Lo reconozco, una debilidad personal. El Londres bombardeado durante la 2ª Guerra Mundial desde la perspectiva de un niño de clase media en un barrio obrero. Una película evocadora, en cierto modo nostálgica pese al drama que palpita de fondo en todo momento y con estructura coral y desarrollo impresionista. Lo que para algunos es una yuxtaposición de anécdotas insustanciales, para mí resulta un emotivo y agridulce retorno a los paraísos perdidos de la infancia con un telón de fondo amenazador que lo transmuta todo.
 
 
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Título original: Hope and glory
País: Gran Bretaña, Estados Unidos
Duración: 113 min.
Género: Drama, Bélico
Calificación: No recomendada para menores de 13 años
Reparto: Sebastian Rice-Edwards (Bill Rowan), Geraldine Muir (Sue Rowan), Sarah Miles (Grace Rowan), David Hayman (Clive Rowan), Sammi Davis (Dawn Rowan), Susan Wooldridge (Molly), Jean-Marc Barr (Bruce), Ian Bannen (el abuelo George), Annie Leon (la abuela), Derrick O’Connor (Mac), Jill Baker, Amelda Brown, Katrine Boorman, Colin Higgins, Shelagh Fraser, Gerald James, Barbara Pierson, Nicky Taylor, Jodie Andrews, Nicholas Askew, Jamie Bowman, Colin Dale, David Parkin, Carlton Taylor, Sara Langton, Imogen Cawrse, Susan Brown, Charley Boorman, Peter Hughes, Ann Thornton, Andrew Bicknell, Christine Croshaw, William Armstrong, Arthur Cox
Distribuidora: Columbia Pictures
Productora: Columbia Pictures Corporation, Goldcrest Films International, Nelson Entertainment, Davros Films
Dirección artística: Don Dossett
Efectos especiales: Michael Collins, Phil Stokes, Rodney Fuller
Fotografía: Philippe Rousselot
Guión: John Boorman
Maquillaje: Anna Dryhurst, Joan Carpenter
Montaje: Ian Crafford
Música: Peter Martin
Producción: John Boorman
Producción ejecutiva: Edgar F. Gross, Jake Eberts
 
  
Recomendada para nostálgicos a los que guste un cine amable, emotivo desde la evocación de otros tiempos siempre desde la inocente perspectiva de la infancia. Si se quiere penetrar en la 2ª guerra mundial y en cómo ésta afectó a los civiles en Londres sin sumergirse en el drama, esta película es perfecta. Deja ver la tragedia como telón de fondo, pero la esperanza y el deseo de seguir adelante pese a todo dominan el pulso del argumento de inicio a fin.
 
No suelo encontrar muchos adeptos cuando defiendo esta película británica de John Boorman (por cierto, director que me encanta) y tampoco el recuerdo cinéfilo de la crítica suele ensalzarla y recordarla y en cambio a mí me parece poderosamente evocadora, rezuma melancolía por una infancia especial a pesar de los sinsabores de la guerra que relata (sabemos que tiene algunos aspectos autobiográficos de su director) y ofrece siempre un visionado nostálgico, agridulce, que te hace conmoverte y también sonreír, que te deja un magnífico estado de ánimo, esperanzador a pesar de que el telón de fondo es la segunda guerra mundial reduciendo a escombros el viejo Londres. Asumo pues que la valoro desde un disfrute esencialmente subjetivo y personal y que decir que me encanta no sirva como referencia demasiado válida.
 
Quizás para muchos espectadores el argumento resulte insustancial y en el apartado interpretativo nadie destaca especialmente. Como caras conocidas quizás sólo Sarah Miles, a la que se recordará por “La hija de Ryan” y David Hayman, actor de reparto bastante habitual en películas posteriores. El que me parece que se sale es Ian Bannen en el papel de abuelo (impagables las escenas en las que recuerda a sus amantes mientras su mujer refunfuña o aquella en la que juega al criquet con su nieto).
 
Pese a haber quedado desplazada en el imaginario cinéfilo, en su día estuvo nominada al óscar a la mejor película, acumuló hasta 5 candidaturas (película, director, fotografía, guión original y dirección artística) aunque no ganó ninguna y fue muy bien recibida tanto por la crítica como por el público dejando unos buenos ingresos en taquilla, bastante por encima de lo que había costado hacerla. Aquel año, el de “El último emperador”, desplazó en los premios de la Academia a una película de temática similar, también centrada en la perspectiva y vivencias de un niño durante la 2ª guerra mundial, “El imperio del Sol”, más dramática y uno de los títulos más injustamente tratados en los premios de Hollywood de la filmografía de Steven Spielberg.
 
 
 
Boorman, que también firma el guión, cuenta desde la perspectiva de un niño londinense de una familia de clase media, los días en que Gran Bretaña entró en la segunda guerra mundial (año 1939) y soportó los bombardeos nazis que redujeron a escombros gran parte de la ciudad. Sabemos que el director introduce recuerdos personales y dota a la película de una profunda carga nostálgica que se percibe en la puesta en escena, en el tono, en la ambientación, fotografía y música, todo muy cuidado gracias a un extraordinario trabajo de dirección artística. Además yo destacaría también un impecable trabajo de dirección, muy elegante, que realza muchas escenas con estudiados travellings y encuadres….Una toma tan simple como el chico caminando hacia el colegio por las calles llenas de escombros de su barrio se ha convertido en icónica gracias un estudiado contrapicado.
 
El argumento coral, realmente sin otra estructura que la yuxtaposición de situaciones cotidianas que vive el chaval posee, pese al drama que rodea a la familia protagonista, la inocencia de la mirada infantil y a menudo sortea el dolor con un fino sentido del humor que se hace especialmente patente en el tramo final, cuando coincidiendo con el final de la guerra y la estancia en casa de sus abuelos en la campiña inglesa, todo se vuelve más optimista y esperanzador. La película tiene por ello un aire inocente y amable, rezuma nostalgia y provoca una cierta melancolía.
 
Puede que sea una debilidad personal, pero las películas que recuperan la infancia como un paraíso perdido me conmueven especialmente, máxime cuando el humor sobrevuela muchas escenas (en cierto modo y en ese sentido me recuerda a “Amarcord”). Además en este caso se hace una muy cuidada reconstrucción de época, que también posee una importante carga emotiva en lo que viaje al pasado se refiere (enseguida entras en situación con ese arranque con Glenn Miller, los noticiarios de la radio informando del transcurso del conflicto bélico y la voz en off del protagonista).
 
El visionado, pese a los horrores de la guerra, es una experiencia serena, agradable y te deja un buen sabor final, es una de esas películas que los norteamericanos etiquetan como “feelgood” porque te hacen sentir bien. Especialmente recomendable para los más mayores, que no tienen ganas de grandes dramas y para los más pequeños, como un acceso edulcorado a parte de la historia más dramática de nuestro tiempo.