Una premisa argumental sugerente que se diluye con el paso de las páginas. Decepcionante. Éste es el adjetivo que mejor podrá definir la sensación que deja la lectura de «Orcos«, de Stan Nicholls, editada por Marlow.

image1Cuando una banda de guerreros orcos embarcan a su tiránica señora en una intrépida misión de consecuencias impredecibles, ponen en marcha una serie de cataclismos que tanto les pueden conducir a liberar a su raza de la persecución a la que está sometida, como hacerlos desaparecer para siempre del reino. No parece haber término medio posible.
Perseguido por una bruja iracunda, por despiadados cazadores de recompensas y por dos ejércitos sedientos de venganza, el capitán Stryke y su banda de inadaptados mercenarios orcos se lanzan a una desesperada búsqueda que debe cambiar sus vidas y salvar su mundo de la destrucción que están llevando a cabo los humanos.

«Orcos» es una trilogía de literatura fantástica escrita por el británico Stan Nicholls que nunca se había editado en castellano, ni de forma completa ni en un volumen integral. Sólo su primera parte, «La Banda de los Hurones» («Bodyguard of Lightning», de 1999), apareció en castellano de la mano de Timun Mas, pero ni las dos siguientes entregas de la serie («La Legión del Trueno y «Guerreros de la Tempestad») ni un relato añadido posterior («El secuestro») habían visto la luz. Su autor llegó a la literatura fantástica tras haber trabajado en la tienda «Forbidden Planet» de Londres, meca de la cultura alternativa (cómic, cine, literatura fantástica y ciencia-ficción), y tras haber colaborado en periódicos y revistas, como crítico y guionista. Su obra se ha publicado en muchos países, se ha traducido a docenas de lenguas y atesora numerosos premios. Y «Orcos», en concreto, puede presumir de haber vendido medio millón de ejemplares en todo el mundo y haberse convertido en una obra de culto en países como Alemania, Francia e Inglaterra.

«Orcos», como su título indica, nos cuenta las peripecias de una banda de orcos guerreros en el mundo imaginario de Maras-Dantia, recién colonizado por una ola migratoria humana que han rebautizado el lugar como Asia. El protagonismo recae, entonces, en los habituales antagonistas de la literatura fantástica, los pieles verdes, criaturas amorales y crueles, raza ruda, primitiva y salvaje, amantes de la guerra y la sangre, animales descerebrados que solamente rinden culto al caos y la violencia… aunque Stan Nicholls redibuja este perfil tradicional y dota a sus orcos de alma y sentimientos.
La idea no es novedosa, pues autores como Kiril Yeskov en «El Último Anillo» (editado en castellano primero por Bibliópolis y después por Alamut) ya se habían aventurado en este terreno, pero las posibilidades son enormes. El horizonte es brillante y las expectativas, muy altas. Lamentablemente, y pese a esta premisa argumental sugerente, los «Orcos» de Stan Nicholls se convierten pronto en una novela convencional, que en lugar de sorprender devuelve el eco de historias ya narradas y personajes ya vividos. Un original planteamiento que acaba cayendo en lo convencional de la fantasía: un malvado muy malvado, un objeto de poder, una búsqueda por capítulos, alguna sorpresa muy previsible y poco más. Más de lo mismo, nada nuevo bajo el sol. Podría haber sido una obra más ambiciosa, más novedosa, y no insistir en lo mismo de siempre pero el autor elige el camino más fácil y no se atreve a afrontar el desafío.

Mírame. Mira al orco. Hay miedo y odio en tus ojos. Para ti soy un monstruo, un merodeador agazapado en las sombras, un ogro para asustar a tus hijos. Una criatura que debe ser acechada y abatida como una bestia.
Ha llegado el momento de prestar atención a la bestia. Y de descubrir a la bestia en ti mismo. Me tienes miedo, pero merezco tu respeto. Escucha mi historia. Contempla el fluir de mi sangre y dame las gracias. Siéntete agradecido de que sea yo y no tú el que empuña la espada. Muéstrate agradecido con los orcos: han nacido para luchar y conquistar la paz para todos.

