Es, como poco, muy triste que sean muchos, multitud, ¡demasiados!, quienes ignoren quien es Rob-Vel, pese a que su creación más popular seguramente les ha ofrecido muchas más horas de entretenimiento que alguno de los personajillos que suelen recorrer el bestiario televisivo de hoy en día. Pues, ¿quién no ha disfrutado, durante su infancia y su juventud, con las aventuras de Spirou y Fantasio?
 
 
image11942. Bruselas ha sido ocupada. Spirou es en ese momento botones del Hotel Moustic, que ha sido requisado por los alemanes. Fantasio trabaja para el periódico Le Soir y no paran de discutir la proximidad de uno u otro hacia el enemigo ocupador. Pero lo que Fantasio ignora es que Spirou, bajo el pseudónimo de Ardilla Valona, es un miembro muy activo de la resistencia belga. El coronel Helmut Von Knochen, principal inquilino del Hotel Moustic, sede actual de la Geheime Staatspolizei alemana, se encuentra a punto de lanzar una tremenda ofensiva para capturar a toda la resistencia belga. ¿Podrá Spirou llegar a tiempo para impedir esta diabólica redada? ¿Conseguirá escapar de las sospechas del coronel y de las garras de los nazis?
 
Las aventuras de Spirou y Fantasio fueron creadas originalmente por Robert Velter ‘Rob-Vel’ para la revista de Jean Dupuis «Le Journal de Spirou» en 1938, y es uno de los clásicos eternos e imprescindibles del cómic europeo. Con 75 años recién cumplidos se mantiene tan joven como el primer día. En nuestra opinión, incluso mejor. El tiempo le ha sentado muy bien al botones del Moustic Hotel y los autores que han trabajado en sus aventuras, así como los spin-off o hors-série («El pequeño Spirou» o las aventuras del Marsupilami en solitario en la selva de Palombia), han dejado huella y son referentes ineludibles del BD francobelga. Es un hecho consensuado que el máximo nivel lo alcanzó el maestro André Franquin, pero hasta doce autores diferentes como Jijé (creador de Fantasio), Franquin, Janry y Tome (creadores de la versión infantil del personaje, el pequeño Spirou), Fournier, Munuera y Morvan, Chaland, y en la actualidad Yoann y Fabien Velhman, siguieron con respeto y un nivel muy alto la senda establecida por el belga de la Escuela de Marcinelle.
Con un total de 55 volúmenes publicados en Francia, los álbumes de Spirou y Fantasio son un género en si mismo que, en su mayoría y afortunadamente, han ido llegando a nuestro país y en nuestro idioma a lo largo de los años.
 
La editorial madrileña de cómics Dib·buks, fundada allá por el año 2004, acaba de cumplir su primera década de vida, y para celebrar su cumpleaños nos sorprendieron hace algunos meses con una noticia tan inesperada como deseada: iban a incorporar a su catálogo a Spirou, a Fantasio, al Marsupilami, a la ardilla Spip, a Seccotine, al chiflado conde de Champignac, y a sus antagonistas Zorglub, Zantafio o Cianuro. Sin duda, uno de los grandes lanzamientos editoriales de este año 2015, empezando con este «El botones de verde caqui» de Yann y Schwartz para seguir después con «Spirou y Fantasio Integral 12 (1980-1983)» de Nic y Cauvin, el número 51 de «Spirou y Fantasio» de Vehlmann y Yoann titulado «Peligro, Zorkons», y «Spirou y Fantasio Integral 13 (1981-1983)» de Tome y Janry.
Las palabras de Ricardo Esteban fueron toda una declaración de intenciones de una editorial a la que aquí, en ViaNews, tenemos un cariño especial puesto que tienen una línea editorial que parece alimentarse de nuestros sueños más íntimos: «Dentro de nuestra decidida apuesta por el cómic y la novela gráfica juvenil, Spirou va a destacar con luz propia. Tanto por su estilo gráfico como por sus historias, llenas de aventuras, viajes e inventos descabellados. Es una serie cien por cien Dibbuks». Y por este motivo la editorial francesa Dupuis, madre de Spirou, les confió su serie más internacional y su buque insignia.
Con Dib·buks volveremos a viajar hasta los Siete Budas para rescatar a Longplaying, nos enfrentaremos a John Helena y los Hombres Burbuja para recuperar el pecio del ‘Discreto’, ayudaremos a Marcelin Switch a rescatar al rey Ladislas de Bretzelburg, nos adentraremos con Seccotine en las selvas de Palombia para conocer los signulares hábitos de la familia del Marsupilami, lucharemos por detener a la androide Cianuro,… Una montaña rusa de diversión y aventuras que harán las delicias de todos los aficionados al cómic, y a todos los miembros de la familia. ¡Abróchense los cinturones, que vienen curvas!
 
