El género de la ciencia-ficción, escrita, dibujada o filmada, ha realizado numerosas incursiones en el concepto de la inteligencia artificial, y nos han dejado notables análisis teóricos sobre lo que podría suponer, en un futuro no tan lejano, vernos obligados a convivir con máquinas con consciencia, e incluso sentimientos. El Data de «Star Trek», los replicantes de «Blade Runner», el HAL de «2001. Una odisea en el espacio», el Ultrón de «Los Vengadores», el número Cinco de «Cortocircuito», el Bender de «Futurama» o el Ian del cómic homónimo de Fabien Vehlmann y Ralph Meyer… Cientos de aproximaciones a un futuro brillante, o oscuro, que deseamos y tememos en la misma medida.
 
 
image1Ian (Inteligencia Artificial Neuromecánica), el androide más sofisticado del mundo, es asignado a un equipo de rescate para que desarrolle sus capacidades mentales que lo hacen casi humano. Lo que inicialmente parece una aventura más acaba desencadenando un enfrentamiento sin cuartel entre Ian, que se descubre poseedor de capacidad destructora sin límites, y un gobierno que desea destruirlo a su vez, considerando que su humanidad lo hace todavía más peligroso.
 
Muchos científicos de distintas disciplinas técnicas y humanísticas, desde matemáticos hasta filósofos, pasando por antropólogos e incluso psicólogos han intentado teorificar sobre la inteligencia artificial y la posibilidad de crear máquinas capaces de pensar, pero ha sido los escritores de ciencia-ficción quienes han profundizado con mayor amplitud de perspectiva en esta posibilidad que no parece muy lejana. 
El término fue acuñado formalmente en el año 1956, durante la conferencia de Darthmounth en Hanover, más para entonces el concepto de la I.A. llevaba ya muchos años poblando historias y novelas de escritores visionarios, autores de ficción que han ido siempre un par de pasos por delante de los científicos. Y comparando los resultados de los que disponemos hoy con la utopía soñada por la ficción, el panorama resulta un tanto decepcionante.
La búsqueda de una I.A. eficiente y real está orientada a mejorar la vida del ser humano, destinando la máquina pensante a aquellos trabajos que, ya sea por incómodos, peligrosos o complejos, necesitan apoyo de un asistente experto (o directamente de un sustituto) capaz de solucionar los errores y defectos propios del ser humano, pero en pleno siglo XXI los avances se limitan a unos pocos algoritmos, autómatas capaces de tocar un instrumento, programas que aprenden por sí solos a jugar con videojuegos, una I.A. de IBM que ganó a los mejores concursantes del programa de televisión Jeopardy, asistentes de cirugía muy precisos, armas autónomas que carecen de criterios éticos, traductores que interpretan a sus interlocutores,… y poco más. Todo aún demasiado difuso.
Y es que esta rama de la ciencia, la que se ocupa de la automatización de la conducta inteligente y cómo lograr que las máquinas realicen tareas que (por el momento) los humanos hacen mejor, no ha ido más allá de reuniones periódicas de eruditos, simposios aburridos, conferencias para el lucimiento de los ponentes, teorías absurdas, elucubraciones catastrofistas y discusiones entre escuelas de pensamiento distintas, y la aplicación práctica de sus teorías queda aún muy lejos de las propuestas menos ambiciosas de los escritores de ciencia-ficción de los años cincuenta y sesenta. La cruda realidad es que, a pesar de todos los avances tecnológicos de los últimos cincuenta años, las máquinas y los ordenadores de la actualidad son muy tontos, y probablemente lo sigan siendo durante las próximas décadas.
 
