Un año más los maños, y visitantes de allende, hemos podido disfrutar de la XXIII edición del Salón del Cómic de Zaragoza y disfrutar de un acontecimiento que, un año más, ha demostrado lo perfectamente engrasada que está la maquinaria.
Este año mi presencia en el Salón del Cómic de Zaragoza se ha visto algo reducida por culpa de un virus gastroestomacal que vino a visitarme el miércoles pasado y que aún anda de visita, así que tuve que hacer de tripas corazón para poder acudir aunque fuese el sábado por la mañana (y ello confiando en la excelente labor de limpieza que se realiza en la Sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza, y en concreto en sus impecables baños). Armado con almax, parecetamol y paciencia acudí el sábado por la mañana al Salón para reencontrarme con una enorme cantidad de amigos a los que no veía desde el año pasado. Siempre es emotivo acudir al Salón y ver que somos tantos aficionados al cómic en Zaragoza (y alrededores) y más cuando acudimos a un evento tan bien organizado en el que se notan los años de experiencia y donde las filas de entrada están mejor organizadas cada año que pasa, por no hablar de las secciones de firmas, de los stands (que han mejorado considerablemente desde que llevaba el stand de Dolmen Editorial), de la cantidad de autores que año tras año hacen su aparición en el Salón del Cómic de Zaragoza, entre los que podríamos destacar a Paco Roca, Gabriel Hernandez Walta, Aneke o Antonio Altarriba, entre las decenas de autores invitados y otros tantos que acudieron como asistentes.
A pesar de todo el Salón del Cómic de Zaragoza, que acerca cada vez a su vigésimoquinta edición, es un evento familiar y alegre, con una buena distribución de stands (aunque este año se echó en falta a ECC Ediciones aunque a cambio tuvimos stand de Yermo Ediciones) repletos de regalos que hacer aprovechando las inminentes fechas navideñas y de actividades para pequeños y grandes, otros de los aciertos de este Salón es no dejar fuera a ninguna generación y que todos nos sintamos cómodos en un evento en el que también brillaron los cosplays. No será por falta de actividades, charlas, exposiciones, fotos con cosplayer (sólo la vergüenza impidió que me hiciese decenas de fotos con ellas).
Según las últimas cifras facilitadas por la organización a los medios el Salón del Cómic de Zaragoza ha juntado a un total de 12.800 visitantes únicos lo que demuestra que el Salón está más vivo que nunca.
Personalmente tan sólo lamento no haber podido pasar más rato en el Salón, por causas médicas no pudo ser, pero cada año me convenzo más y más de que, en realidad, prefiero salones como el de Zaragoza mil veces antes que la locura que suponen salones como el de Madrid o el de Barcelona.
Por último este año me gustaría compartir con vosotros una de las pocas adquisiciones que me dio tiempo a hacer, una Kitty Pride de Aneke que es una absoluta delicia y que, espero, os ponga los dientes bien largos.












Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal