Son el reverso negativo de los Óscars que se entregaron el domingo por la noche. Las dos películas eran las grandes favoritas, con numerosas nominaciones, algunos candidatos con cuentas pendientes y se marcharon a casa con las manos vacías. Sí, la película de Martin Scorsesse y la de David O. Russell son las grandes derrotadas de la 86a edición de los ‘Academy of Motion Picture Arts and Sciences Awards’.

 

image1La Academia de Hollywood coronó la madrugada del domingo en el Dolby Theatre de Los Ángeles a “12 años de esclavitud” de Steve McQueen como mejor película en la 86ª edición de los Óscar, y al mejicano Alfonso Cuarón como mejor director por “Gravity”, en una gala donde ha destacado el reparto equilibrado de premios y la diversificación de estatuillas. Curiosamente la ganadora como mejor película solamente ha conseguido solamente tres premios, incluyendo el de mejor guión para John Ridley y mejor actriz secundaria para Lupita Nyong’o. 
La cruz de la moneda de la ceremonia ha sido para “La gran estafa americana” y “El lobo de Wall Street”, pese a que llegaban como candidatos y han cosechado un cero de las quince estatuillas a las que aspiraban (diez de la película de David O. Russell y cinco de la de Martin Scorsesse). No, esta no fue su noche.

Protagonizada por Christian Bale, Bradley Cooper, Amy Adams, Jeremy Renner, y Jennifer Lawrence, cinco actores entre lo mejor de las hornadas más recientes de intérpretes norteamericanos que dominarán el cine de los próximos veinte años, “La gran estafa americana” (“American Hustle”) de David O. Russell es una película basada en un caso real donde un timador deberá colaborar con el FBI para resolver un caso de corrupción política.
Era Irving Rosenfeld, un artista del engaño del Bronx que, durante la operación Abscam a finales de los años setenta, ayudó al agente del FBI Richie DiMaso a destapar uno de los escándalos más importantes de los EE.UU. de la época, que salpicó a algunos de los políticos más valorados, como el senador Harrison ‘Pete’ Williams o el congresista Frank Thompson.
Junto a los cinco mencionados, el reparto de esta película que debería acercar al director hasta la ansiada estatuilla dorada (que rozó con la punta de los dedos con “The fighter” y “El lado bueno de las cosas”, nominado por la mejor dirección y mejor guión adaptado) también cuenta con Louis C.K., Michael Pena, Robert De Niro y Jack Jones. (www.americanhustle-movie.com)

El director de “Infiltrados”, “El color del dinero”, “Uno de los nuestros”, “Shutter Island”, “El Cabo del Miedo”o “Casino”, maestro de las películas con gángsters, criminales trajeados, policias corruptos, delincuentes de gatillo fácil, boxeadores extorsionados y femmes fatales que pueden arruinar la vida de un detective privado con una simple caída de ojos, regresa a su género predilecto tras su paso por un género diametralmente opuesto como la adaptación del libro infantil de Brian Selznick “La invención de Hugo Cabret”. Su regreso se concreta en la adaptación cinematográfica de la novela del broker Jordan Belfort “El lobo de Wall Street” (“The Wolf of Wall Street”), centrada en uno de los tiburones de Wall Street de los años 90 de rápido ascenso y brusca caída, con numerosos puntos de encuentro con “Wall Street” de Oliver Stone.
Con un guión de Terence Winter (“Los Soprano”, “Boardwalk Empire”), protagonizada por Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Jon Favreau (el director de los dos primeros “Iron Man”), Kyle Chandler, Rob Reiner y Jean Dujardin, entre otros, “The wolf of Wall Street” narrará el ascenso del joven veinteañero Jordan Belfort, directivo de la firma de inversiones Stratton Oakmonts que llegó a ganar miles de dólares por minuto en su momento más álgido, y su caída en Wall Street. 
Mostrando la evolución desde el sueño americano a la codicia corporativa, Belfort pasa de las acciones especulativas y la honradez, al lanzamiento indiscriminado de empresas en Bolsa y la corrupción de finales de los ochenta. Con poco más de veinte años, su enorme éxito y fortuna como fundador de la agencia bursátil Stratton Oakmont le valió el mote de “El Lobo de Wall Street”.
Su vida, desatada, tumultuosa y desenfrenada, incluía sexo, drogas y lujo mientras estafaba a grandes compañías, sin compasión, vendiendo bonos basura… Las tentaciones abundaban y el temor a la ley brillaba por su ausencia. Para Jordan y su manada de lobos, la discreción era una cualidad sobrevalorada: nunca se conformaban con lo que tenían. Y vivía amparado en un sistema financiero que hoy, veinte años más tarde, sigue igual de podrido. Quizás más. (www.ellobodewallstreet.es)