Una de las grandes adaptaciones de la literatura al cine, una de las grandes películas del cine español, título indiscutible e imparecedero. Son pocos los calificativos que puedan darse a esta película, que crece incluso con el paso del tiempo. De visión imprescincible para cualquier buen aficionado al cine, no os la perdais bajo ningún concepto.
OBRA MAESTRAPaís: España
Duración: 107 min.
Género: Drama, constumbrista
Reparto: Alfredo Landa (Paco el bajo), Terele Pávez (Régula), Belén Ballesteros (Nieves), Juan Sánchez (Quirce), Susana Sánchez (la niña chica), Francisco Rabal (Azarías), Ágata Lys (doña Pura), Agustín González (don Pedro), Juan Diego (señorito Iván), Mary Carrillo (señora Marquesa), José Guardiola, Manuel Zarzo (Doctor), Francisco Torres, José Salvador, José Manuel Sito, José Albiach, Rafael Serna, Maribel Martín
Distribuidora: United International Pictures (UIP)
Productora: Televisión Española (TVE), Ganesh Producciones Cinematográficas
Dirección artística: Rafael Palmero
Efectos especiales: Reyes Abades
Fotografía: Hans Burman
Guión: Antonio Larreta, Manolo Matji, Mario Camus
Maquillaje: Josefa Rubio, Juan Farsac, María José Domínguez, Mariano García Rey
Montaje: José María Biurrún
Música: Antón García Abril
Novela original: Miguel Delibes
Sonido: Carlos Faruolo, Claudia Radoszynski, Eduardo Fernández, Luis Castro
Vestuario: León Revuelta Marina Rodríguez
Desde que vi por primera vez “Los santos inocentes” y ya van cuatro, me pareció que no se podía hacer mejor una adaptación ni una película. De hecho yo diría que es un buen ejemplo de “Obra maestra” de película perfecta porque todo es magnífico.
No sólo es que la película mejora cada vez que la ves, no es sólo que consiga su objetivo a la perfección (no obviemos que el argumento carga contra una sociedad y una época), no es sólo que te deje una huella imborrable, un regusto inolvidable, un poso agridulce a medio camino entre la indignación, la impotencia y el buen “sabor” de todo lo que se disfruta; además, te penetra, se instala en tu memoria y te queda para siempre asida a tus mejores recuerdos del cine español gracias a una colección de escenas y personajes sencillamente antológicos.
Gran culpa de todo la tiene la novela de Miguel Delibes, por supuesto. No voy a cometer el desliz de decir que el novelista no fuera valorado en vida, que lo fue y mucho, pero siempre he tenido la impresión que su estilo sencillo, su fácil lectura le perjudicaban en la opinión de muchos y en cambio, cuando lees a Delibes sientes que es veraz, que lo que te cuenta no sólo es verosímil sino también revelador. Seguramente es uno de los autores que mejor ha reflejado muchas de las realidades de la España del siglo XX, sobretodo de la rural y con el tiempo es seguro que sus obras se convertirán casi en testimonios históricos.
Mario Camus (“La colmena”, “La casa de Bernarda Alba”, “Sombras en una batalla”, “El color de las nubes”, “Fortunata y Jacinta” (TV) o “Curro Jiménez” (TV)) es un director en especial sintonía con las adaptaciones literarias y hace con la obra de Delibes un gran trabajo que en su día fue muy aplaudido incluso a nivel internacional, no en vano Alfredo Landa y Francisco Rabal ganaron el premio de interpretación ex aequo en el Festival de Cannes (todo el reparto no obstante está perfecto, en concreto Juan Diego raya al mismo nivel si no superior que los dos protagonistas).
Ante todo Camus sabe captar a la perfección el ambiente rural y social de la época por lo que la película constituye un auténtico viaje en el tiempo y el espacio para asistir a la sórdida realidad de las familias más humildes y a la cínica prepotencia de los terratenientes durante la España franquista. No sólo es que de pronto nos encontremos en los años 60’s sino que esos ambientes campestres son perfectamente reconocibles para quien haya vivido en entornos rurales. Dirección artística, puesta en escena y esa fotografía a veces lúgubre y a veces luminosa de Hnas Burmann perfectas.
La historia es especialmente reveladora porque al tiempo que describe una época y un status quo, enfrenta los valores de dos clases sociales destinadas a chocar por la pura inercia de sus comportamientos. Junto a la soberbia, el egoísmo y el afán por sobresalir de unos cohabitan la humildad, la sumisión y la docilidad de los otros pero inevitablemente es una situación insostenible porque ante los desmanes sólo cabe reaccionar, aunque sea desde la más pura inocencia. El señorito Iván y Azarías son precisamente los dos polos de esas dos realidades y el conflicto se produce precisamente entre ellos.
Una vez vista “Los santos inocentes” te dejan la sensación de haber visto una de las mejores películas que has visto nunca y ya adelanto que sucesivos visionados reafirman esa impresión e incluso la mejoran; pero también te hace zozobrar en cierto modo, recordándote que hubo un tiempo en que los Paco el bajo, Régula, Azarías y el señorito Iván fueron posibles y que todavía lo son al modo actual porque diferencias sociales siempre las va a haber y desgraciadamente los “señoritos” son una clase inextinguible porque también para tener posición hay que tener clase, humanidad y solidaridad con los demás.















Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal