Reseña de uno de los más grandes clásicos del cine italiano y película fundamental en la filmografía de Federico Fellini, protagonizada por su mujer, Giuletta Masina, y Anthony Quinn.

 

https://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/LaStradaPoster.jpgTitulo original: La strada
Nacionalidad: Italia
Duración: 94 min
Género: Drama, comedia, neorrealismo
Guión:  Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano
Intérpretes: Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart, Aldo Silvani, Marcella Rovere
Música: Nino Rota
Fotografía:  Otello Martelli
Montaje: Leo Catozzo
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“La strada” es uno de los títulos más famosos, asequibles y destacados de Federico Fellini y sin duda la película que lanzó a la fama a Giuletta Masina, su mujer, auténtica “alma” de esta película.

Producida por Dino de Laurentiis y Carlo Ponti, es uno de los más destacados títulos de la etapa neorrealista de Fellini y cosechó un importante éxito. En 1957 ganó el óscar a mejor película de habla no inglesa y fue también nominada al mejor guión.

El argumento es sencillo en apariencia ya que trata sobre Gelsomina (Giuletta Masina), una chica joven y un puntín estrafalaria y peculiar, que es comprada a su madre por el artista ambulante Zampanó (Anthony Quinn) por mil liras cuando muere su padre, para que le haga compañía mientras viaja de pueblo en pueblo con su motocicleta, que tira de un chinringuito en el que viven.

La historia le permite a Fellini mostrar el mundo de la calle (la strada) y de los artistas ambulantes tal cual era, acomodándose a esa corriente neorrealista tan típica del cine italiano de la época que mostraba los ambientes y comportamientos de personas humildes como documento de una realidad que estaba ahí pero que era muy diferente de lo que el cine hollywoodiense solía mostrar. Evidentemente lo que se cuenta del ir y venir de Zampanó y Gelsomina es simple y sencillo, la cámara presta atención únicamente a sucesos cotidianos; pero el guión, de una manera sútil expresa mucho más. De fondo hay una reflexión existencial expresada de forma sencilla por “el loco” funambulista del que se hace amiga Giselmina: todo y todos servimos para algo y eso es algo de lo que Zampanó se da cuenta en la última escena de la película en la playa.

Probablemente el gran acierto de Fellini es el tratamiento de los tres personajes principales: Zampanó, Gilsemina y el “loco”, que proporcionan a la película la carga dramática que completa el retrato realista y social que también aborda el director. Lógicamente los tres actores protagonistas, Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart; adquieren una importancia esencial en el éxito de la película con tres interpretaciones fabulosas entre las que destaca la de Giuletta Masina porque su personaje es el alma del relato pero además su presencia en pantalla es hipnótica e inolvidable y proporciona toda la carga emotiva y sentimental que requería la historia para llegar al público. Por su puesto Anthony Quinn también está brillante, en la que es una de las mejores interpretaciones de toda su carrera bordando de manera plenamente convincente su tosco y rudo Zampanó.

Podríamos decir de esta película que es esencialmente conmovedora puesto que une a dos personajes opuestos y contradictorios a los que unen las dificultades y la necesidad de afecto, aunque el argumento es un viaje de descubrimiento, en especial para Zampanó, mucho más práctico y preparado para subsistir pese a las inclemencias de la vida en que se mueve, pero menos hábil para comprender lo que necesita realmente y asumirlo. Probablemente el gran acierto de Fellini es que logra conectar con el espectador trasmitiendo una gran sensibilidad pero sin caer nunca en el dramatismo ni en la lágrima fácil. Como en la vida misma comedia y drama se entremezclan de una manera natural y pese a sus circunstancias los personajes siguen adelante y la película no se convierte en un dramón lacrimógeno, que es lo que podría haber llegado a ser si no hubiera sido por el equilibrio que consigue Fellini, algo mucho más complicado de hacer de lo que parece y que en esta película me parece un acierto mayúsculo.

En el viaje de Zampanó y Giselmina por los pueblos italianos, podemos ver también un retrato social de la época, por lo que la película tiene también una importancia llamésmole “documental” que es uno de los aspectos más reseñables y positivos del neorrealismo. Se detecta en ella un poso de melancolía quizás derivado de la miseria en la que vivía mucha gente en la postguerra, en un país vencido por la historia; pero también una cierta esperanza y alegría, que es la que nos trasmite siempre el personaje de Giselmina, que en su inocencia, sabe sacarle a todos una sonrisa.

Zampanó es un tipo rudo, bruto y práctico que sabe sobrevivir, a menudo de forma inmisericorde, a todas las inclemencias de la dura vida que le ha tocado vivir pero que tiene una lección por aprender y es que, como todos, él también precisa una Gilsemina, porque en ocasiones lo más importante se oculta tras la apariencia de la sencillez y lo intrascendente. Gilsemina es pelele e inocente, tiene cara de “coliflor” y se muestra siempre sorprendida y alelada ante todo, pero atesora en su interior la inocencia, la ilusión, cariño por los demás, una humanidad y sentido de la moral que nunca debe faltarnos. La escena en que Zampanó lo descubre es seguramente una de las más emotivas y arrebatadoras de la historia del cine.

En lo puramente técnico destacar la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Ortello Martelli que da cuenta de un país de alguna manera destartalado y esa maravillosa banda sonora de Nino Rota, en la que sobresale el triste y melancólico tema que Giselmina toca con su trompeta.