En el campo de la ficción, y en concreto en el género de la ciencia-ficción, las historias acerca de androides, robots, máquinas y autómatas con inteligencia, consciencia y sentimientos son incontables y relevantes. Empezando por la prolífica obra del escritor Isaac Asimov y sus célebres Tres Leyes de la Robótica, pasando por la película «A.I. Artificial Intelligence» de Steven Spielberg y la desgraciada historia del niño robótico David programado para amar, así como la inteligencia artificial ‘J.A.R.V.I.S.’ de los cómics de «Iron Man» en Marvel Comics y su adaptación a la pantalla grande, los robots hostiles del «Terminator» de James Cameron y de la trilogía «The Matrix» de los hermanos Wachowski, el ya mencionado HAL de «2001. Una odisea en el espacio» del maestro Stanley Kubrick, el cyberpunk del manga «Ghost in the Shell» de Masamune Shirow, los Marvin y Eddie de la cómica «Guía del autoestopista galáctico» de Douglas Adams, «Robopocalypse» de Daniel H. Wilson, las recientes películas «Ex Machina«, «Autómata» o «Chappie» de Neill Blomkamp, «Neuromante» de William Gibson, la historia de amor de Joaquim Phoenix y su ‘Siri’ particular en «Her» de Spike Jonze, el clásico de la ciencia-ficción «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» de Philip K. Dick y su adaptación cinmatográfica «Blade Runner» de Ridley Scott con sus Nexus 6 y las menciones al uso del ‘Test de Turing‘ (la prueba de la habilidad propuesta por Alan Mathison Turing en 1950 en la que una máquina debe demostrar que puede exhibir un comportamiento inteligente idéntico al de un ser humano),… La lista es extensísima, y las aproximaciones al concepto son tan numerosas como diferentes.
 
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Una de ellas es «IAN«, una obra de Fabien Vehlmann y Ralph Meyer publicada originalmente en Francia entre los años 2003 y 2007 en cuatro álbumes de la editorial francesa Éditions Dargaud (titulados respectivamente «Un singe électrique», «Leçon de ténèbres», «Blitzkrieg» y «Métanoïa» en su idioma original), editado en 2008 en castellano por la editorial Dib·buks en sobrio blanco y negro, y que regresa a nuestro país este año 2015 en una nueva edición integral (con «El mono eléctrico», «Lecciones oscuras», «Blitzkrieg» y «Metanoia») a todo color, en tapa dura, de la mano del sello Spaceman Books de El Catálogo del Cómic Ediciones. Una joya imprescindible que no nos vamos a cansar de recomendar con efusividad a todo aquel que quiera escucharme. Y leerme.
La historia que nos propone el guionista francés Fabien Vehlmann en «IAN» traslada al lector hasta un futuro cercano, al año 2044, cuando la humanidad ha conseguido crear robots más fuertes, más rápidos y más inteligentes que el ser humano, máquinas dóciles que realizan perfectamente las tareas para las que han sido programados. En este futuro distópico dos especialistas en robótica desarrollan a Ian, un androide sofisticado y único en su género, capaz de equivocarse, de aprender, de sentir y de sufrir. El más humano de todos los robots jamás producidos.
El futuro que nos describe Vehlmann nos parece tan próximo como, y eso es lo más pavoroso, plausible, posible y terriblemente real. Como esa sociedad multicultural bajo cortinas de lluvia persistente en la megalópolis de Los Ángeles que nos ofreció Ridley Scott en «Blade Runner», en el que la sociedad humana se ha degradado y se ha consolidado la deriva hacia la oscuridad que hoy se empieza a otear en el horizonte. El poder desmedido de los medios de comunicación y su capacidad de influenciar al pueblo con sus informaciones sesgadas y partidistas, las desigualdades sociales y económicas, y la abismal grieta entre las élites y el pueblo se han consolidado en el mundo en el que nace Ian, amenazado por el latente conflicto entre los Estados Unidos y China, ilusionado por la llegada del hombre a Marte y desconfiado ante los avances científicos de la I.A.
 
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En la primera entrega, «El mono eléctrico«, Ian es asignado a un equipo de rescate en el Ártico para que ponga a prueba sus habilidades sobre el terreno. La misión de salvamento, en apariencia sencilla pero que se complica con la aparición de unos mercenarios contratados para recuperar una carga muy valiosa de un submarino ruso accidentado, obligará a Ian a enfrentarse a los hostiles adversarios con sus habilidades superhumanas, pero también a la desconfianza y las suspicacias de sus compañeros.
Una vez establecido el escenario político y sociológico, presentado el personaje y sus singularidades emocionales, sus limitaciones sociales y las reticencias de su entorno, en las tres siguientes entregas de «IAN» la historia cambia de rumbo. Lo que podría haber sido una serie de historias autoconclusivas donde las misiones de Ian y sus compañeros hubieran ido acercando al autómata hacia su humanidad, se convierte en un profundo alegato contra nuestra sociedad actual y una crítica abierta y rotunda contra la deshumanización del ser humano, valga la redundancia. Así, las habilidades de Ian inquietan al gobierno y a la sociedad, espoleados por militares y medios de comunicación, que recelan de la capacidad de destrucción de un robot esquizofrénico diseñado para sentir, pensar y comportarse como un ser humano, pero sin sus limitaciones. Ian es una amenaza que debe ser eliminada, de manera que en «Lecciones oscuras«, «Blitzkrieg» y «Metanoia» el protagonista huye de quienes le persiguen y le codician, mientras se va conociendo a si mismo y a la humanidad que le ha creado pero que le teme y desprecia, a una sociedad hipócrita y degradada, navegando entre los dilemas de su evolución.
 
