Durante muchos años, en mi particular sistema de catalogación de preferencias, Tim Burton fue mi director de cine favorito. Quizás la cosa se empezó a torcer con “Sleepy Hollow”, y su linea ascendente se convirtió en una curva sinusoidal que alternaba obras brillantes y rarezas inclasificables con productos mediocres y blockbusters comerciales. Pero, pese a ello, sigue siendo uno de los mejores.

diabolo_timburtonLa belleza de las imágenes soñadas por el eterno adolescente y excéntrico director Tim Burton ha sabido cautivar a críticos y espectadores por igual, desde Vincent a Big Eyes, pues ha ofrecido fotograma a fotograma una plástica y una forma de hacer cine arriesgada y personal. Su inocente, mágico universo de cuento de hadas, habitado por outsiders, monstruos, antihéroes, fantasmas socarrones, directores de cine aficionados al travestismo, marcianos invasores y chocolateros bizarros, no es más que un reflejo distorsionado de la sociedad estadounidense en su siniestro espejo roto.

Soy un acérrimo defensor del director norteamericano Tim Burton y de (casi) toda su obra (salvo “El Planeta de los Simios“, que ni me convenció entonces ni me convence hoy) pero empiezo a entender algunas críticas de sus detractores, y las quejas más recurrentes sobre su trabajo empiezan a tener algo de sentido: que si no se renueva, que si necesita reinventarse, que si cada nueva película es una repetición del estilo inconfundible del de Burbank,… “Sombras tenebrosas“, “Sleepy Hollow“, “Sweeney Todd“, “Eduardo Manostijeras“, “Frankenweenie“, incluso “Batman” o la apariencia de la próxima “El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares” tienen el inconfunible sello Tim Burton: mundos imaginarios repletos de elementos góticos y oscuros, cuyos protagonistas suelen ser seres inadaptados y misteriosos. Quizás eso es justo lo que muchos buscamos y esperamos encontrar cuando nos sentamos ante la pantalla de cine y se apagan las luces. Y la música de Danny Elfman, por supuesto.

Sí, adoro a Tim Burton y en la lista de mis diez películas preferidas incluiría un mínimo de tres obras del director de Burbank, pero desde “Sleepy Hollow” mi pasión ha bajado un par de enteros. Un autor de su talento, demostrado una y otra vez en decenas de películas, tendría que atreverse a romper con más vehemencia esas cadenas que él mismo se ha fabricado, a ir un poco más allá de ese estilo suyo tan propio e inconfundible que mezcla colores contrastados, el negro como emblema, ambientación gótica, personajes extremos cercanos al grotesco, el romanticismo (en referencia al movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII), su icono Johnny Depp, viejas referencias catódicas, clásicos del cine pulp, sus ideas oscuras y su universo de antihéroes retorcidos y tétricos,… Seguro que el genio de Burbank es capaz de mucho más, que su capacidad trasciende su sello característico y que, si quisiera y le dejaran, podría llevar la marca Burton hasta el infinito tal y como ya lo hizo en su momento, por ejemplo, el Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg al que nadie creía capaz de dejar la senda del cine de palomitas para embarcarse en el cine de alto standing y ganar Óscars como un Martin Scorsese, David Lean, Joseph L. Mankiewicz o Miloš Forman.
Así pues, entiendo esas críticas pero no las comparto. Creo que son oportunistas y sesgadas. “Bitelchús“, “Big Fish“, “Alicia en el país de las maravillas“, “Charlie y la fábrica de chocolate” o “Mars Attacks!” también son películas 100% Burton pero son propuestas muy diferentes entre sí y alejadas del estereotipo burtoniano, que también exploran vías no convencionales para explicar las historias pero que siguen ofreciendo al espectador la experiencia de disfrutar de un tipo de cine ajeno a los cánones comerciales que imperan en el cine manufacturado en serie de los grandes estudios de Hollywood. Cine de autor, de un creador ‘outsider’ que parece haber conseguido alcanzar ese viejo sueño de unir el arte e industria. Director de culto, creador de mundos insólitos, Tim Burton es diferente. Eso es innegable.

