Recuperamos una película de culto para toda una generación y que hay que ver porque es ya un clásico. Es seguramente junto a “Todo en un día” lo mejor de John Hughes y desde luego lo mejor que ha hecho Emilio Estevez.

 

https://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/club5.jpgTítulo original: The Breakfast Club
Productores: John Hughes & Ned Tanen
Guión: John Hughes
Reparto: Emilio Estévez (Andrew Clark), Molly Ringwald (Claire Standish), Judd Nelson (John Bender), Ally Sheedy (Allison Reynolds), Anthony Michael Hall (Brian Johnson), Paul Gleason (Director Richad Vernon), John Kapelos (Carl Reed).
Fotografía: Thomas del Ruth
BSO: Keith Forsey
Distribución: Universal Pictures
Duración: 97 minutos
Estreno: 15 de Febrero de 1985
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{xtypo_quote}Querido señor Vernon, admitimos el hecho de tener que quedarnos castigados todo un sábado por habernos portado mal. Lo que hicimos no estaba bien hecho, pero pensamos que esta usted loco al intentar forzarnos a escribir un ensayo explicándole quienes creemos ser. A usted eso le importa poco, porque usted siempre nos ve como quiere vernos. En pocas palabras, la definición más conveniente sería que usted ve en nosotros: un cerebro, un atleta, una inconformista, una princesa y un criminal. ¿Correcto? Y a las siete de esta mañana nosotros nos veíamos como cerebros lavados{/xtypo_quote}

Así comienza una película mítica y de culto para toda una generación, aquella que por los años 80’s estaba en plena adolescencia, película que encumbró a John Hughes y que supuso el éxito y la fama para los cinco protagonistas más tarde olvidados por una carrera cinematográfica escasa o nula (sí, también la de Emilio Estevez que nunca ha pasado de ser una promesa).

El argumento es más bien sencillo, puede resumirse en dos líneas: Cinco chicos de un colegio en Estados Unidos quedan castigados a pasar todo un sábado encerrados en un aula con la única obligación de escribir un ensayo en el que expliquen por qué creen que están ahí. Sin embargo no es éste el meollo de la película sino tan solo su punto de partida, lo verdaderamente interesante es que cada uno de los chicos representa una pesonalidad y a un grupo claramente identificable, opuesto a los demás. Lo interesante es cómo se interrelacionan y se conocen a lo largo de ese sábado, como traspasan las barreras que les hubieran impedido conocerse en un día normal y llegan a entenderse y a descubrir que tienen más cosas en común de las que creen.

Seguramente el de esta película es el mejor guión que escribió John  Hughes. Los cinco tipos representados le permiten enfrentar a los personajes en diálogos y a situaciones que constituyen en realidad una auténtica exploración en las personalidades de cada uno de ellos y en conjunto de toda la juventud de la época. Brian es el empollón, el cerebro; Allison es la chica rebelde, la inconformista; Claire la niña de papá, la princesa; Andrew el quaterback de la clase, el atleta y Bender es el gamberro, el criminal. Además Hughes ofrece una visión adulta de los chicos y sus circunstancia a través de las figuras del profesor Vernon y del bedel Carl. El guión es muy acertado y aunque se basa en diálogos y adopta una estructura casi teatral (de hecho y debido al éxito, Hughes lo adaptó para que pudiera ser representado en los institutos) la película no se resiente y no cae en altibajos. El metraje además es el adecuado (más hubiera sido excesivo y menos insuficiente) y las escenas intercalan momentos de comedia con otros más dramáticos, por así decirlo, aunque realmente estamos más que nada ante una comedia adolescente que nos invita a reflexionar, un tanto psicoanalítica en el sentido de que todos podemos identificarnos más o menos en algún personaje o en varios de ellos.

Las conclusiones ha de sacarlas cada cual viendo la película. Comparto la mía: “El club de los cinco” a mí me hace pensar que han de considerarse normales las dudas y los problemas que vemos en los personajes porque son los propios de una etapa en la que todos nos buscamos a nosotros mismos. Pienso que los protagonistas son menos fuertes, menos interesantes y menos brillantes por separado; pero juntos los cinco, como grupo se sobredimensionan porque discuten, porque enfrentan puntos de vista y de ese enfrentamiento surge un equlibrio y porque todos tienen cosas buenas que compartir y aportar (sí, incluido Bender, que de hecho es la personalidad más apasionante aunque sea la más conflictiva y dificil de manejar). No sé si John Hughes pretendía decir esto con su película, pero pienso que en los institutos y en general en la sociedad lo realmente importante sería romper las barreras que nos separan (en esta película el castigo es curiosamente lo que lo posibilita). Me parece especialmente interesante la conversación al final de la película en la que los protagonistas se preguntan si seguirán siendo amigos cuando acabe su sábado de encierro y se vean por los pasillos del colegio mientras van con sus respectivos amigos. A todos nos gustaría que sí ¿no? La moraleja podría ser que lo importante es el grupo, el club de los cinco, The breakfast club (así es el título original).

Creo que a parte de todo el fondo “reflexivo” que se le pueda sacar a la película hay algo en ella muy de Hughes y muy de los 80’s, algo que también reflejó admirablemente en “Todo en un día”, una cierta alegría, un cierto optimismo, una tremenda fuerza vital. Ya desde los mismos títulos de crédito el “Don’t You (Forget About Me)” compuesto especialmente para esta película y que Simple Minds convirtió en un exitazo anticipa una película alegre y con energía. Los personajes son como un rodillo de vitalidad (en concreto el personaje de Bender es tan impertinente y chulo como fascinante en ese sentido, normal que se convirtiera en un icono de la rebeldía adolescente del momento). La película está impregnada de todo ello, es lógico que a mitad de metraje los personajes se arranquen a bailar y que el final de algún modo sea optimista con Bender alzando el ùño una vez constituido el Club de los cinco (no destripo nada del argumento aunque comente esto), aunque uno sepa que después el día a día hace que las cosas funcionen de otro modo.

Esta película me recuerda a “Cuenta conmigo” de Rob Reiner y a “Los Goonies” de Richard Donner, otras dos grandes películas sobre la amistad y la adolescencia e igualmente recomendables. Los 80’s fueron en este sentido también un buen momento para argumentos centrados en jóvenes y adolescentes porque se llenaban las salas de cine. Es así como se constituyeron los primeros fenómenos de fans juveniles que gestarían las bases de la cultura pop de años siguientes. “El club de los cinco” impulsó en ese sentido a Judd Nelson, Molly Ringwald o Emilio Estevez. La adolescencia al poder porque como dice Allison a lo largo de la película “Cuando crecemos se nos muere el corazón”.