«Cuando conocí a Alan Cope, contaba este sesenta y nueve años y yo treinta. No sabíamos entonces que sólo disponíamos de cinco años para ser amigos, pero hicimos como si lo supiéramos«. Emmanuel Guibert, en el prefacio de La Guerra de Alan.

Martha y Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope
Edición original: Martha & Alan FRA
Guión: Emmanuel Guibert
Dibujo: Emmanuel Guibert
Color: A color
Formato: Libro cartoné, 120 págs., a color.
18€

Al hilo de la magnífica acogida que merecieron La guerra de Alan y La infancia de Alan, Emmanuel Guibert continúa el espléndido fresco sobre la vida de Alan Ingram Cope, su querido amigo norteamericano. En un ejercicio de evocación cargado de nostalgia, mediante un dibujo suntuoso, Guibert consigue captar la esencia de una América extinguida, al tiempo que rinde un emotivo homenaje a una persona humilde y entrañable, alguien que solía decir: «Somos las personas de las que hablamos.»

En esta nueva entrega, Guibert describe con exquisita sensibilidad el impacto afectivo del primer amor y su posterior pérdida. En un viaje a la infancia del protagonista, conocemos su amistad con Martha Marshall, una compañera de escuela. Así, desde los juegos y las travesuras infantiles hasta las reuniones semanales en el coro de la iglesia presbiteriana, seguimos los pasos de Alan: la dura experiencia de su orfandad repentina, la vida de un chico en la California de los años treinta, durante la Gran Depresión. Con el transcurrir del tiempo, su relación íntima con Martha se va diluyendo hasta perderse sin remedio cuando Alan parte a la guerra y se consuma la separación.

Dos momentos definen e hicieron posible ver en comic la vida de Alan Ingram Cope, veterano de la IIGM y gringo atípico:

  1. En 1994 Alan Cope se acercó a Emmanuel Guibert para preguntar por una dirección dando comienzo a una amistad que duró hasta la muerte del primero.
  2. El otro lo componen los recuerdos de Alan, pues todo lo contado hasta ahora se basa exclusivamente en los recuerdos compartidos por aquel hasta su muerte en 1999.

Con “Martha y Alan” (Salamandra Graphics, 2018) continuamos conociendo los recuerdos del protagonista con una edición muy cuidada para añadir al excelente catálogo de Salamandra. El cambio más notable a primera vista es el dibujo, que está a otro nivel, abandonando el estilo de “producción en serie” de La Guerra de Alan, que parecían serigrafías producidas en cadena y que tan bien funcionaron en esa excelente obra.

Todo el libro se compone de ilustraciones a doble página en recuerdo el estilo american way of life de la primera mitad del siglo. Un inmenso trabajo que retrata a la perfección ese sueño de clase media (blanca) americana de los años 30-50 del pasado siglo. Un modo de vida ya extinguido y que, en realizad, no tuvo lugar como en la imaginería del imperio se cuenta, da igual, no es lo importante aquí.

No trata esta de historia de justificar o vindicar un modo de vida americano: no hay una apología del imperio.

La obra de Guibert es, ante todo, un elogio a la vida sencilla. No hay aquí, como en “La vida es buena si no te rindes” de Seth, una sensación de épica o de reivindicación de una grandiosidad en lo cotidiano. Es mas fácil sentir empatía por la vida de Alan Ingram, todos y todas hemos vivido lo que aquí se narra: una amistad infantil intensa como solo pueden serlo las que se crean con el contacto diario cuando se tienen 5 años.

No aparece, ni en los recuerdos de Alan ni en la forma de narrar de Guibert, ningún arrepentimiento o remordimiento por todo lo que nos cuenta. No se trata de llorar un amor perdido (que en realizad no fue tal) si no de enfatizar la importancia de esas cosas simples y sencillas que componen la vida que solemos vivir.

No hay aquí, ni se le espera, un final de cine, donde los protagonista, años después, se reencuentran y retoman ese amor que nunca debió acabar. Sería negar la importancia de todas esas relaciones que creamos antes de la adolescencia y que, muy a menudo, desaparecen de forma natural.

El ritmo es calmado y pausado, no podía ser de otra manera. Ya en “La Guerra de Alan” asistíamos a una guerra extraña, casi tranquila, narrada sin “escenas de acción”. Aquí todo esto se acrecienta todavía más, al fin y al cabo estamos hablando de la vida de la clase media blanca en los años 30, superada la gran depresión y camino de la IIGM.

Un comic a la altura de la obra que Emmanuel Guibert nos ofrece desde su debut con “Brune” en 1992. Imprescindible.

Alan Ingram Cope falleció en 1999 a los 74 años de edad, antes de que se publicara “La Guerra de Alan”. Larga vida a Alan Ingram Cope.