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Cuando el mes de octubre de 1994 el potente trío formado por el director y productor Steven Spielberg, el ejecutivo de Disney Jeffrey Katzenberg y el ejecutivo de música David Geffen fundaron Dreamworks el cine de animación dio un vuelco. Walt Disney Pictures no iba a estar solo allá arriba. La productora responsable de éxitos del cine de animación como «Shrek«, «Kung Fu Panda«, «Como entrenar a tu dragón» o «Madagascar» pronto iba a demostrar que había muchas posibilidades para el género que iban más allá de las propuestas de la compañía del ratón.
En el año 2001 la propuesta de Dreamworks tomó la forma de un ogro verde que adaptaba el libro ilustrado de William Steig titulado «¡Shrek!«, un personaje que iba a caricaturizar los cuentos de hadas desde la primera escena: al ritmo de «All star» de Smash Mouth, Shrek se limpia el culo en su ciénaga con una página de un cuento. En menos de una hora y media «Shrek» iba a desmontar pieza a pieza todos los cimientos de los cuentos de hadas que durante décadas habían levantado las películas de la competencia con una divertidísima película con ogros que no son malvados sinó, simplemente, asociales y princesas que no son lo que parecen y, por supuesto, no necesitan que las rescaten. También asnos parlanchines y dragones enamoradizos, príncipes encantados que no encantadores y numerosos personajes de fábula que no van a seguir el cánon establecido.
Con las voces en la versión original en inglés de Cameron Diaz, Eddie Murphy, John Lithgow y Mike Myers (Núria Mediavilla, José Sánchez, Juan Carles Gustems y Juan Antonio Muñoz en la versión en castellano), «Shrek» nos contaba que, érase una vez, un ogro verde llamado Shrek vivía en un pantano muy lejano, feliz con sus baños de barro y su particular concepto de la higiene. Pero un buen día, su preciada soledad se ve interrumpida por la invasión de un grupo de molestos personajes salidos de cuentos clásicos. En la ciénaga aparecen de repente Blancanieves, el Lobo Feroz, los Tres Cerditos, el mago Merlín, las hadas de la Bella Durmiente, un Pinocho, un Hombre de Jengibre,… todos ellos desterrados de su reino por el malvado Lord Farquaad. Shrek decide poner remedio a la situación, recuperar la tranquilidad de su hogar y que los recién llegados se vayan de su preciadísimo pantano, llegando a un acuerdo con Farquaad: deberá rescatar a la princesa Fiona, encerrada en una torre de un castillo en mitad de un volcán donde habita un feroz dragón, para que se despose con un príncipe que no da la talla. En esta misión le acompaña un asno que no sabe mantener la boca cerrada y que es capaz de hacer cualquier cosa para conseguir un amigo fiel, sobre todo si es un ogro verde.
Han transcurrido más de veinte años desde el estreno de la primera película de «Shrek«, pero el ogro verde ha seguido presente en los cines com varias secuelas («Shrek 2» en 2004, «Shrek Tercero» en 2007 y «Shrek, felices para siempre» en 2010, a la espera de una próxima «Shrek 5«) y un par de spin-offs dedicados al Gato con Botas, el héroe secundario de la saga doblado por Antonio Banderas («El Gato con Botas» en 2011 y «El Gato con Botas: El último deseo» en 2022). Shrek nació como una desconstrucción de los cuentos infantiles tradicionales, pero el resto de las películas, aunque entretenidas, se limitaron a seguir adelante con la misma idea, aumentando hasta el infinito las referencias y los guiños.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja