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La mayoría de lectores asocian el nombre de la escritora canadiense Margaret Atwood, Premio Príncipe de Asturias en 2008, con la distopía “El cuento de la criada“, más todavía desde su aplaudida adaptación a la pequeña pantalla de Bruce Miller para la cadena HBO, pero su obra es prolífica y tiene otros muchos títulos merecedores de nuestra atención. Una de ellas es “El Año del Diluvio“. Siempre crítica con los problemas del mundo actual, Atwood describe la catástrofe planetaria resultante del descontrolado abuso de las industrias farmacéuticas y de los poderes políticos y económicos que desoyen los alegatos de los científicos y los expertos. Un argumento de plena actualidad en estos tiempos turbulentos que vivimos, los de la gestión de la crisis del Covid19 donde las farmacéuticas ya especulan con los beneficios económicos de los efectos sanitarios y el negocio de la vacuna y los políticos se mueven por intereses partidistas, particulares e individuales, al servicio del poder económico y las clases sociales más favorecidas, ignorando el criterio de los científicos. Nada nuevo.

Narrada desde el punto de vista de dos mujeres, la joven Ren y Toby, “El Año del Diluvio” (“The year of the flood“) cuenta la epopeya de quienes sobreviven al desastre y, libres de la decadencia moral en que la lucha de sectas y religiones había sumido a la humanidad, emprenden una nueva vida. El fin del mundo, otra vez. El apocalipsis, de nuevo. El ocaso de la civilización, como recurso creativo. Sin saber exactamente cuando, sorprende ver que es una de las pocas cosas en las que están de acuerdo la ciencia y la religión: una catástrofe irremediable provocará el fin de todo, tal y como hoy lo conocemos. Incluso el mismísmo Stephen Hawking afirmaba en el año 2017 que nuestro planeta tiene fecha de caducidad y que desaparecerá por completo en unos seiscientos años. Y si eso lo decía uno de los hombres más inteligentes que han vivido en nuestro planeta, ¿por que vamos a contradecirlo?

Publicada originalmente en septiembre de 2009, esta cruda novela de anticipación especulativa recupera algunos de los elementos de su obra anterior, “Oryx y Crake“, y resuelve algunas de las cuestiones que quedaron abiertas. Es un relato de ciencia-ficción que nos traslada directamente a la sociedad salvaje y post-apocalíptica que sigue al desastre. Tarde o temprano nuestro mundo llegará a su final, y muchos son los que han teorizado sobre ello y han fabulado sobre las consecuencias del apocalipsis sobre la raza humana y acerca de como reaccionaran los hombres ante el colapso de la civilización. La conclusión es mayoritara: el verdadero rostro de la raza humana saldrá a la luz en ese momento, con sus miserias y su barbárie, cuando el instinto de supervivencia prevalecerá por encima de cualquier dilema moral, y la violencia y el egoismo se impondrán a las muestras más sinceras de solidaridad y apoyo.

Como curiosidad merece la pena comentar que una gran seguidora de Atwood, llamada Rebecca Ekler, pagó a la escritora 7.000 dólares por aparecer mencionada en esta obra con la única condición de “que yo no muriese en el libro“. Pero no fue una novedad: la señora Amanda Payne también había pagado por aparecer en las páginas de “Oryx y Crake“.

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