Los orcos protagonistas de la trilogía de Stan Nicholls forman parte de la banda de los «Hurones» (los «Wolverines» en su edición original en inglés), un grupo militar de élite compuesto casi exclusivamente por orcos. Son combatientes temibles y con una fama merecida de guerreros invencibles, que luchan al servicio de la oscura bruja Jennesta, a la que están sometidos por deber. La mayoría de ellos son personajes anodinos y desaprovechados, planos y sin matices. Y terriblemente previsibles. El líder del grupo Stryke, que vive su aventura con contradicciones continuas y con el miedo a asumir el liderazgo de una rebelión inevitable; la hembra Coilla, que no deja vislumbrar el menor matiz femenino y cuya ferocidad roza lo aburrido; el enano Jup entre dos mundos; el irritable e irritante Haskeer; el orco Alfray en plena crisis de madurez,… No puede decirse que sean un grupo de soldados modélicos, ya que las envidias, los celos, los roces, las amenazas y las peleas internas son parte común del día a día cotidiano en el grupo. Sin embargo, a la hora de luchar son un todo, un conglomerado compacto y entrenado capaces de cumplir las más arriesgadas y difíciles misiones.  Capítulo aparte merece la malvada de turno, la despiadada bruja Jennesta, cuya maldad sin grises ni claroscuros la convierte en una ciega de la realidad, en una incauta poco creíble, tan mal dibujada por el autor que parece increíble que una poderosa hechicera como ella no sea capaz de ver la previsible consecuencia de sus actos.
Todo el resto de elementos «perimetrales» a los personajes (la ambientación, el entorno, los escenarios, los lugares,…) ni corrigen ni compensan las deficiencias. El mundo donde sucede la historia de «Orcos» es convencional y no aporta nada que no hayamos visto ya en Faerün o en la Tierra Media, aunque es rico en fauna fantástica (enanos, gremlins, elfos, trolls, dragones, trasgos, goblins, nyadds, merz,…) y con abundantes detalles sobre las dos religiones que dividen a sus habitantes. Ni siquiera el eje vertebrador de la historia, el leitmotiv, la búsqueda de los misteriosos mediadores en forma de estrella, alimenta la curiosidad. Carece de originalidad y cae en un tópico de la literatura fantástica y de los bestsellers: la búsqueda del objeto mítico, del artefacto mágico, la solución a todos los problemas, la respuesta largo tiempo perdida, los fragmentos de la arma definitiva: la lanza Dragonlance, las piezas del ajedrez de «El Ocho», la destrucción del Anillo Único. Es una historia llena de clichés, pero se puede disfrutar de ella si se acepta que es una suma de los tópicos habituales.

El autor explica los acontecimientos de la historia a partir de una sucesión de casualidades, coincidencias e intuiciones poco creíbles, donde todo se justifica por el azar, de intervenciones Deus ex machina o por sueños y mensajes oníricos. En realidad toda la obra se reduce a una sucesión desordenada de escenas de combate unidas mediante un hilo argumental pobre y sin interés. Son luchas y refriegas sin ton ni son, bien escritas y muy bien narradas, con ritmo y el tempo adecuado, pero gratuitas y nunca aportan nada a la historia. Y los hurones de Stryke siempre vencen, aún en una lucha desigual. Algún herido, rasguños y cortes superficiales, casi nunca un muerto entre los orcos. Y cuando eso sucede la víctima siempre es un personaje secundario que ni se ha mencionado antes, un secundario menor sin peso específico en la historia. Sin duda, la «Canción de Hielo y Fuego» nos ha mal acostumbrado y ha puesto el listón demasiado alto para productos menores como éste.

Orcos.
Título original: Orcs
Autor: Stan Nicholls (
www.stannicholls.com)
Traducción: Diana Falcón
Ilustración portada: Didier Graffet
Edición: Tapa dura con sobrecubierta
Editorial: Marlow (Edhasa)
ISBN: 978-84-92472-04-8
Páginas: 896
Fecha de Publicación: Noviembre 2008

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