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El guionista de «IAN» es Fabien Vehlmann, que se inició en el mundo del cómic en 1996, para entrar a trabajar en la revista francesa «Spirou» en 1998 donde conoció al dibujante Denis Bodart, con el que empezaría la magnífica serie «Green Manor» que ya reseñamos con efusividad en esta misma página hace algunos meses. Después vendría la serie humorístico-filosófica «Samedi et Dimanche» con el dibujo de Gwen, el siniestro «El marqués de Anaon» con el dibujante Mathieu Bonhomme, «Les cinq conteurs de Bagdad» con Frantz Duchazeau, «Siete Psicópatas» con el dibujante británico Sean Phillips o «Une Aventure de… Spirou et Fantasio» con Yoann, entre muchos otros. 
El dibujante de «IAN» es Ralph Meyer, de quién apenas hemos podido disfrutar de su trabajo en nuestro país excepto «Balada Asesina» con guión de Phillipe Tomé publicado en el año 2002 por Devir (en esa breve etapa en la que Devir Iberia publicó cómics), y su trabajo merece un capítulo al margen. Limpio, fluido y elegante como el inolvidable Moebius a quien rinde pleitesía e imita sin sonrojo, con una trabajada caracterización de los personajes, del diseño de objetos y de la ambientación, el estilo gráfico de Meyer sufre un cambio radical a partir del segundo álbum. Para mejor, reteniendo todas las virtudes del álbum debut y su lenguaje cinematográfico. El propio autor lo comenta en una entrevista: «El primer álbum es el cómic que siempre soñé con dibujar cuando era adolescente. Con un estilo clásico, cercano a grandes series como «Blueberry» y «Valérian», sólo que no me veía a mi mismo dibujando de esa forma durante años. Por eso en el tomo dos dibujé todas las páginas en blanco y negro. Posteriormente escaneé todas las páginas teniendo muy presente los niveles de grises y después añadí el color digitalmente. Esta técnica me permitió realizar numerosos efectos y apariencias con los colores. El resultado final parece una mezcla entre el color directo y el generado por ordenador«.
 
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La visión de «IAN» de Velhmann es una historia que trata sobre la anticipación cercana, una visión pesimista de lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Su principal preocupación es la ambientación que envuelve la odisea de Ian, un distópico futuro que apesta a discriminación y desigualdad, donde los pobres y los miserables atestan las cloacas, y los ricos y los poderosos residen en torres de cristal y oro. Ian es, pues, solo el hilo conductor que el autor escoge para mostrarnos esta triste realidad a la que estamos abocados, una I.A. que lucha por adaptarse y sobrevivir en un entorno que le es hostil.
El cierre sorprendente e inesperado (¿precipitado, quizás?), crudo y muy triste, deja demasiadas ventanas abiertas a un futuro tan imprevisible como aterrador. Sí, es muy interesante divagar acerca de los avances de la inteligencia artificial y las consecuencias de esta evolución imparable, ante las cuales es inevitable establecer comparaciones con películas, series de televisión, novelas y cómics de ciencia-ficción distópica que pronostican escenarios catastróficos. Incluso científicos tan reconocidos como Stephen Hawking expresan abiertamente cierta preocupación por el asunto y solicitan introducir controles, limitaciones y algoritmos éticos para regular el uso y el funcionamiento de esta tecnología, para que ningún androide sueñe en ovejas eléctricas sin nuestro permiso. ¿Llegarán las máquinas a ser más inteligentes que nosotros algún día? Todo parece indicar que sí. ¿Y entonces… qué?
 
En conclusión, solamente podemos recomendar con efusividad esta brillante novela gráfica en cuatro episodios y suscribir las palabras del prólogo del maestro Moebius, referente ineludible del género y máximo exponente del BD francobelga, que aconseja con fervor a los lectores: «Id a una librería y compraos la saga de IAN que han hecho Fabien Vehlmann y Ralph Meyer«. 
 
IAN.
Guión: Fabien Vehlmann
Dibujo: Ralph Meyer
Color: Caroline Delabie
Editorial: Spaceman Books
Formato: 23×29cm. Cartoné. Color.
Páginas: 208
Precio: 35 euros