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Hacemos un ejercicio de nostálgia con esta serie clásica de novelas juveniles publicada originalmente en España por la Editorial Molino en los años ochenta y que el grupo editorial RBA, en su sello RBA Infantil, recuperó en el año 2014, coincidiendo con el 50 aniversario de su primera publicación.
«Los tres investigadores» del norteamericano Robert Arthur, que apareció por primera vez en 1964, nos contaba las aventuras de los jóvenes investigadores Jupiter Jones, Pete Crenshaw y Bob Andrews, apadrinados por Alfred Hitchcock, que hacía de mentor de los chicos en los primeros treinta libros de la serie, publicados entre 1964 y 1979. Sus aventuras estaban cubiertas todas por el velo del thriller, pinceladas de género negro y pequeños toques de terror suave y muy inocente. No era, aunque algunos buscan similitudes, una versión literaria de «Scooby-Doo», pues el humor ‘slapstick‘ no tenía cabida en los misterios del castillo del terror, de la isla del esqueleto, del fantasma verde, del tesoro desaparecido, la momia o el loro tartamudo, por mencionar los seis primeros libros de la colección. El estilo, si se puede definir así, estaba más cerca del pulp que de la novela juvenil tal y como hoy la tenemos entendida.
La colección contó con varias autores (William Arden y M.V. Carey sustituyeron a Arthur a partir del úndécimo número, tras su muerte) y con series derivadas, incluyendo una en formato «Elige tu propia aventura», una versión con los investigadores más adultos, una docena de libros presentados por el escritor Héctor Sebastian en lugar de Alfred Hitchcock y un centenar de aventuras de escritores alemanes para una editorial alemana. Ninguna de ellas tiene el tono y la carisma de la serie original, que era una de las pocas alternativas de literatura juvenil que había en aquella época, donde «Los Cinco» de Enid Blyton, «Lucky Starr» de Isaac Asimov, «El Pequeño Nicolás» de Goscinny y Sempé, los clásicos de Verne, Salgari, Stevenson o Twain, y este «Los tres investigadores» de Robert Arthur parecían ser las únicas opciones.
La edición de RBA presenta un nuevo diseño de las portadas, que abandona la añorada estética de la edición de Molino de los años ochenta con prescindibles nuevas ilustraciones, de tono más infantil, firmadas por Pedro Rodríguez.

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