Hace unos días recuperábamos uno de los éxitos del año 1987, “Wall street”, ahora toca ya comentar qué tal está su continuación, firmada de nuevo por Oliver Stone y protagonizada por Michael Douglas y Shia Lebouf.

**
Título original: Wall Street: Money never sleeps.
País: EEUU.
Duración: 137 min.
Género: Drama.
Interpretación: Michael Douglas (Gordon Gekko), Shia LaBeouf (Jake Moore), Josh Brolin (Bretton James), Carey Mulligan (Winnie Gekko), Susan Sarandon (Sylvia Moore), Frank Langella (Louis Zabel), Eli Wallach (Jules), Vanessa Ferlito (Audrey). Guión: Allan Loeb y Stephen Schiff, basado en los personajes creados por Stanley Weiser y Oliver Stone.
Producción: Edward R. Pressman y Eric Kopeloff.
Música: Craig Armstrong.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: David Brenner y Julie Monroe.
Diseño de producción: Kristi Zea.
Vestuario: Ellen Mirojnik.
Distribuidora: Hispano Foxfilm.
Estreno en USA: 23 Abril 2010.
Estreno en España: 8 Octubre 2010.

Oliver Stone es siempre un director interesante y lo es a dos niveles, el visual y el argumental. En ambos es alambicado y valiente, siempre lo ha sido, pero lamentablemente no ha hecho una gran película desde “JFK” y eso fue en el año 1991. Con esta continuación probablemente quería aprovechar las virtudes de aquel “Wall street” de 1987 que es también una de sus mejores películas con la ya mencionada, “Platoon”, “Hablando con la muerte” y “Nacido el cuatro de Julio”; pero el resultado sólo es correcto, lo cual es una pena, porque la crisis financiera era un buen punto de partida para resucitar el proyecto con una continuación y el reparto era prometedor.

Me ha pasado con “Wall street, el dinero nunca muere”, algo muy parecido a lo que me ocurrió con “Alexander” o con “World trade center”, son películas que tienen su interés, que se pueden ver, que tienen sus aspectos positivos, pero que a fin de cuentas dan la sensación de quedar desaprovechadas, como si Stone no hubiera logrado exprimir de ellas todo el jugo que tenían potencialmente.

Una posible explicación puede estar en un guión que no termina de “explotar” ninguna de sus posibilidades argumentales. En esta ocasión la historia acontece veinte años del ingreso en prisión de Gordon Gekko, no por lo que vimos en la primera parte (de hecho reaparece el personaje de Charlie Sheen en un momento de la película y el trato entre ellos casi es afectuoso), sino por otro asunto posterior. La cárcel le ha cambiado, ha envejecido, pero su visión de los negocios de Wall Street sigue intacta y eso le viene bien a Jacob (Shia Lebouf. Me gusta cuando Gekko le dice algo así como “Nunca te quejes, el llorica de la clase nunca tiene buena prensa”), el novio de su hija Winnie (Carey Mulligan) que sintiéndose traicionada no quiere saber nada de su padre. La crisis económica, la idea de la burbuja financiera, el conflicto entre el padre y la hija y el enfrentamiento entre el joven Jacob y otro tiburón financiero, Bretton James (brillante como siempre Josh Brolin) daban juego para una película más intensa, pero ninguno de los hilos argumentales logra tener la fuerza y el interés que sí tenía la primera parte y no porque los actores no cumplan, que están todos bastante bien (incluido un ancianísimo Eli Wallach).

Por supuesto Oliver Stone vuelve a recrear magníficamente ambientes (visualmente sus imágenes de Nueva York desde el helicóptero son muy atractivas y apuesta por una puesta en escena muy luminosa que contrasta en cierto modo con nocturna de la primera película y por recursos visuales como el time lapse para transmitir la vorágine humana de la ciudad) y logra mostrar en pantalla todo lo que significa el mundillo de Wall Street: ambición, tejemanejes económicos y confabulaciones (qué obsesión tiene este director por los chanchullos de las clases dominantes), ostentación; pero todo lo que propone se queda a medio gas. De hecho un buen ejemplo de ello es la escena de la carrera en motos. En un momento dado Jacob reta a una carrera en moto a Bretton James y como espectador esperas ver una escena impactante, pues bien, visualmente es una escena vistosa, pero realmente queda por debajo de lo que prometía, es un buen ejemplo de lo que es esta película.

Realmente lo mejor de esta continuación no es el argumento (particularmente me parece endeble y el final es incluso poco coherente e insulso), no es el atractivo visual (que sí lo tiene), no es la recreación de ambientes ni la descripción de Wall Street, como sí ocurría con aquella primera parte, todo queda en un quiero y no puedo correcto, sin más; lo verdaderamente interesante son los encuentros y diálogos de los personajes que son a la postre los que salvan la película y le dan interés. Michael Douglas, Josh Brolin, Carey Mulligan y Shia Lebouf con su presencia, con sus primeros planos y sus actuaciones son los que evitan que la película resulte insulsa.

En definitiva, una secuela correcta, lo cual es poco teniendo en cuenta la primera parte y lo que esperábamos puesto que podría haber sido el particular “Padrino” de Oliver Stone (creo que productora y él mismo así lo pensaban también a juzgar por el cartel de la película). Se puede ver, pero no te deja KO salvo por comprobar cómo el paso de los años nos afecta a todos, incluido un Michael Douglas que está ya muy mayor.

Por último un apunte: los títulos de crédito finales merecen la pena.