linea_separadora

¿Quién sería capaz de reconocer al actor Doug Bradley sin maquillaje, sin las afiladas agujas que le perforaban el rostro? Y, al contrario, ¿quién no identificaría al cenobita Pinhead como un miembro destacado del panteón del género terrorífico? A finales de los años ochenta el director Clive Barker adaptó su propia novela “The Hellbound Heart” a la gran pantalla y la convirtió en la primera película de una fructífera franquicia, en un clásico del cine de terror, y a Pinhead en un incono del género.
El cine de terror tiene muchas películas de culto, casi tantas como subgéneros: los slashers (“Scream” o “Viernes 13”), el gore (“Evil Dead” o “Braindead”), los thrillers (“Seven” o “El silencio de los corderos”), los clásicos (“Nosferatu” o “Frankenstein”), el suspense (“Los otros” o “El sexto sentido”), los monstruos (“Freaks” o “La novia de Frankenstein”), el eco-terror (“Cuando ruge la marabunta” o “Tiburón”), la ciencia-ficción terrorífica (“Alien” o “Horizonte Final”), el falso documental (“Holocausto Caníbal” o “The Blair Witch project”), los zombies (“La noche de los muertos vivientes” o “Guerra Mundial Z”) o el terror paranormal (“El exorcista” o “El resplandor”), entre muchos otros.
Dentro del último de los subgéneros, el del terror paranormal (aderezado con toques de gore), se podría encajar “Hellraiser” que nos contaba como Frank Cotton, un hedonista irredento a la búsqueda de nuevas sensaciones, adquiría una extraña caja adornada, un rompecabezas que permitía la entrada a nuestro mundo de unas terroríficas criaturas llamadas cenobitas. Veinte años después, su hermano y su familia se instalaban en la vieja casa de Frank y esto le permitirá la posibilidad de regresar del infierno de los cenobitas.
En una historia repleta de sadomasoquismo, sangre, dolor y placer, la estética de “Hellraiser” remitía a las cadenas y el cuero de los clubes gay de la época, que Clive Barker señaló como una fuente de inspiración. Y si se pone en el contexto de finales de los años ochenta y con el miedo al SIDA presente en la sociedad, también se podría interpretar la historia en clave moralizante y como una metáfora del castigo por la exploración del placer y de la sexualidad.
Cuando irrumpió en las librerías, y en las pantallas cinematográficas a mediados de los años ochenta, el patriarca del género Stephen King saludó al británico Clive Barker como el futuro del terror. Han pasado casi cuarenta años desde entonces y aún hoy la creación más popular de Barker es la versión cinematográfica de “Hellraiser“, del año 1987, protagonizada por Andrew Robinson, Clare Higgins, Sean Chapman, Ashley Laurence y Doug Bradley, una película de culto del género aunque la violencia extrema de algunos pasajes dificultó su introducción en el ‘mainstream‘.
Lamentablemente el éxito de “Hellraiser” generó un montón de secuelas de muy poco interés que sería recomendable ignorar y olvidar: “Hellbound: Hellraiser II” (1988), “Hellraiser III: Hell on Earth” (1992), “Hellraiser: Bloodline” (1996), “Hellraiser: Inferno” (2000), “Hellraiser VI: Hellseeker” (2002), “Hellraiser: Deader” (2005), “Hellraiser: Hellworld” (2008), “Hellraiser: Revelations” (2011) y “Hellraiser: Judgment” (2018). En los últimos años se ha hablado de reboots y también de series de televisión, pero se podría afirmar que el producto está agotado y que a Pinhead y los cenobitas ya les toca un merecido descanso.

linea_separadora