Es un hecho afirmado, aunque no demostrado, que los habitantes de las costas occidentales de Noruega llegaron al continente americano con varios siglos de antelación al viaje del descubrimiento de América de Cristobal Colón. Entre estos documentos que demostrarían que los vikingos habían llegado mucho antes a la costa del Nuevo Mundo hay un mapa del siglo XV, conocido como el mapa de Vinland, que confirmaría que Leif Eriksson y sus hombres, de una colonia vikinga de Groenlandia, habrían cartografíado la costa canadiense.

 

image11066. Guillermo de Normandía se prepara para la guerra contra Haroldo de Inglaterra, el traidor que le ha usurpado el trono.
1119. Los reyes occidentales han declarado la guerra a los infieles para recuperar Tierra Santa.
Cada uno de estos guerreros sigue los designios de Dios para traer la paz a su reino. Pero los caminos de Dios son inescrutables, pero la codicia humana lo es todavía más.

Sin la menor duda, “Los caminos del Señor” (“Les voies du Seigneur”) de David Fabrice, Gregoy Lassablière y Jaime Calderón ha sido el primer gran éxito editorial en la breve existencia de Yermo Ediciones, una iniciativa editorial catalana que ha recuperado el sentido clásico del cómic como un medio narrativo popular y cuya primera función es la de entretener. Sin cifras ni datos sobre la tirada y las ventas, es suficiente con navegar un par de minutos y moverse por la red para confirmar que las menciones a este díptico histórico que incluye grandes batallas y pequeñas escaramuzas, templarios y sajones, cruzados y hashashin, son numerosas, y que son muchos los foros han sacado humo comentando el acierto de Yermo al apostar por este cómic y en este formato.

Los dos números que incluye “Los caminos del Señor” nos traslada a épocas distintas, la conquista de Inglaterra por parte de Guillermo de Normandía y las cruzadas y la formación de la Orden del Temple, pero ambas comparten un hilo conductor que, en cierta manera, podría considerarse un mcguffin. ¿McGuffin? ¿Qué es un McGuffin? Es una expresión acuñada por el director de cine británico Alfred Hitchcock y que designa a una excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, un elemento que el autor introduce en la historia para que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia en la trama en sí. En este caso “un misterioso pergamino que puede cambiar para siempre la historia de la humanidad“, el famoso mapa de Vinland, un documento cuya autenticidad aún está debatiéndose, que data del siglo XV aunque está copiado de un original del siglo XIII, y donde aparecen dibujados con bastante exactitud los contornos de Groenlandia y la costa atlántica canadiense.

En la primera parte de “Los caminos del Señor” nos emplazamos en 1066, cuando Guillermo el Conquistador (1028-1087), duque de Normandía, con la autorización del papa Alejandro II se prepara para invadir Inglaterra y arrebatar el trono a Haroldo de Wessex, alegando un derecho legítimo sobre la isla al ser primo de Eduardo el Confesor, rey anglosajón de Inglaterra. En este contexto histórico concreto, que terminaría con la batalla de Hastings del 14 de octubre del año 1066, la muerte de Haroldo y la victoria de los normandos, el hermanastro de Guillermo por parte de madre, Odón de Bayeux, cumple con una misión secreta por mandato de la curia eclesiástica a la que pertenece: recuperar un mapa, propiedad del rey vikingo Harald Hardrada, que mostraría el camino al Paraíso y el viaje realizado por los pueblos navegantes escandinavos a tierras desconocidas más allá del océano. Las traiciones de los aliados, los engaños de los rivales (“ten a tus amigos cerca, pero ten aún más cerca a tus enemigos” como decía Sun Tzu en su libro “El arte de la guerra”), los intereses contrapuestos, las tretas de los hombres pertrechados en sotanas, toques de magia divina, y el valioso pergamino que cambia de manos con cada derrota de sus propietarios, marcarán el camino de Odón a la búsqueda del mapa de Leif Eriksson de Leifbundir.
En esta primera parte del díptico de Yermo Ediciones, titulada “1066 Hastings”, tanto los guionistas como el dibujante son fieles al momento concreto de la historia en el que emplazan su obra, y reducen la invención a la mínima expresión. El minucioso y detallista dibujo del barcelonés Jaime Calderón (del que editorial destaca “su espectacularidad para dibujar batallas campales y peleas cuerpo a cuerpo, pero también para reflejar las más sutiles emociones en el rostro humano“), alumno del ilustrador Rafael López Espí, y el color de Romain Lubiére, están aquí al servicio de la gran epopeya medieval narrada en el elaborado guión de David Fabrice y Gregoy Lassablière. Un momento esencial y destacado de la historia de Europa que combina con precisión lo real y lo imaginado, los datos contrastados y las licencias creativas, los personajes reales y los secundarios añadidos para dar orden a la narración, la documentación recopilada y la ambientación sugerida a través de fortalezas, paisajes de Francia e Inglaterra, interiores de madera y piedra iluminados solamente por antorchas, y campos de batalla donde reina el acero y el rojo sangre.

