Adoro esa frase que se corea en las manifestaciones de reivindicación femenina que dice «somos las nietas de las brujas que no pudistéis quemar«, y que sirvió de título al manifiesto feminista autobiográfico de Tres Voltes Rebel. Las brujas no existen ni han existido pero en la Edad Media se persiguió con ahínco a numerosas mujeres acusadas de brujería, especialmente las que no seguían los preceptos del orden patriarcal establecido, porqué el poder religioso necesitaba restablecer su control sobre el pueblo, sometiendolo con el terror, el fuego y la mentira. A esas brujas que no pudisteis quemar quizás las hicisteis callar, pero sus hijas y nietas han vuelto, y con ellas no vais a poder.

En las tierras de Bethel, donde la palabra del Profeta es ley, la misma existencia de Immanuelle Moore es una blasfemia. La unión de su madre con un extranjero de piel oscura provocó la desgracia de su antaño orgullosa familia. Para reparar su ofensa Immanuelle hace todo lo posible para honrar al Padre, seguir las Sagradas Escrituras y llevar una vida de sumisión, devoción y obediencia absoluta, como el resto de mujeres del asentamiento.
Pero la casualidad llevará a Immanuelle a entrar en el bosque prohibido que rodea Bethel, donde el primer profeta dio caza y mató a cuatro poderosas brujas. Sus espíritus aún acechan allí y le concederán un extraordinario obsequio: el diario de su madre muerta, quien para sorpresa de Immanuelle buscó refugio en el bosque al final de su vida.
Fascinada por los secretos del diario, Immanuelle lucha por comprender cómo pudo acabar su madre teniendo tratos con las brujas. Pero cuando empiece a descubrir la escalofriante verdad sobre la Iglesia y su pasado, se dará cuenta de que la verdadera amenaza para Bethel es su propia oscuridad. Y de que si Bethel debe cambiar, tendrá que empezar por ella.

Aunque pueda parecer algo lejano y propio de años bárbaros y oscuros, entre los siglos XV y XVIII en Europa se desencadenó una brutal represión contra supuestos adoradores del diablo, en persecuciones dementes y sin control organizadas sobretodo por la Iglesia. Miles de personas acusadas de connivencia con las fuerzas del mal, la mayoría mujeres humildes, fueron perseguidas, condenadas y murieron en la hoguera. La caza de brujas de la Edad Media coincide en el tiempo con la aparición de un poderoso movimiento herético en el sur de Europa, los cátaros. Para reprimirlos, la Iglesia creó una institución terrible y poderosa, hoy convertida en símbolo de maldad, la Inquisición, que con el tiempo se encargaría de enviar a la hoguera a cualquiera que se desviara un ápice de la senda marcada. De hecho en 1326, la bula papal Super illius specula de Juan XXII equiparó la brujería y la herejía, de manera que la lucha contra la herejía sirvió de pretexto para los episodios de caza de brujas. En realidad era un gran fraude, facilitado por la ignorancia y el oscurantismo, del que algunos se aprovecharon para imponer sus ideas y hacer callar a quienes tenían algo distinto que decir.
En la peor de todas las etapas de la caza de brujas en Europa, un periodo que se extendió desde 1560 hasta 1630, se estima que hasta 80.000 personas acusadas de brujería fueron juzgadas y la mitad de ellas ejecutadas. Sobretodo en Francia, Alemania y Suiza, mientras que países como España, Italia o Portugal consiguieron evitarlos.
La barbarie y el fanatismo religioso en el continente europeo también cruzaron el océano: actos cruentos e impactantes del mismo tipo también se cometieron en la América colonial, sobretodo en las primeras colonias de Connecticut, Boston y Springfield fundadas por peregrinos procedentes de Inglaterra y los Países Bajos.

