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Mateo Gil me parece un director técnicamente capaz y el dinero que ha puesto Netflix para la producción de esta miniserie de seis capítulos creo que lo ha aprovechado bien logrando una factura visual potente. Como guionista me parece que plantea temas interesantes, pero desgraciadamente no siempre me ha convencido cómo los desarrolla por lo que puedes encontrarte en su filmografía títulos tan sugerentes como «Blackthorne» (2011) o tan desaprovechados como «Las leyes de la termodinámica» (2018). En esta ocasión el resultado yo diría que es muy interesante, pero con defectillos. El argumento se centra en el directivo de un periódico, encarnado por el siempre eficaz y magnético Luis Tosar, que es extorsionado por un grupo anónimo, con evidente poder. Lo aprovecha para indagar en la vida personal de un personaje solitario y taciturno que de pronto tiene una oportunidad de rehacer su vida a través de una relación, para adentrarse en los entresijos de las grandes empresas y sus decisiones, para mostrar la difícil labor policial ante un caso que le queda grande a sus profesionales y sobretodo para hablarnos del turbio y despiadado modus operandi de los que manejan los hilos. La serie es muy interesante por lo que cuenta y no tanto por cómo lo cuenta. Para mi gusto sobra metraje y falta alguna explicación, aunque sea meramente visual. Le quitaría escenas que son más de lo mismo y le añadiría alguna que explique mejor el desenlace y no es que no pueda deducirse con todo lo que va ocurriendo, sino que de pronto tienes que atar unos cuantos cabos sin que te cuadre del todo lo que realmente ha pasado. Eso sí, la trama te hace querer saber continuamente más y el desenlace resulta demoledor, aunque me hubiera gustado que estuviera mejor urdido. Terminé viéndola con la sensación de que se había quedado a muy poco de ser una serie monumental.