¿Estáis preparados para ver trabajar a una tonelera, una herrera, una tintorera, un tapicero de tatamis y un grupo de enlucidores en el Japón histórico del período Edo? Si habéis contestado que sí no tenéis que perderos «Los artesanos del barrio«, el nuevo manga en formato tankobon recién horneado por Panini Cómics.
Quien muestra absoluta disposición pero ninguna destreza no tiene valor como artesano. “Quien muestra absoluta destreza pero ninguna disposición no está cualificado para ser artesano”. Una tonelera, una herrera, una tintorera, un tapicero de tatamis y un grupo de enlucidores. Todos ellos, incansables, se entregan cada día con afán y pericia a sus oficios en el barrio en el que viven. Así es la vida diaria de los artesanos de Kanda en el Japón histórico del período Edo
«Los artesanos del barrio» consigue convertir lo cotidiano en una experiencia fascinante. Akihito Sakaue debuta con una obra que, a primera vista, parece limitarse a mostrar el trabajo de distintos oficios tradicionales del Japón del periodo Edo. Sin embargo, basta leer unas pocas páginas para descubrir que detrás de esa premisa aparentemente sencilla se esconde un sentido de la observación extraordinario y un profundo amor por el trabajo bien hecho.
Este primer volumen reúne varias historias independientes ambientadas en un mismo barrio de Kanda. Cada una está dedicada a un artesano diferente: una fabricante de cubos de madera, un herrero especializado en espadas, una tintorera de índigo, un artesano del tatami y, finalmente, un grupo de enlucidores cuya historia ocupa la parte final del tomo. Aunque los protagonistas cambian de un capítulo a otro, todos forman parte de una misma comunidad y comparten una manera de entender el trabajo como algo que va mucho más allá de ganarse la vida. Aquí el oficio es identidad, orgullo y una forma de relacionarse con los demás.
Lo curioso es que Akihito Sakaue apenas necesita recurrir a grandes conflictos para mantener el interés. Muchas veces simplemente observamos a los personajes elegir materiales, medir, cortar, lijar, teñir o ensamblar piezas. En manos de otro autor esto podría resultar tedioso, pero ocurre exactamente lo contrario. Cada gesto transmite años de experiencia, cada herramienta parece tener un peso real y cada proceso está explicado con una naturalidad que invita a contemplarlo casi con la misma fascinación que un documental sobre artesanía tradicional.
El dibujo tiene muchísimo que ver con esa sensación. El nivel de detalle es espectacular sin caer nunca en el exceso. Se nota el enorme trabajo de documentación detrás de cada página: los talleres, las herramientas, las texturas de la madera, el metal al rojo vivo o las telas impregnadas de añil poseen una autenticidad que hace muy fácil sumergirse en la época. Pero lo más impresionante son las manos. Es difícil recordar otro manga reciente donde las manos transmitan tanto. Sujetan, moldean, golpean, cosen y acarician los materiales con una precisión que convierte cada página en un pequeño homenaje al trabajo manual.
A medida que avanzan los capítulos también empiezan a asomar pequeñas historias personales. La tintorera busca desarrollar un estilo propio dentro de un oficio profundamente tradicional; el herrero mantiene la exigente relación entre maestro y aprendiz; los enlucidores, cuya saga se desarrolla en varios capítulos, deben coordinarse como un auténtico equipo para completar un encargo especialmente complejo. A excepción de este último gremio, en el incluso hay tortazos, son conflictos discretos, casi siempre tratados con enorme delicadeza, pero suficientes para recordar que detrás de cada objeto hay personas con dudas, aspiraciones y orgullo profesional.
También resulta interesante la naturalidad con la que el manga refleja la vida cotidiana del periodo Edo. No intenta convertir el contexto histórico en una lección académica ni en una sucesión de datos. Todo aparece integrado en la rutina de los personajes: los barrios, los clientes, los comerciantes o incluso el distrito del placer de Yoshiwara forman parte del paisaje sin necesidad de largas explicaciones. Esa sencillez hace que el mundo resulte creíble y muy vivo.
Quizá quien busque una trama intensa o giros constantes se sienta algo desconcertado. «Los artesanos del barrio» apuesta claramente por otro ritmo. Es un manga pausado, contemplativo y muy consciente de que el verdadero espectáculo está en observar cómo alguien domina un oficio tras años de aprendizaje. Esa confianza en el poder de la rutina y de los pequeños gestos termina siendo una de sus mayores virtudes.
Panini Manga sabe que tiene entre manos un manga especial y nos ha procurado una edición muy cuidada de «Los artesanos del barrio» (Kanda Gokura-chou Shokunin-Banashi) (神田ごくら町職人ばなし), presentada en un formato tankobon de tapa blanda con sobrecubierta, con traducción de Nuria Cimas de Daruma. Calidad asegurada.
En una época en la que casi todo parece fabricarse de forma rápida y desechable, la obra de Akihito Sakaue funciona también como un recordatorio del valor del tiempo, la paciencia y la dedicación. No pretende idealizar el pasado, pero sí transmitir respeto por quienes dedicaban toda una vida a perfeccionar una habilidad. El resultado es un manga diferente, elegante y tremendamente absorbente, capaz de convertir la fabricación de un cubo de madera o el teñido de una tela en algo tan emocionante como una escena de acción. Una pequeña joya para quienes disfrutan de las historias tranquilas y de esos autores capaces de encontrar belleza en los detalles más cotidianos.
Los artesanos del barrio #1
Autor: Akihito Sakaue
Formato: 14,8x21cm. Rústica con sobrecubierta
Páginas: 224
Precio: 12,95 euros












Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja