El pasado domingo, 31 de marzo, se cumplieron 25 años desde el estreno de la trascendental cinta de 1999 dirigida por Lily y Lana Wachowski. El tiempo ha demostrado sobradamente que la película significó un antes y un después no solamente en el género de la ciencia-ficción, sinó también en el cine en general. Sus avances en efectos especiales aún resuenan en el séptimo arte. Más todavía: con el debate sobre las I.A. sobre la mesa, «The Matrix» podría ser perfectamente una metáfora de una mala evolución de la inteligencia artificial. ¿Pastilla roja o pastilla azul?

Protagonizada por Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Laurence Fishburne y Hugo Weaving, a partir de un guion escrito por Andy y Larry Wachowski (antes de ser Lily y Lana), «The Matrix» nos presentó a Thomas Anderson, un tranquilo trabajador de una empresa de software que se dedica al pirateo informático en su tiempo libre con el apodo de Neo. Su doble vida se ve perturbada cuando unas palabras aparecen en su ordenador, «Matrix te posee«, y a partir de ese momento descubre que toda la vida en la Tierra quizás es sólo una elaborada y falsa apariencia creada por una I.A. con el propósito de someternos mientras nuestra esencia vital es usada para alimentarla. Una vez descubierta y aceptada la verdad Neo se unirá a un grupo de rebeldes liderados por Morfeo y Trinity con el objetivo de acabar con Matrix y devolver la libertad a la humanidad, que cree vivir una vida normal bajo la realidad programada.

Varios son los elementos que convirtieron la primera entrega de «The Matrix» en todo un referente: los innovadores efectos especiales (el ‘bullet time‘), las espectaculares coreografías a velocidades divergentes y la acción trepidante, el vestuario diseñado por Kym Barret (en poco tiempo montones de adolescentes estaban vistiendo en su día a día como Neo y Trinity), el diseño de producción de Owen Paterson y todo el atrezzo en general, y una hábil mezcla de elementos conceptuales de diferentes fuentes, desde la ciencia-ficción hasta el cine oriental de artes marciales. Y todo eso envuelto en ese original concepto de la dualidad discontinua y poliédrica entre el mundo real y el mundo virtual que podría haber firmado Philip K. Dick.

La película se llevó cuatro Oscar (mejor edición de sonido, mejor montaje, mejor mezcla de sonido y mejores efectos visuales) y contó con dos secuelas («Matrix Reloaded» y «Matrix Revolutions«) y un spin-off (los cortos de anime de «The Animatrix«).