Se acerca la entrega de los Goyas así que vamos a hacer un repaso de las principales candidatas. Como la reseña de “Buried” (Enterrado) la tenemos disponible aquí, seguimos con otra de las nominadas a mejor película.

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Título original: Pa negre.
País: España.
Duración: 108 min.
Género: Drama.
Reparto: Francesc Colomer (Andreu), Marina Comas (Nuria), Nora Navas (Florencia), Roger Casamajor (Farriol), Lluïsa Castell (Ció), Marina Gatell (Enriqueta), Laia Marull (Pauleta), Eduard Fernández (maestro), Sergi López (alcalde).
Guión: Agustí Villaronga; basado en la novela de Emili Teixidor.
Producción: Isona Passola.
Música: José  Manuel Pagán.
Fotografía: Antonio Riestra.
Montaje: Raúl Román.
Dirección artística: Ana Alvargonzález.
Vestuario: Mercè Paloma.
Distribuidora: Emon.
Estreno en España: 15 Octubre 2010.

El director mallorquín Agustí Villaronga se “reveló” en 1987 con su primer largometraje, “Tras el cristal”, una película que no sólo acogió mejor la crítica que el público, sino que la ensalzó hasta situarla como una de las mejores películas españolas de los años 80’s. Aquel fue el inicio de una filmografía más bien escasa, pero con su propia idiosincrasia, ajena a modas y poseedora de formas expresivas muy personales que nos obligan a clasificar al director bajo el membrete de “autor” en una línea en cierto modo similar a otros directores con universo propio como Víctor Erice.

“Pan negro” (“Pa negre” en el catalán original) es su mayor éxito, su película  más asequible para la taquilla, con la que ha conquistado al público y ha cosechado nada menos que 14 candidaturas a los premios Goya (entre ellos mejor película y mejor director) y todo merced a un drama ambientado en la postguerra civil, basado en la novela del mismo título de Emili Teixidor y otros dos textos: “Retrat d’un assassí d’ocells” y “Sic transit Gloria Swanson”. La película se presentó en el Festival de San Sebastián y para muchos fue la mejor a concurso.

El asunto que aborda es el “despertar” de la infancia de Andreu, un niño que en su pueblo de la Cataluña rural, se topa de pronto, tras la guerra civil, con las miserias resultantes de pertenecer al bando perdedor y entre ellas ese “pan negro” que ofrecen vencedores a vencidos y no comento más porque lo mejor que tiene la película es precisamente eso, que te sitúa a su nivel y te va mostrando todo lo que se oculta tras las apariencias de un mundo adulto repleto de odios, envidias y prejuicios.

Pocas veces he visto una película que resulte tan clarividente en eso tan complicado que es demostrar que los dos bandos de un enfrentamiento son “buenos” y “malos” a la vez y pocas películas han contado con tanta maestría el paso de la infancia a la adolescencia, con todo lo que esto implica, el descubrimiento de las pasiones y el choque (brutal en este caso) con el mundo adulto.

“Entramos” en la película con una cierta inocencia, aunque en seguida, tras unos minutos iniciales extraordinarios, nos topamos con un suceso terrible (magníficamente rodado por cierto) y a partir de ese momento la cámara se sitúa a la altura de Andreu para ir descubriendo a la vez que él los entresijos de la realidad que le rodea. Asistimos así a una transición, a un cambio personal que se va operando escena a escena, suceso a suceso, que obliga a tomar conciencia y a luchar contra el dolor de una hiriente realidad que para nada tiene que ver con los paraísos de la infancia. En el fondo la película habla de sentimientos, aunque el tema general se centre en los efectos en una aldea rural de la victoria de los nacionalistas sobre los republicanos.

Si se ve, cuidado, recomiendo que se vea en versión original, es decir, en catalán con subtítulos en castellano. Yo no lo hice y la verdad es que creo que pocas veces ha salido tan perjudicada una película con el doblaje, al menos a juzgar por la diferencia con las escenas que he visto en versión original y es una pena porque se disfruta menos de las actuaciones y el elenco de actores no sólo es espectacular sino que raya a gran altura interpretiva destacando, como no, a una Nora Navas que está inmensa y que ha sido nominada al Goya a mejor actriz (también están muy bien y han sido nominados Laia Marull, Sergi López, Marina Comas y Francesc Colomer y el resto, aunque no hayan sido nominados).

No sólo es en las interpretaciones en lo que la película es destacada. Como he indicado antes Villaronga es un director con una impronta muy personal, con un estilo propio, distinto a cualquier otro, algo que se nota desde el primer fotograma. Aunque está filmada con un estilo clásico, ajeno a por completo al ritmo visual de series y películas actuales, posee una atmósfera distintiva, una suerte de llamémosle “poesía” visual que es la que consigue el director en los momentos más íntimos, cuando sigue al pequeño Andreu por el bosque, por las penumbras de su casa, por los senderos próximos al pueblo y que se enfrenta a un tono más cruento, brutal y desgarrador. Evidentemente todo el aparato técnico ayuda, me refiero a que la fotografía, los juegos de luces y sombras, la banda sonora, la ambientación  confieren a la historia una atmósfera especial, distinta, muy acorde con la época que recrea pero también con una sensibilidad peculiar y con el desgarro emocional que nos va relatando.

No es “Pan negro” pese a todo una de mis películas favoritas del cine español, terminé con la imprensión de que lo que contaba era más intenso que el efecto que había provocado en mí (en muchos momentos pensé que la intensidad dramática quedaba afectada por el doblaje en castellano) pero reconozco que su visionado fue una experiencia distinta, quizás por eso Villaronga resulta tan especial para la crítica, porque proporciona un disfrute  del cine radicalmente distinto a otras muchas películas de argumentos y temáticas similares. Por así decirlo, demuestra que si las historias están ya todas contadas, las formas de abordarlas son infinitas y cada una de ellas enriquecedora.

Mi experiencia como espectador de “Pan negro” fue única, me trasladé a un microcosmos diferente, de otra época y recordé en cabeza ajena eso tan duro por simple que sea que consiste en dejar atrás la infancia. En el caso de Andreu es además topándose con una realidad cruda e impactante, demoledora de alguna forma, en la que se vislumbra que nada es lo que parece y que defectos los tienen incluso los más cercanos, incluso las personas que nos cuidan o educan y a las que queremos, que el enemigo en último término es la incomprensión, la ambición, el enfrentamiento en sí y el precio del aprendizaje puede ser duro, muy duro.

Las últimas imágenes de “Pan negro” no te zarandean, la película no termina in crescendo, pero sí acaba dejándote un profundo poso de melancolía y tristeza y una idea que ronda por tu mente tras descubrir que al fin y al cabo todos los personajes que rodean al protagonista tienen luces y sombras…..Quizás no son ellos causantes sino víctimas y los verdaderos agentes del vaivén de alegrías y penas que es la vida pueden ser más bien el momento y el contexto. Andreu también es una víctima y pese a su mirada cándida, escrutadora e inocente, atesora en su interior su propio demonio, igual que todos los demás.

Una recomendable película en la que se mezcla recreación de época, lirismo, drama e incluso suspense (maravillosa en todo momento la presencia “fantasmal” de Pitorliua).