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La mayoría de los gladiadores del Imperio Romano eran esclavos: hombres marginados, maltratados y condenados a encontrar una muerte violenta en la arena. No todos, sin embargo, aceptaron resignados su funesto destino. En la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato, en Capua, un grupo de setenta galos y tracios se rebeló en el año 73 a. C., formando un ejército improvisado que pondría en jaque al poder de Roma. Espartaco, su carismático líder, convirtió aquella revuelta en la mayor rebelión de esclavos que la Ciudad Eterna conocería. Bajo su mando, los insurgentes derrotaron a seis generales romanos, hasta que Marco Licinio Craso asumió la conducción de la campaña y, con el auxilio de Pompeyo, que regresaba victorioso de Hispania, aplastaron finalmente a los rebeldes en el 71 a. C. Como escarmiento, Craso ordenó crucificar a seis mil prisioneros a lo largo de la Vía Apia, desde Capua hasta Roma. La historia de Espartaco, con su mezcla de heroísmo, tragedia y épica, estaba destinada a encontrar su lugar en el cine.

Protagonizada por Kirk Douglas, Laurence Olivier, John Dall, Tony Curtis, Jean Simmons, Peter Ustinov, Charles Laughton, John Gavin, John Ireland, Herbert Lom y Nina Foch, «Espartaco» («Spartacus«) nos contó esta historia, la de Espartaco de Tracia, que nació esclavo en los tiempos de la República romana, que pasó los primeros años de su vida trabajando en una cantera y que fue comprado por el propietario de una escuela de gladiadores para adiestrarlo y hacerlo luchar en las arenas de Roma por la diversión de los espectadores. Su rebelión y su final trágico, aunque con un hilo de esperanza en forma de un hijo que nacerá libre, cierran la historia de un hombre que puso en jaque a un imperio. Al frente de la producción estaba Stanley Kubrick, uno de los cineastas más influyentes del siglo XX. A lo largo de su carrera, el excéntrico, controlador, meticuloso y perfeccionista Kubrick demostró, con su filmografía, un dominio técnico y narrativo abrumador, con un estilo único y reconocible que, además, ofrecía al espectador reflexiones sobre la condición humana y sus miserias. Y «Espartaco«, un peplum atípico, es uno de los mejores ejemplos de su extraordinario talento.

Basada en la novela homónima de Howard Fast, «Espartaco» se suele señalar como un film comunista y de izquierdas. No es difícil ver en su argumento una metáfora revolucionaria: gladiadores esclavizados que, unidos, luchan por su libertad contra la tiranía de la República romana. Sin embargo, bajo ese criterio, también «Star Wars» y otras muchas películas similares compartirían esa impronta izquierdista. Además, el escritor de la novela original, Howard Fast, era miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos, y el guionista de la película era Dalton Trumbo, que fue incluido en la lista negra de Hollywood, la llamada lista de los «Diez de Hollywood«, por los fanáticos macartistas y anticomunistas. Tampoco hay que olvidar la censura, que eliminó la escena del baño del general romano Craso (Laurence Olivier) y el esclavo Antonino (Tony Curtis), por su aparente carácter sexual. Décadas más tarde, en 1991, algunas de estas escenas censuradas serían restauradas y recuperadas, devolviendo a «Espartaco» su complejidad original.

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Where to watch Espartaco