
Troma Entertainment, Inc. era una productora underground absolutamente desconocida, dedicada a películas de serie Z y subidas de tono, hasta que llegó «El Vengador Tóxico» en 1984. El inesperado éxito de la película provocó un cambio de rumbo de la productora, que hizo del personaje su imagen de referencia e icono, y se convirtió desde entonces el mayor productor de cine ‘trash‘ del mundo, con la cutrez por bandera. La película dio pie a tres secuelas («The Toxic Avenger 2«, «The Toxic Avenger 3: The last temptation of Toxie» y «Citizen Toxie: The Toxic Avenger 4«), una serie de dibujos animados con mensaje ecologista («Toxic Crusaders«), varias incursiones en los videojuegos, e incluso un musical («The Toxic Avenger: The Musical!«).
La primera secuela de la franquicia, «El Vengador Tóxico II» («The Toxic Avenger 2«), dirigida de nuevo por Lloyd Kaufman y Michael Herz, protagonizada por Ron Fanzio, Phoebe Legere, John Altamura, Rick Collins y Lisa Gaye, nos contaba como han pasado varios años desde Melvin, el conserje del gimnasio, cayó en un barril de residuos radioactivos a causa de la broma pesada de unos gamberros y se convirtió en un mutante de fuerza sobrehumana, defensor de los más débiles, que terminó con toda la delincuencia y la corrupción de la ciudad de Tromaville. Mientras el héroe se dedica a ayudar a su novia en una residencia para ciegos, los malvados responsables de la compañía Apocalypse Inc. quieren sacar superhéroe de la ciudad y así tener vía libre para sus fechorías. Consiguen convencer a Toxie de que su padre sigue con vida en Japón, y el protagonista se marcha para allá.
«El Vengador Tóxico«, y todas sus secuelas, ofrecen al espectador lo que prometen: cine cutre de bajo presupuesto pero entrañable, disparatado, con mucho humor negro y toneladas de gore. La segunda entrega, además, añade un viaje delirante a Japón de nuestro tóxico favorito que es la monda. Pero, en resumen, «El Vengador Tóxico II» es inferior a la primera entrega pero hay un hecho que no debemos olvidar: todas las películas de Troma son malas. Malísimas. Todas ellas. De bajo presupuesto, pésimo montaje y con actores infumables perpretando actuaciones horribles. Y eso es lo que las hace tan especiales.












Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…