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Drama sobre la masacre real que tuvo lugar en la isla de Utoya en Noruega el 22 de julio de 2011. De todas las formas posibles para contar el suceso el director elige un planteamiento inmersivo que nos sitúa allí mismo, usa su cámara como si fueran nuestros ojos y acompaña a la protagonista durante hora y poco y de ese modo vivimos en tiempo real y gracias a un logradísimo plano-secuencia todo lo que le ocurre, pero fundamentalmente su miedo, su desconcierto, su angustia. Es una cuestión muy personal que la película te guste más o menos, pero logra casi a la perfección lo que pretende, que no es otra cosa que hacerte vivir el suceso en primera persona. En mi opinión el cine permite con sus recursos y ante este mismo argumento incorporar más información o más tensión o incluso más emoción, pero aplaudo lo que la película consigue, que es que te des cuenta por tí mismo de lo indefensos que debieron  estar aquel día los jóvenes que padecieron aquel horror.