«El año de las brujas» de Alexis Henderson nos traslada hasta el mundo imaginario de Bethel, donde hay brujas y hay defensores de la fe. Como en el mundo real, ni las brujas son las malvadas del cuento ni los defensores de la fe están libres de mancha. Y los defensores de la fe son fanáticos ignorantes que solamente quieren ver arder a quienes son distintos, siguiendo como borregos a quien les indica el camino a seguir desde lo alto de un púlpito. Aquí ha nacido y vive Immanuelle Moore, hija de una mujer acusada de brujería y quemada en la hoguera. Y aunque ella se esfuerza para ser distinta a su madre, para honrar al Padre, seguir las Sagradas Escrituras, cumplir con sus obligaciones y llevar una vida de sumisión, devoción y obediencia, como el resto de mujeres de Bethel, la sangre que corre por sus venas y el destino que su madre eligió para ella la obligarán a seguir un camino que no tenía previsto.

La novela de Alexis Henderson es confusa y desordenada, aunque el trabajo de ‘world building‘ es fantástico: esa tierra de Bethel, una sociedad patriarcal, represiva y cruel donde la palabra del Profeta es ley, da miedo y desperta el desprecio del lector. Pero, sobretodo, asusta ver que la Bethel de «El año de las brujas» no es algo tan distante. En el siglo XXI, la caza de brujas está lejos de ser cosa del pasado porqué seguimos viviendo en un mundo donde la ignorancia se aplaude y los EE.UU., por ejemplo, nos demostraron que se puede poner a un demente al frente del país más poderoso del mundo, un fanático religioso que muestra una Biblia mientras la población exigía cambios por la muerte de George Floyd a manos de un policía y que pone en duda el cambio climático.
Tampoco acaban de funcionar los personajes. Ni Immanuelle, que pasa de la valentía a la cobardía, de buscar el conocimiento a la sumisión. Sobretodo ella, una oveja negra que descubre que pertenece a una estirpe de brujas, algo que siempre se le ha ocultado, y siente el deseo de conocer ese legado, que forma parte de su propia identidad. Tampoco el heredero Ezra, que actua como un estúpido enamorado, ni los miembros de la familia Moore, desdibujados, ni las cuatro brujas del Bosque Oscuro. Todos se mueven de forma desordenada y con criterios confusos en esta tierra llena de extremistas en la que los planteamientos su líder, un fundamentalista, sirven para someter al pueblo a sus caprichos. Por fortuna el mundo de Bethel que ha construido la autora, sólido y coherente, lo sostiene todo.

«El año de las brujas» es una novela con toques de terror, y así nos la presentan, pero en realidad encajaría mucho más en el género de la fantasía oscura ambientado en un mundo que nos recuerda inevitablemente a los terribles sucesos en Salem en el año 1692, una localidad rural en Massachusetts donde se celebraron juicios contra varias mujeres acusadas de practicar la brujería. La joven Immanuelle Moore que protagoniza «El año de las brujas» podría ser cualquiera de las inocentes mujeres ahorcadas en Salem, como Bridget Bishop, Martha Corey, Sarah Osborne o Sarah Good, a las que el pueblo señaló con el odio de quien acusa a lo que es distinto, y por lo tanto peligroso, y el Profeta del libro de Alexis Henderson sería cualquiera de los magistrados que se dejaron llevar por la histeria colectiva, como Jonathan Corwin y John Hathorne, que no supieron poner freno a acusaciones infundadas y cruzadas entre unos y otros. Pero además la obra se sumerge en la fantasía con la aparición de las cuatro brujas y las plagas, y no escatima el típico y tópico romance entre una Julieta y su Romeo, los opuestos que luchan contra todos por su amor, poco verosímil y trillado.

«El año de las brujas» es un novela que nos habla de una sociedad patriarcal gobernada por hombres infames y a la que algunos relacionan con » El cuento de la sirvienta» de Margaret Atwood, pero nada más lejos de la realidad. La obra de Atwood, inquietante y oscura, está escrita en los años ochenta y anticipó un tiempo que ahora nos parece demasiado cercano, la premoniciónde una amenaza latente en el mundo de hoy que Alexis Henderson convierte simplemente en una excusa para contarnos su historia.

El año de las brujas
Autora: Alexis Henderson
Traducción: Joan Josep Mussarra Roca
Fecha de publicación Febrero de 2021
ISBN: 978-84-450-0851-5
Formato: Rústica con solapas
Páginas: 400
Precio: 17,95 euros