La primera aventura que ha publicado Dib·buks forma parte de una serie que se desarrolla al margen de la serie principal, una colección especial de álbumes ‘one-shot’ titulada «Una aventura de Spirou y Fantasio por…», con volúmenes autoconclusivos creados por artistas invitados como Frank leGall, Émile Bravo o Lewis Trondheim. Es «Un botones de verde caqui», publicada originalmente en 2009, donde el dibujante Olivier Schwartz («Gringos Locos», «Les enquêtes de l’Inspecteur Bayard»,…) y el guionista Yann («La patrouille des libellules», «Pin-Up», «Tako»,…) nos trasladan hasta el año 1942, a las calles de Bruselas ocupadas por las tropas alemanas que se extendían por Europa sin que nadie pareciera capaz de detener su avance. Los ejércitos ‘boche’ dominaban Luxemburgo, Bélgica, los Países Bajos y Francia desde 1940, y los belgas habían capitulado tras sólo tres semanas de enfrentamientos. La mayor parte del país fue liberado por las fuerzas aliadas entre septiembre y octubre de 1944, y los libros de historia elogian la fortaleza de su gente frente a las tropas alemanas que se habían adueñado de su país y dicen que fueron muchos los belgas que se involucraron en la resistencia de forma armada o pasiva contra las fuerzas nazis,. Pero toda foto brillante tiene un negativo oscuro, y algunos también decidieron colaborar con los invasores. De hecho el apoyo de parte de la población belga le permitió al ejército alemán reclutar hasta dos divisiones de las Waffen-SS en Bélgica y también contribuyó a facilitar la persecución de los judíos belgas, y hasta 25.000 fueron asesinados. En 2007, en un informe del Centro de Investigación Histórica y Documentación sobre la Guerra y la Sociedad Contemporánea, un grupo de historiadores concluyó que Bélgica ofreció una «máxima colaboración administrativa» a las fuerzas alemanas.
Es en este contexto que encontramos a Spirou, como botones del Hotel Moustic de Bruselas, que ha sido requisado por los alemanes, sirviendo cafés a los invasores. Nuestro héroe, aparentemente al servicio de los oficiales alemanes, en realidad es un agente infiltrado por la resistencia que se encarga de obtener información valiosa para la lucha de los rebeldes. Ni siquiera su mejor amigo Fantasio, un tipo peculiar que también anda involucrado en operaciones secretas con la resistencia, conoce su verdadera filiación y piensa que es un colaboracionista. Juntos viviran una emocionante historia con aromas de Hitchcock, con una misteriosa arma secreta que puede decantar el resultado de la contienda y con muchos elementos propios de las novelas de espías.
Y es que la resistencia a la ocupación alemana en Bélgica desde 1940 hasta 1944 fue fragmentada y localizada, pero sobretodo destacaron las numerosas líneas que se establecieron para ayudar a evacuar a los aviadores aliados. Una de ellas, la Línea Cometa, contó con una serie de casas seguras a lo largo del país y los aviadores permanecían con familias belgas que apoyaban la resistencia hasta que podían huir.
 
No hace ni veinticuatro horas que he terminado de leerme por segunda vez «Un botones de verde caqui» y sigo dando vueltas a lo que he leído. Es un Spirou, sin duda, pues el botones y su fiel amigo Fantasio protagonizan la aventura, pero hay muchos elementos que no son habituales de los cómics de Spirou. Es como un donut de chocolate: está buenísimo, pero su sabor tiene poco que ver con el de un donut azucarado. La lista es larga, empezando por el estilo de dibujo de Laurence Croix con un entintado clásico al estilo de Max, Yves Chaland, Joost Swarte o Mique Beltrán y muy diferente al de Franquin, pasando por personajes femeninos que lucen su sexualidad sin tapujos, la mención a asuntos tan delicados y sensibles como la deportación de los judíos y los campos de concentración, un argumento muy complejo y poco infantil, y cerrando con la ausencia de su popular uniforme rojo de botones amarillos. Este último aspecto da nombre al título («Un botones de verde caqui») y es un elemento esencial de la historia que nos cuenta Yann.
No, quizás yo no habría elegido a «Un botones de verde caqui» como el álbum debut de Spirou en Dib·buks y habría apostado por uno de los clásicos de Franquin (¿»Spirou y los herederos» del año 1952 o «Z como Zorglub» en 1960?), pero por algún lugar tenían que empezar. Y optaron por un ‘one-shot’ de argumento adulto para lectores que ya conocían al personaje y a los que no tenían que seducir, con una historia compleja repleta de referencias, gags y guiños. 
 
En conclusión, este álbum es un trabajo interesante que nos sirve de puerta de entrada a una colección, la de Spirou de Dib·buks, que nos ofrecerá muchas horas de satisfacción durante los próximos años (muchos años, puesto que la programación prevista es de cuatro títulos por año). Sí, lo repetiremos las veces que sea necesario: nos alegramos mucho que Dibbuks eligiese celebrar su décimo aniversario con el ‘fichaje’ de uno de los personajes más queridos de la historia del cómic y un hito de la bande dessinée francobelga.
 
Un botones de verde caqui.
Dibujante: Olivier Schwartz
Guionista: Yann
Colorista: Laurence Croix
Título original: «Une aventure de Spirou et Fantasio. Le groom vert-de-gris»
Edición original: Dupuis (Bélgica)
Edición en castellano: Dib·buks
Colección: Spirou
ISNB: 978-84-15850-66-3
Formato: 24x32cm. Cartoné. Color.
Páginas: 64
Precio: 16 euros