Libros sobre Tim Burton hay muchos, de los cuales media docena estan disponibles en castellano. En casa tengo el muy recomendable “Tim Burton por Tim Burton” editado por Mark Salisbury y publicado en nuestro idioma por Alba Editorial, pero en Amazon uno puede encontrar el ensayo “Tim Burton” (2013) de Marcos Marcos Arza editado por Cátedra, “Maestros de cine: Tim Burton” (2010) del crítico cinematográfico francés Aurelien Ferenzci, “Tim Burton. Diario de un soñador” (2008) de varios autores (entre ellos, Miguel Ángel Parra, autor del volumen que reseñamos aquí) editado por Jaguar, “Tim Burton” (2006) de Hilario J. Rodríguez o “Los inadaptados de Tim Burton” (2012) de Javier Figuero editado por Encuentro. Todos ellos analizan desde un punto de vista particular a este cineasta inclasificable y libre de prejuicios, y a su obra singular, y a esta lista hay que añadir ahora “Tim Burton. Simios, muciélagos y jinetes sin cabeza” del madrileño David G. Panadero (“Dark City. Mientras la ciudad duerme”, “Terror en píldoras. Las películas episódicas de terror”, “No me cuentes películas”, “Los viejos papeles”) y el barcelonés Miguel Ángel Parra (“The Rocky Horror Picture Show. 25 años de culto”, la adaptación teatral de la novela de Terry Pratchett “Mort. La obra”, “Sam Raimi. De la transgresión al neoclasicismo”, “Ed Wood. Platillos volantes y jerseys de angora”, “Enriqueta. La vampira de Barcelona”, “No es fácil ser verde“), publicada por Diábolo Ediciones, que se presenta como el mejor libro publicado sobre Tim Burton. ¿El mejor? Quizás no, pero no está nada mal y hará las delicias de los aficionados al director de Burbank.

No. “Tim Burton. Simios, muciélagos y jinetes sin cabeza” no es un libro novedoso en su contenido, ni nos descubrirá secretos sorprendentes sobre el director y su obra que nadie conocía, ni siquiera incluye datos sobre la esperada próxima película “El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares” basada en la novela de Ransom Riggs, pero su formato es muy noble, casi trescientas páginas con tapa dura, las imágenes y el material gráfico a todo color es abundante y de gran tamaño, los textos son claros y muy documentados, la composición y el diseño estan muy cuidados, y se hacen cortos los capítulos monográficos dedicados a la figura de Burton y a la música de Danny Elfman. Por el contrario el orden elegido para presentar su filmografía es discutible (orden cronológico para sus películas de imagen real, desde “La gran aventura de Pee-wee” a “Big Eyes“, y un espacio al margen para su obra de animación y stop-motion) y se echa de menos un capítulo dedicado películas en las que ha participado como productor, colaborador o impulsor (“Abraham Lincoln: Vampire Hunter” o “9“, por ejemplo). Una segunda edición de esta obra escrita a cuatro manos entre Barcelona y Madrid, o una futura edición ampliada con las nuevas películas del director, podrían solucionar estos pequeños defectos que hemos señalado.

Autor que oscila entre la luz y la oscuridad, entre la belleza y la fealdad, entre la risa y el llanto, entre la infancia y la vejez, entre el esplendor y la decrepitud, entre lo lúdico y lo intelectual, creador de versión gótica y oscura del primer Batman cinematográfico, de los cadáveres animados de “La novia cadáver”, del cuento de hadas de suburbio urbano “Eduardo Manostijeras”, de un desdichado rey de las Pesadillas que soñaba con ser tan querido como Papa Noel, de los terribles hombrecillos verdes sin escrúpulos de la divertidísima “Mars Attacks!”, o de la biografía del peor director de la historia del cine Ed Wood, entre muchos otros, Tim Burton tendrá libros monográficos como “Tim Burton. Simios, muciélagos y jinetes sin cabeza” mientras su filmografía siga produciendo, año tras año, propuestas originales y emblemáticas (¿excéntricas?) firmadas con su particular sello de autor e imaginería inconfundible.

Esperemos que nunca deje de regalarnos su cine.

La belleza de las imágenes soñadas por el eterno adolescente y excéntrico director Tim Burton ha sabido cautivar a críticos y espectadores por igual, desde Vincent a Big Eyes, pues ha ofrecido fotograma a fotograma una plástica y una forma de hacer cine.

Tim Burton. Simios, muciélagos y jinetes sin cabeza.
Autores: David G. Panadero y Miguel Ángel Parra
ISBN: 9788416217663
Fecha de publicación: Marzo de 2016
Páginas: 288
Precio: 23,95 euros