Tras la aplaudida etapa de Geoff Johns le toca a Jeff Parker, y a un Paul Pelletier que ya estaba por allí, tomar el relevo y demostrar que aún quedan muchas historias de Aquaman por contar. Y aunque demuestran que sí, que aún quedan muchas cosas interesantes que narrar, los inicios son algo dubitativos.

Aquaman

Edición original: Aquaman núms. 26 a 29 USA
Guión: Jeff Parker
Dibujo: Paul Pelletier, Netho Diaz
Color: Rod Reis
Formato: Libro rústica, 96 págs. a color.
8,95€

El reinado de Arthur se consolidó tras afrontar dos amenazas que casi le pusieron fin: el Carroñero, a cuya flota de submarinos pudo vencer con la ayuda de la colosal criatura llamada Topo, y el Rey Difunto, que resultó ser Atlan, artífice del hundimiento de Atlantis… Y reveló que Arthur carecía de sangre real al ser descendiente de Orin, asesino de su familia y usurpador del trono. Ahora Aquaman y Mera reinan en la ciudad sumergida, pero ignoran la amenaza de los Siete Mares… entre muchas otras.

He estado investigando un poquito por aquí y por allá antes de leerme este octavo volumen de Aquaman, de la etapa de Geoff Johns tan sólo había leído tres o cuatro números, los primeros, y me sorprendió encontrar un extendido consenso que hablaba (en las páginas españolas) de que estábamos ante una de las mejores, sino la mejor, etapas del personaje. Bueno, siendo honestos diré que hasta Namor tiene mejores etapas que Aquaman (y es un personajes más respetado), ya que el rey de Atlantis ha sido uno de esos personajes a los que no se encontraba acomodo, se empeñaban en sacarlo de su elemento (el agua) para llevarlo en compañía del resto de la JLA, en que se diese alguna invasión de los atlantianos a tierra firme (provocada por alguna acción poco ecológica de los humanos), se le mataba para volverlo a resucitar o, lo más original, perdía una mano. He dejado para el final la mejor anécdota para recordaros que no podemos saber si la etapa de Johns es la mejor ya que la mayoría de nosotros no ha podido leer el Aquaman de Peter David, nos hemos perdido una etapa que quizás no fuese mítica para el resto del Universo DC, pero sí lo fue para Aquaman y por lo que he podido leer aquí y allá tanto Johns como Jeff Parker se han inspirado en algunos detallitos de la etapa de Peter David, pero, en fin, vamos a hablar del cómic que tenemos entre manos, tras haber reconocido que conozco superficialmente la etapa de David y que la de Johns no me llamó suficientemente la atención en sus inicios.

El caso es que en este volumen comienza la etapa de un Jeff Parker que llega avalado por su grandísimo trabajo en Animal Man y en La Cosa del Pantano, perdón, Swamp Thing. Dos series que comencé a leer pero que no terminé de seguir porque, bueno, eran demasiado chutlianas para mi gusto. Aún así al público, y a la crítica, le gustaron a rabiar, así que cuando Johns se marchó de Aquaman le ofrecieron la serie y Parker aceptó a pesar de que Aquaman no tiene, a priori, demasiado que ver con Swamp Thing. Sí que tiene mucho que ver, sin embargo, con Animal Man (éste se comunica con los animales y Aquaman con los animales marinos) pero es a Swamp Thing al que se hace referencia, y no al vínculo similar entre Aquaman y Animal Man, ver para creer… El caso es que tenemos a un Arthur que no las ve venir por ningún lado; tiene a la organización Tritón merodeando por su reino marino y despertando al Criptozoide (algo así como la mascota de la familia real altantiana), a sus súbditos (incluso a los más leales) conspirando contra él y con todos esos problemas él decide, convencido por Mera (a la que los atlantianos desprecian a la cara, y a la de Arthur, sin que éstos partan alguna que otra cara, a nadie sorprende que Mera tampoco quiera estar mucho por su reino, ¿no?), irse de retiro espiritual al faro y a la fiesta aniversario del Instituto.

Normal que luego llegue un pringao cualquiera, se infiltre en su casa de la forma más sencilla posible, robe su tridente y traiga de vuelta (¿miles de años después?) a los “hijos de los gigantes”, enemigos jurados de Atlantis y de paso a cierto personaje que fue traicionado en la Antigüedad por el rey de Atlantis. No sé, cuando algo así le sucedía a Tony Stark éste al menos tenía la excusa de estar como una cuba, aquí la actitud de Arthur es totalmente irresponsable (matas al Criptozoide, algo así como el protector sagrado de Atlantis, ¿y decides que lo mejor es irte al baile del instituto?), vale para patear el culo al bicho que se le ponga por delante, pero la impresión que da es que Jeff Parker le debe una enorme disculpa a Aquaman por estos números, son entretenidos de leer… si no piensas demasiado en la actitud de los personajes… y, además, el pobre Criptozoide no se merecía ese final y tampoco me queda claro porqué lo acaba matando Aquaman… Supongo que todo tendrá que ver con ir poniendo al pueblo atlante en contra de Aquaman (de Mera ya lo están) y que los toques de la mitología griega (lo más interesante del volumen) irán a más mientras que se le intenta deponer de su reinado… pero es una teoría…

Del dibujo de este volumen se ocupan Paul Pelletier y Netho Diaz, siendo Paul el dibujante regular de la serie. Lo cierto es que noto mucha añoranza del trabajo de Ivan Reis, pero considero que es bastante injusto con el trabajo y nivel exhibido por Pelletier, y es que habría que ver cómo le quedaban las páginas con la “ayuda” de Netho Díaz (joer, parece malo con avaraicia) y los cuatro entintadores y cinco coloristas que sufre Pelletier sólo en estos números. Aún así gráficamente Aquaman está a buen nivel (a pesar de la diadema de Mera y de algún otro detallito) y si en DC se decidiesen de una vez por un entintador y un colorista la cosa podría mejorar muchísimo.

En cuanto a la edición de ECC, bueno, me resulta impecable, no sólo es un formato económico, sino que también está repleta de artículos, algunos genéricos, pero uno muy interesante y extenso firmado por Felip Tobar sobre Aquaman.

En definitiva, este volumen me ha resultado algo fallido, Jeff Parker no comienza de la mejor de las maneras posibles, quizás el peso de la etapa anterior pesa demasiado sobre él, la única esperanza es que parece tener planes de explorar la vertiente mitológica griega y que eso puede ser muy interesante, así que habrá que ver qué sucede en los próximos números, y a ver si Paul Pelletier consigue un único entintador y un colorista.