Zombies en el Japón rural: haberlos, haylos. Y detrás de una película como «La felicidad de los Katakuri» solamente podía haber alguien tan inclasificable y controvertido como el director Takashi Miike, un creador de culto con un estilo a medio camino entre el perturbador David Lynch y el violento Quentin Tarantino. Miike se había labrado una larga carrera en Japón antes de darse a conocer en occidente con «Audition«, con docenas de películas provocadoras y violentas dirigidas desde principios de los años noventa.
Protagonizada por el cantante Kenji Sawada, Keiko Matsuzaka, Shinji Takeda, Naomi Nishida, Kiyoshiro Imawano, Tetsuro Tamba, Tamaki Miyazaki y Takashi Matsuzaki, entre otros, «La felicidad de los Katakuri» («Katakuri-ke no kôfuku«) nos contaba como la familia Katakuri acaba de abrir una casa de huéspedes en las montañas, pero con la mala fortuna que su primer cliente se suicida en su habitación. Para evitar problemas deciden enterrarlo en el jardín. Las cosas no mejoran con su segundo cliente: un famoso luchador de sumo que muere teniendo sexo con una menor. En pocos días, el jardín de la casa de huéspedes de los Katakuri se irá llenando de cadáveres.
«La felicidad de los Katakuri» es una comedia poco convencional, entre absurda y surrealista, cargada de humor negro, grotesco y bizarro en la que el imprevisible director mezcla elementos tan diferentes como números musicales, escenas de películas de terror, karaoke, zombies, volcanes en erupción o animación stop motion con plastilina. Es una de las catorce películas que realizó el prolífico director en solo dos años, entre el 2001 y el 2002. ¡Catorce! Ese mismo año 2001 dirigiría otras seis películas. ¡Seis! Y todas ellas tan distintas que realmente parece imposible que estén firmadas por el mismo autor. La obra de un lunático, que logra mantener un notable nivel de calidad en todos sus trabajos y, sobre todo, la capacidad para sorprender al espectador con cada nueva película. Puede gustar más o menos, incluso puede llegar a repugnar, pero no se puede negar que el cine de Takashi Miike fascina.
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