del oeste de una manera distinta.