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El director George Miller nos dejó, como poco, anonadados y boquiabiertos con «Mad Max: Furia en la carretera» en lo que fue un espectáculo fascinante de acción ininterrumpida. Una de las mejores películas del año 2015 y la mejor de la saga de Mad Max. Pero, ¡ojo!, que eso no significa que las tres primeras películas, allá por los años ochenta, no merezcan ser destacadas. En su momento, en su contexto, fueron también espectaculares y entretenidas. La película original, del año 1979, era un sencillo western en un mundo post-apocalíptico protagonizado por un policía en busca de venganza. En la segunda entrega, de 1981, el héroe solitario viaja por las carreteras despobladas del interior de Australia, donde la ley y el orden han desaparecido, en una interminable búsqueda de gasolina. Y en la tercera, «Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno» («Mad Max Beyond Thunderdome«), a Max Rokatanski le roban su vehículo, con todas sus pertenencias, en medio del desierto y a duras penas llega hasta una ciudad en mitad de la nada, un destartalado, despiadado y bullicioso asentamiento conocido como Negociudad. Allí le proponen darle todo lo necesario para que continue su viaje si se enfrenta y derrota al tirano que controla el lugar, el Maestro-Golpeador, un taimado enano sobre los hombros de un gigantón que fabrica gas metano con excrementos de cerdo en los subterráneos de la ciudad.

Dirigida por George Miller, que contó con la ayuda de George Ogilvie en la dirección y de Terry Hayes para elaborar el guion, y protagonizada por Mel Gibson, Bruce Spence, Adam Cockburn, Frank Thring, Robert Grubb, Paul Larsson, George Spartels y la cantante Tina Turner como despótica gobernante de Negociudad, «Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno» es una obra indisimuladamente de los ochenta, que apostó por el entretenimiento y el espectáculo por encima de todo, con un maravilloso tema central de la misma Tina Turner que es imposible olvidar («We don’t need another hero«). Y si en la primera entrega Max era un vengador implacable y en la segunda era un héroe solitario, en «Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno» se convierte en el padre adoptivo de un montón de niños abandonados, como si fuesen los niños perdidos de Peter Pan.

Muchos afirman que la tercera entrega de las aventuras de Mad Max es la peor de todas, puesto que en el tránsito del cine independiente a la industria mainstream de Hollywood, el producto de George Miller perdió la frescura, la originalidad y el espíritu desenfadado, así como la violencia explícita, que le habían acompañado en las dos primeras películas,… y es cierto. Pero como George Miller es un maestro, un artesano del séptimo arte, la película ofrece una excepcional concepción visual y frenéticas escenas de acción como la lucha en la Cúpula del Trueno que mantienen al espectador pegado al asiento y la convierten, aún hoy, en un gran entretenimiento.

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