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La idea era presentar uno de los supervillanos de la saga «Spiderman» y aprovechar con tono cómico la lucha interior del personaje de Tom Hardy cuando es parasitado por el alienígena que le transforma, pero funciona con altibajos porque el guión es tan flojo que lo que cuenta deja de interesarte bastante pronto. El problema no es tanto lo que cuenta, que te puede entretener gracias a la acción, sino cómo lo cuenta, qué frases dicen los personajes, cómo se articula la narración, cómo se suceden las escenas, cómo se explican las motivaciones e intereses de unos y otros. Los personajes son estereotipados (es difícil perfilar peor al malo de la función), no hay dramatismo alguno, no hay sensación de amenaza, no hay suspense interno y la comedia, que debería ser el fuerte tal y como se plantea la película, no hace gracia (al menos a mí). Es más, en todo momento da la sensación de que Tom Hardy está incómodo en su papel, como si cumpliera el encargo con cierta desgana. Terminé viendo la película por mera inercia y completamente desinteresado, espero que no os pase.