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Quien llega a la quinta entrega de «Padre no hay más que uno» ya no busca sorpresas, que pocas hay, sino seguir entreteniéndose con los personajes de las entregas anteriores. Y, a pesar de que la fórmula se repite, a Santiago Segura le funcionó tanto para conseguir un nuevo taquillazo como para enganchar a un público fiel, básicamente familiar. El acierto consiste en algo tan simple (pero que nadie más hace) como aderezar con humor blanco y una incansable sucesión de situaciones jocosas el día a día de unos personajes que caen simpáticos mayoritariamente. Evidentemente la fórmula, a base de repetirse, pierde frescura con cada nueva entrega y en este caso es más de lo mismo para disgusto de algunos y disfrute de otros, especialmente los más pequeños. Se decía que iba a ser el cierre a la saga…no lo tengo tan claro. El tiempo lo dirá.












Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal