Este fin de semana pasado pude cumplir uno de mis sueños de pre-adolescente; asistir a un concierto de Madonna, la ambición rubia, la ¿reina del pop?. Algo que, seguramente, esperaba con más ganas que asistir a un concierto de U2.

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Antes de entrar en materia os diré que conozco a Madonna desde muy pequeño, seguramente la primera canción de Madonna que escuché fue Holiday, aunque, claro, también me encantaron Borderline o Lucky star. Sí, ahí comencé a conocer a Madonna con apenas 7/8 añitos. Un par de años después llegaría Like a Virgen, junto a la película Buscando a Susan desesperadamente, y es ahí donde se desató mi “fanatismo” por Madonna. Fueron años de ver como TVE-1 emitía sus conciertos cuando venía a España, de canciones como Material Girl, Like a Virgen, Crazy for you… y después, True Blue (disco que tengo en vinilo, junto a los anteriores) con éxitos como Papa Don't Preach, Open Your Heart, True Blue o La Isla Bonita. Apabullante disco con una Madonna con un look a lo Marilyn Monroe que eclipsaba a cualquier otra estrella femenina, y a muchísimas masculinas. Era su mejor disco que, además, vino acompañado de unos vídeos curradísimos, con historia y un acabado sensacional.

Pero llegó Like a Prayer, 1988, sin duda alguna el MEJOR disco que Madonna ha compuesto jamás, repleto de canciones perfectas, con una Madonna más transgresora que nunca, aunque con “contenido” en sus transgresiones (un par de años antes se había enfrentado al Papa), no como ahora. El caso es que con canciones como Like a Prayer, Express Yourself, Cherish, Oh Father, Like a Prayer o Promise to Try es normal que el disco esté considerado como uno de los 500 mejores de la historia (no es moco de pavo estar en esa lista) y la canción Like a Prayer una de las 100 mejores.

Y es, precisamente aquí, cuando comienza la decadencia que ahora vive Madonna, con el Blond Ambition Tour (la gira de la Ambición rubia), la canción Vogue y el giro de Madonna hacia la música más y más bailable… música comercial para una artista que había sabido impulsar su carrera yendo contracorriente, enfrentándose con cualquier autoridad, provocando escándalos y salpicando conciencias con sus letras, vídeos y vestuario y… fue demasiado lejos. Se perdió, pero a cambio nos dejó su música. Hasta el Like a Prayer. Hasta su Ultimate Collection, recopilación de sus mejores canciones en las que coló dos más, Justify My Love y Rescue, que son, sencillamente penosas.

A partir de este recopilatorio he estado esperando durante años la resurrección de Madonna, recordando de vez en cuando su gran música y, bueno, curioseando a ver lo que hacía por si saltaba la liebre.

Así que, este soy yo, un fan de la “vieja” Madonna que reniega de la “actual” Madonna, alguien que pensó en acudir a su concierto en Zaragoza para poder, con suerte, reencontrarse con su admirada estrella, aún al precio de ver a la “actual y moderna”.

Por lo que fue una enorme decepción pagar 49 € (y en Zaragoza vendían las entradas, las mismas, al final por 21 € con tal de llenar la Feria de Muestras) para ver actuar a esta Madonna. Una artista más deudora de sus fans actuales que de los clásicos. Alguien que, a sus 51 años, dedica más tiempo en el escenario a saltar y bailar (yo aún diría que incluso a cambiarse de ropa) que a cantar en directo. Una artista que ha olvidado por completo su carrera anterior a 1.990 y que ahora sólo baila-canta música “discotequera” en mitad de un escenario rodeada de bailarines y demostrando que, a su edad, está en una forma física que ya quisiera yo.

Artificio por artificio, bailares por llenar escenario, vídeos musicales, un estado de forma excepcional, un coche… todo cabe en sus escenarios, en sus conciertos, menos la música.

Madonna canta en playback, en dos canciones ni siquiera está en el escenario aunque sí se oiga su grabación,  y tan sólo estamos seguros de una cosa; de que está en buena forma física, porque vocalmente… en fin, teniendo la base grabada es complicado saber cuándo canta y cuándo no.

Si a esto le sumamos el hecho de que apenas rescata canciones clásicas y que, para colmo, las “actualiza” a los nuevos tiempos (discoteca) pues… apaga y vámonos. Una decepción enorme que me reafirma en mi opinión de que Madonna “murió”, artísticamente, en 1.990. Una lástima y una pérdida de tiempo y dinero.