En “1119 Miles Christi”, la segunda parte del díptico, damos un salto de cincuenta años en el tiempo. El mapa de Vinland está ahora en manos del teólogo cistercense Bernardo de Claraval, y el religioso desea que el valioso documento se conserve en Jerusalén, a la espera de la llegada del Señor que guiará a su rebaño hasta el Paraíso. Para el peligroso viaje hasta Tierra Santa, Bernardo elige a un grupo selecto de hombres, guerreros y caballeros, a los que designa con el nombre de Miles Christi, los soldados de Cristo. Su camino los llevará por San Juan de Acre, los desiertos de Oriente Medio, el palacio de Balduino II en Jerusalén, hasta la mítica fortaleza del Viejo de la Montaña, señor de los hashashin, y como en el volumen anterior, las traiciones y las mentiras, las emboscadas y las batallas, les esperan en cada recordo del camino.
La segunda parte el tono aventurero sustituye la reproducción histórica fiel, y la narración da un vuelco sorprendente hacia la clásica historia estructurada según los doce estadios del viaje del héroe definidos por el mitógrafo estadounidense Joseph Campbell en 1949 (Mundo ordinario, La llamada de la aventura, Reticencia del héroe o rechazo de la llamada, Encuentro con el mentor o ayuda sobrenatural, Cruce del primer umbral, Pruebas, aliados y enemigos, Acercamiento, Prueba difícil o traumática, Recompensa, El camino de vuelta, Resurrección del héroe, Regreso con el elixir), con sus ajustes y correcciones. ¿Peor? Diferente.

En conclusión, “Los caminos del Señor” es un cómic fantástico con una edición fantástica, en tamaño, encuadernación, papel y extras. El dibujo es sobresaliente, y la narración clara y fluída. Los premios recibidos por Calderón confirman mi opinión (el Coup de Foudre del festival Lys Lez Lannoy, la mejor serie en el Festival de la BD de Palavas, la mejor obra medieval por el Festival de la BD médiévale de Saint Ennemie o el mejor dibujante de BD en Marly), pero también nos hace preguntar como, teniendo este talento aquí, en nuestra propia casa, no somos capaces de darle la oportunidad que le han dado en Francia. ¿Acaso la experiencia con el “Blacksad” de Guarnido y Canales no fue una lección suficiente? Somos tan provincianos y estúpidos que tenemos que esperar a que vengan de fuera para enseñarnos que la miniserie de dos volúmenes “Isabelle. La Louve de France” con guiones de Thierry y Marie Gloris para la editorial Delcourt o esta tetralogía de género histórico para la editorial Soleil “Los caminos del Señor” son joyas que deben publicarse en nuestro idioma sí o sí. Por fortuna hay gente con el olfato afinado, profesionalidad, inteligencia y sentido común, como nos han demostrado en Yermo Ediciones: han necesitado menos de medio año para ofrecernos un cómic que llevaba más de cinco años recibiendo elogios y galardones en el país vecino.

Los caminos del Señor.
Guión: David Fabrice y Gregoy Lassablière
Dibujo: Jaime Calderón (www.jaimecalderon.com)
Color: Romain Lubiére
Título original: “Les voies du Seigneur”
ISBN: 978-84-941742-8-5
Formato: 22,5×31,5cm. Cartoné. Color.
Páginas: 112
Precio: 22 euros