Nacido en Florencia, licenciado en Bellas Artes, estudiante de arquitectura, apasionado del cine, el teatro, la música, la ópera y el arte en general, Zeffirelli no pasará a la historia del cine como un gran director, pero sí como un profesional culto, especialmente dotado para trasladar la cultura a la pantalla o la escena, algo a lo que contribuía su talento diseñando decorados y vestuarios.

Para los amantes del cine clásico es además un director de culto porque si bien no atesora una filmografía de relumbrón sí logró unos pocos títulos que dejaron su huella, especialmente  «Romeo y Julieta» en 1968 que fue su mayor éxito de público y crítica (2 óscars, 4 nominaciones)  considerada la mejor adaptación de la obra de Shakespeare hasta la fecha; «Hermano sol, hermana luna», traslación a la gran pantalla de la vida de San Francisco de Asís o la miniserie de más de seis horas que pretendía ser la obra definitiva sobre «Jesús de Nazaret».

Fue también actor de teatro para Luchino Visconti, ayudante de dirección en alguna de sus obras más destacadas y según reconoció él mismo, su amante ocasional. Probablemente ese contacto y el éxito de sus montajes teatrales le procuraron una merecida fama como artesano de puestas en escena de época, seguramente su mejor virtud como creador.