Murió hace solamente dos años, tras una larga enfermedad, pero en poco tiempo el mundo entero lo ha idealizado y lo ha convertido en el icono del mundo de la alta tecnología contemporánea, un visionario de Silicon Valley identificado con el avance imparable del sector informático y de la industria del entretenimiento de los EE.UU. Es Steve Jobs, un tipo sencillo de San Francisco que levantó un imperio y cambió la forma de vivir del hombre del siglo XXI.

El 5 de Octubre del año 2011 el mundo se despertaba con la desaparición de uno de los genios más brillantes del siglo, empresario de éxito y sagaz visionario. El norteamericano Steve Jobs había sucumbido a su lucha contra el cáncer de páncreas tras cinco largos años pero su legado, con la empresa Apple al frente y más de trescientas patentes, permanecerá en la historia.
Es un hecho que la muerte de Steve Jobs conmocionó al mundo. Él era uno de los iconos indiscutibles de nuestro tiempo, un genio cuya creatividad, energía y afán de perfeccionismo revolucionaron seis industrias: la informática, el cine de animación, la música, la telefonía, las tabletas y la edición digital. Consciente de que la mejor manera de crear valor en el siglo XXI es conectar la creatividad con la tecnología, Jobs fundó una empresa en la que impresionantes saltos de la imaginación van de la mano de asombrosos logros tecnológicos. 
Su historia está llena de enseñanzas sobre innovación, carácter, liderazgo y valores, y este biopic «Jobs», dirigido por Joshua Michael Stern, con guión de Matt Whiteley, y protagonizado por Ashton Kutcher, Dermot Mulroney, Josh Gad, Lukas Haas, James Woods, J.K. Simmons y Matthew Modine, entre otros, narra la historia de su vida, desde los años setenta, la juventud del hippie rebelde y del visionario empresario, su primeros pasos junto a Steve Wozniak, su salto al éxito y su posterior caída a causa de su tensa relación con John Sculley que se saldó con la marcha de Jobs de la empresa que él mismo había fundado, la redención con el regreso a Apple cuando la empresa se encontraba en declive a finales de los años noventa y su renuncia como CEO de Apple, en agosto del año 2011, cuando la muerte ya llamaba a su puerta. 
Un icono y un símbolo de un tiempo y una industra, cierto, pero también un nuevo ejemplo de esa tendencia tan americana de convertir en mitos a todos aquellos triunfadores que, con el ‘Sueño Americano’ por bandera, alcanzaron el éxito. Al margen de los cadáveres que dejaron por el camino.

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