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Antes de que Johnny Depp se empezara a hundir en el lodo, mucho antes incluso de enfundarse las ropas de Jack Sparrow o de Willy Wonka, Johnny Depp fue ‘El Lágrima’ en una película de John Waters. John Waters es uno de los directores norteamericanos más subversivos de todos los tiempos, maestro del trash y del bad taste, sobretodo por sus primeras películas, con «Pink Flamingos» por encima de todas ellas, pese a que con el paso de los años ha ido suavizando su cine. En el caso de «Cry Baby» lo único subversivo es que parte de su reparto son personajes grotescos, encabezado por Johnny Depp como un joven rebelde llamado Wade Walker «Cry-Baby», y del que también forman parte el cantante Iggy Pop, la ex-actriz porno Traci Lords, Ricki Lake, Willem Dafoe, David Nelson, Susan Tyrrell, la rotunda Kim McGuire y Patty Hearst (sí, la mismísima nieta de William Randolph Hearst, secuestrada en 1974, y que se unió al grupo radical que la secuestró en un ejemplo claro del llamado síndrome de Estocolmo). La historia, una parodia de los musicales adolescentes con chaquetas de cuero y tupés imposibles como «Grease«, los clásicos de chicos malos como «Rebelde sin causa» o las películas de Elvis Presley, nos cuenta como ‘El Lágrima’ es un joven irresistible cuya habilidad para llorar una sola lágrima vuelve locas a las chicas. Allison Vernon-Williams, una rica y bella joven, se sentirá irracionalmente atraída por este delincuente juvenil y su universo salvaje y prohibido. La banda sonora, por cierto, es excelente.
El paso de los años ha convertido «Cry Baby» en una película de culto, que debe verse como una sátira irreverente a un tipo de cine, así como de la dividida sociedad norteamericana y la estupidez incurable de los adolescentes de los EE.UU. Una rareza para redescubrir, o una forma excelente para descubrir a John Waters y su amplia y extravagante filmografía, que le convirtió en símbolo de la cultura underground y del colectivo LGTB.

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