Editorial Base nos trae «El Diablo«, la nueva aventura del Marsupilami firmada por Lewis Trondheim y Alexis Nesme, todo con un espectáculo visual que te llenan los ojos, una lectura agradable, simpática y muy consciente del legado que está tocando. Al fin y al cabo, meterse en la selva imaginada por André Franquin no es poca cosa, y este dúo creativo lo hace con respeto, brillo y bastante humor.El Diablo. El Marsupilami de Nesme y TrondheimLa cosa pinta mal en el barco del capitán español Santoro. Las reservas se han agotado y el capitán decide sortear a un grumete… ¡para comérselo! El joven José, añadido al menú de la tripulación, tiene la suerte de divisar una tierra desconocida y poder huir. Allí descubrirá un animal extraño —amarillo, con manchas negras y una larguísima cola… Acogido por los indios Chahutas, el grumete descubre que está conectado con el Marsupilami, el «espíritu del bosque». A partir de entonces, ambos compartirán emociones y sufrimientos… El inicio de una relación única que muy pronto se complicará por culpa de la desmesurada ambición del capitán Santoro. Una historia trepidante y llena de humor, firmada por Lewis Trondheim e ilustrada con los espectaculares dibujos de Alexis Nesme.

El catálogo de Editorial Base no deja de crecer, sobre todo a base de Marsupilamis, que para los que amamos a este personaje y todo lo relacionado con el Universo de Spirou, nos cae como agua de mayo. Tras las dos partes de la monumental «La Bestia» de Zidrou y Frank Pé, dos nuevos autores se atreven a revisar este mito desde una nueva perspectiva alejada de la estética de André Franquin. Ahora nos vamos a un pasado donde los conquistadores del Nuevo Mundo se creían con derecho de tomar posesión de todo lo que no era suyo.

Alexis Nesme —ese virtuoso de las planchas completas, del color directo que parece salido de un taller de iluminadores medievales pero pasado por Photoshop— vuelve a demostrar por qué es uno de los dibujantes más admirados de su generación. Nacido en 1974, formado en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo y premiado en Angulema antes incluso de despegar realmente, Alexis Nesme tiene esa habilidad de crear páginas que no solo se leen, sino que se contemplan. Cada viñeta es una pequeña pintura, con esos marcos ornamentales que recuerdan manuscritos antiguos o retablos sudamericanos, y con una selva que casi respira: verdes líquidos, sombras densas, juegos de luz que hacen crujir ramas invisibles. Su Marsupilami ancestral —más espíritu que animal— es de una belleza feroz y tierna al mismo tiempo, un diseño que oscila entre lo prehistórico y lo mágico. Que Nesme se luzca no sorprende; que se supere, quizá sí.

Si Alexis Nesme aporta el asombro visual, Lewis Trondheim pone la melodía narrativa. Nacido en 1964 y formado originalmente en diseño publicitario, Trondheim descubrió otra forma de entender el cómic gracias a Jean-Christophe Menu, y desde entonces ha desfilado por casi todos los géneros con esa mezcla suya de entusiasmo, ironía y un sentido del ritmo que casi siempre funciona. Aquí se lanza a algo que podría haber sido un simple homenaje, pero intenta darle entidad propia retrocediendo hasta la época de los conquistadores y usando ese marco para hablar de choque cultural, codicia, mitos y amistad. La mezcla no es explosiva, pero sí honesta y efectiva.

La historia arranca con el galeón del Capitán Santoro —caricatura de español bruto, hambriento y con delirios de Eldorado— perdiéndose en plena costa sudamericana. El pobre José, joven sensible y bondadoso, está a punto de terminar en la olla cuando tierra firme salva al barco, aunque solo para exponer a la tripulación a otra clase de líos. La jungla no es precisamente hospitalaria, menos aún cuando la recorren tipos armados que disparan a todo lo que se mueve. Ese gesto desencadena lo inevitable: el encuentro con el antepasado del Marsupilami moderno, un espíritu de la selva al que temen los conquistadores y veneran los Chahutas, esa tribu que acoge a José y lo integra como si siempre hubiese pertenecido allí.

Aquí Trondheim mezcla aventura clásica —exploración, acción, malentendidos, amenazas sobrenaturales— con momentos de humor que recuerdan a otras obras suyas. Los juegos de palabras a lo Astérix, los secundarios caricaturescos y los villanos tontos contribuyen a mantener un tono ligero. Y al mismo tiempo, la trama no esconde su subtexto: la violencia colonial, el saqueo, la brutalidad disfrazada de misión. Lo muestra sin moralina, pero tampoco con indulgencia. En este sentido, José brilla como contrapunto: es el puente entre dos mundos, el niño que escucha antes de atacar, que aprende y respeta. La relación que establece con el Marsupilami ancestral es muy tierna: ahí aparecen las semillas del mito, la idea de un animal que es espíritu, amigo, cómplice y refugio.

«El Diablo» es un tebeo que se devora (apenas dura unos minutos de lectura) aunque también hay que apuntar que el relato se queda corto en ambición. La historia es agradable, coherente y simpática, pero demasiado típica. Hay ecos de Tintín y del gran álbum de aventuras europeo, pero pocas sorpresas que te dejen temblequeante. Quien conociera el desparpajo de Trondheim o la reinvención que hicieron ambos autores del famoso ratón Mickey quizá espere aquí una vuelta más de tuerca. En cambio, lo que encontramos es una aventura eficaz, sin altibajos graves, pero también sin excesos ni locuras. Un cómic que se lee con una sonrisa, sí, pero que tampoco hace aplaudir con las orejas.

Sin embargo, lo que sí queda grabado en «El Diablo» es lo visual: la jungla que muta en cordillera nevada, los dorados que recuerdan al mito del Eldorado, la expresividad del Marsupilami, la composición exuberante. Visualmente, El Diablo es una puñetera maravilla. Y aunque el guion no alcance ese mismo nivel de deslumbramiento, el conjunto sigue siendo un homenaje entrañable a una criatura mítica que ha marcado generaciones.

La edición de Editorial Base de «El Diablo«, que supongo que es igual que la francesa de Dupuis, es de quitarse el sombrero. El tamaño es descomunal (22 x 29,7 cm) y se agradece para poder contemplar sin fisuras todo el arte del dibujante. Es un álbum en tapa dura con un papel brillo de gran calidad. No contiene extras.

«El Diablo» es recomendable para fans del Marsupilami, del cómic europeo y de los álbumes que apuestan por la belleza gráfica sin miedo. Y como diría la adorable criaturilla de pelaje amarillo con manchas negras: «Houba houba!» que es algo así como «No te lo pierdas«.

El Diablo: El Marsupilami de Nesme y Trondheim
Autores: Alexis Nesme y Lewis Trondheim
ISBN 978-84-10043-68-8
Formato: 22×29,7cm. Tapa dura. Color
Páginas: 64
Precio: 17,95 euros