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En noviembre de 1993 llegó a las salas de cine de nuestro país “La madre muerta“, la segunda película del director vasco Juanma Bajo Ulloa que es un cuento siniestro, con su Caperucita Roja (Ana Álvarez) y su Lobo Feroz (Karra Elejalde), pero en forma de thriller para adultos.
La historia de “La madre muerta“, escrita por el director y su hermano Eduardo y protagonizada por Karra Elejalde, Ana Álvarez, Silvia Marsó, Elena Irureta, Ramón Barea, Gregoria Mangas, Marisol Sáez y Raquel Santamaría, entre otros, nos presentaba a Ismael, un delincuente que había cometido varios asesinatos pero que vivía obsesionado por uno de ellos, ya que la hija de la víctima fue testigo del suceso y quedó tan impresionada por la terrible escena que perdió la razón. Años después de la tragedia, Ismael sigue recordando aquellos ojos oscuros mirando desde el rincón y quiere asegurarse si la niña, que ha crecido traumatizada y se ha convertido en una bella joven de aparente incapacidad mental, lo reconoce como el asesino de su madre. Ismael intentará, en primer lugar, matarla, pero acabará secuestrándola en un sórdido caserón, ahogado por un obsesivo sentimiento de curiosidad y atracción.
La atmósfera oscura y opresiva de la película, fruto de la magistral fotografía del maestro Javier Aguirresarobe y de la música de Bingen Mendizábal, no contó con la aprobación del público, que le dió la espalda en la taquilla, pero el paso del tiempo le ha dado cierto reconocimiento aunque no es una película de culto. No como película de culto, ni como la más popular de Bajo Ulloa (mérito que se reserva para la divertidísima “Airbag“) pero sí como película original, contada con pocos personajes y escenarios, y una excelente interpretación de la bellísima Ana Álvarez.
Es sorprendente comprobar, casi treinta años después de su primera película (“Alas de mariposa” en el año 1991), que la carrera del director vasco se haya visto reducida a un puñado de títulos, y que los mejores trabajos de su filmografía sean los dos primeros. Quizás no supo elegir el camino adecuado, pese a que con “La madre muerta” parecía que había escogido el sendero correcto.

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